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Temporeros


Título: Temporeros
Autor: alone


Mi campo no es de una gran extensión pero tiene una tecnología que lo hace de gran productividad. El verano austral - estoy en la zona central de Chile- produce que mucha gente se mueva buscando trabajo en la producción de la fruta.
Es así como cada año llegan muchos jóvenes a trabajar como "temporeros", es decir, se quedan por dos o tres meses en un lugar y luego se marchan a otro.

Yo habilité un lugar donde los hombres puedan quedarse a vivir -huelga decir que prefiero los hombres para que me trabajen…..- con algo de comodidad. Llevo una buena relación de empleador con ellos. Mis amigos gay se deleitan cuando me visitan.

La historia que narro acaba de pasar. Luego de año nuevo llegó del sur un grupo de diez muchachos, su edad promedia los veinte años, quedaron trabajando a principios de Enero en el fundo, viviendo acá; yo suelo estar mucho en el lugar de campamento; me gusta mirarlos sobre todo cuando solo los cubre un pequeño short y dejan sus cuerpos a la luz de este tórrido sol.

También a eso de las seis me doy unas vueltas por la zona de las duchas y, hay que ver cuanto goce viendo esos cuerpos jóvenes, apretados e incitantes.

Ellos murmuran, lo sé, que el "jutre" (patrón) es medio raro, que los mira mucho, y a mí me gusta este jueguito, para ellos es casi un honor que el caballero los mire.

Bueno, del grupo que llegó hay tres muchachos, Adrián, Alberto y Javier que los he empleado para que se ocupen del jardín y del aseo de mi casa, me cuentan que esto les ha acarreado la envidia de los demás. Y el mote de ser los que se trancan al patrón.

Es que son demasiado buenos para perder la oportunidad de gozarlos.

Adrián vino primero, tiene dieciocho años, un morocho bello y vivaz, le pedí que me pintara la cocina, en ello estuvo todo un día y por la noche le dije que se bañara en mi baño, tanto podía dormir en la pieza de alojados.

¡Quítate la ropa afuera para que la lavemos! Le dije. Me respondió que él mismo la lavaría, que no me preocupara, hasta que finalmente se desnudó delante de mí. Mamma mia! El muñeco estaba de miedo, un cuerpo moreno y perfecto, una peluria que le bajaba por el vientre y unas piernas apretadas y peludas.

Le dije que estaba muy bien, me dijo que así se volvían los campesinos, con tanto trabajo, y no hacía falta más ejercicio.
Se volteó y aprecié su pene, ¡que linda presa!, mi excitación subía cada vez más.
Se dio un baño, le dije que usara la tina, me dijo que jamás se habia bañado en una; la llenó y yo entre a echarle sal y jabón.
Le pregunté si quería un masaje en los hombros, me miró extrañado y me dijo que bueno.
Bueno, una vez que el muchachín estuvo relajado le comencé a lavar el pelo y le pedí que se levantara para restregarlo con la esponja, me miro más extrañado aún, comencé por su pecho, sus nalgas y luego me detuve en el vientre. Le dije que se tirara el capullón para afuera para hacer un buen aseo y sacar la ricotta, no es circunciso. Ahí me dijo que él se lavaba solo, que no le gustaba eso y que por si acaso no era maricón.

Pero usó un tonito casi de misericordia, es que estaba hablando con el patrón…

Le dije que no temiera, que me gustaba hacerlo y que me disculpara si lo había molestado.
No pasaron cinco minutos y mientras lo secaba comencé a besar sus hombros, Adrián temblaba y me dijo que nunca había hecho nada con nadie, ni siquiera con una novia que tuvo que solo le había tocado -corrido mano- yo le dije que me gustaba desde el inicio cuando llegó y que solo quería que se quedara a dormir conmigo esa noche. Él se giró y mirándome a los ojos me di cuenta que estaba durísimo. Le besé como a pocos y le dije que esa noche sería muy feliz.

Él se fue al campamento, y con la excusa que debía trabajar de noche en la pintura, volvió a mi casa. Rosa, mi empleada, que me adora, lo atendió muy bien, le hizo comer y le pasó una ropa cómoda y decente, no sin antes advertirme a que tuviera cuidado con estos niñitos…

Bueno, esa noche fue intensa, el Adrián resultó un potro, al final no me dejaba dormir, me abría el culo con sus dedos y por lo menos me penetró nueve veces, recuerdo esa gran noche (será motivo de otro relato….)


La mañana siguiente continuó el laburo, le pedí que se ocupara de los cuartos traseros que necesitaban un arreglito, le pregunté si no conocía alguien para el jardín que supiera con las máquinas podadoras; me aludió a Alberto y le dije que me lo trajera.

Alberto es un chico largo y buenmozo, blanco casi lácteo con unos ojos pardos maravillosos. Se quedó conmigo en el jardín y para otros servicios. Alberto y Adrián me dijeron que si acaso no tenía curro para su amigo Javier, que los tres siempre andan juntos y él estaba solo. Bueno, le dije que se ocupara de la piscina y así lo tres están trabajando para mí viviendo en unos cuartos en el patio trasero.

Javier es muy hermoso, es un churrazo, tiene 28 años, y un cuerpo de miedo. Un día que limpiaba la piscina, una tarde calurosa, le dije que por qué no se metia al agua; al menos si lo hizo nunca lo habría hecho ante los ojos del Patrón. Me dijo que estaba sudado y que solo tenía esos bermudas.

Le dije, pero si quieres quítate la ropa, tanto no hay nadie y nadie puede ver. Yo en tanto me quité el bañador y me tendí a la vera del agua. Con mi culo al sol. Javi se quitó su camiseta y los pantalones cortos y no llevaba nada debajo. Admiré un colgajo enorme, en reposo media casi 13 cm. Y con el glande expuesto, como a mí me gustan.

Se metió bajo la reguera y luego se lanzó al agua, comentábamos lo buena que estaba y luego me metí yo, así comencé a acercármele y en un dos por tres le acariciaba con mi rodilla su pollón, y vi como casi automáticamente se erguía majestuoso.
Hablamos y me contó que había estado liao con varios tipos, aunque él prefería las mujeres pero que hay que darle al cuerpo lo que pida.

Recuerdo que hacía un calor enorme, pero estaba yo tan cachondo caliente que me volteé súbitamente para que Javier me empalase, y fue literalmente un empalamiento, su polla mide casi 26 cm. Aunque mi orto -culo- está entrenao igual el placer se sumaba al dolor, lo hicimos en el agua aunque antes de acabar nos salimos y terminamos en el pasto.

Esa noche Javier se sumó a Adrián en mi cama, hicimos de todo incluso logré penetrar a Javier, después de mucho insistir, debo confesar que mi fantasía total es poder follarme al machito que me acaba de follar. El climax de mi goce es empalarme a un macho.

Alberto me ha salido más duro, me esquiva y solo le he mamado su polla roja, hace unos dias le vi pajeándose con unas revistas gay que tengo en casa pero no le he dicho nada.

Javier me gusta mucho, en una de esas no lo dejo marchar en Abril cuando acaba la temporada, he salido mucho con él y tiene un savoir faire enorme así que no me hago problemas en presentarlo como un amigo a mis amistades; es un tipo con más mundo y me gusta, me besa como pocos… pero ya veremos.



alone


Cinco hombres, cap. 1/3



LEER ESTE RELATO DESDE EL PRINCIPIO


Román me enseñó el piso rápidamente y luego me empujó sobre su cama.

- Ahora viene el momento en que me violas sin compasión - dije, esperanzado.
- Ahora viene el momento en que te quitas los zapatos y te echas un par de horas. O unas siete - repuso.
- ¿Tú que vas a hacer?


Por toda respuesta se quitó también los zapatos y se metió conmigo en la cama.


Dormimos vestidos pero abrazados y creo que tardé menos de un minuto en quedarme sobao.

Me desperté antes que él. Me levanté sin hacer ruido, cogí mi móvil de la mesita de noche y pasé al baño. Miré la hora. Eran las tres de la madrugada. Encontré su dentífrico y me lavé los dientes con un dedo. Después volví a la cama y empecé a besarle la barba y la comisura de los labios hasta que lo desperté.

-¿Qué haces? - preguntó.
- Adivina.

Mientras lo besaba le desabotoné la camisa. De pronto sus manos agarraron las mías, impidiéndome seguir. Intenté zafarme pero hasta que no me di por vencido no me soltó.

Nos quedamos los dos mirando al techo, con la única iluminación de la bombilla del baño, que yo había dejado encendida. La luz se colaba por la puerta entornada. Al cabo de un rato que se me hizo eterno, Román dijo:

- No puedes hacerlo.

No entendí a qué se refería. Era él quien me había parado los pies. Era él quien tenía un problema con aquello.

- No puedes hacerlo tú - contesté, molesto.

- No puedes quitarme la ropa- aclaró.

Claro que aquello no aclaraba nada.

- ¿Por qué no?
- Porque no.

Me quedé allí tirado, intentando imaginar un escenario que diera significado a aquello. ¿Acaso se había quemado el pecho de niño y no quería que viera la piel mal cicatrizada? No se me ocurría nada más. A no ser que se tratara de un juego sexual, cosa que había descartado por el tono de su voz.

Dado que mi avance había sido rechazado a la primera de cambio, comprenderás que no pensaba ser el que se arriesgara a hacer el siguiente movimiento.

Román tampoco lo hizo y al poco volvimos a quedarnos dormidos. O al menos yo lo hice.


No sé cuanto tiempo pasó pero me desperté con su falo en mi nariz. Román seguía con la ropa puesta pero se había sacado la polla por la cremallera abierta del pantalón y me la estaba paseando por la cara.

- Chúpamela - ordenó al ver que me había despertado. - Cómemela como un puto cerdo.

Estaba de rodillas en la cama, de hecho me estaba aplastando el brazo derecho con la rodilla, pero en lugar de quejarme me metí su rabo en la boca contento de que hubiera cambiado de opinión.

Su polla tenía un sabor fuerte, como si no se hubiera duchado en cuatro días, pero con un nabo de ese calibre en mi boca no me pareció el momento de ponerme remilgado. Comencé a mamar como me había pedido, como un verdadero cerdo, atragantándome con un mástil que no había esperado tan grande. Román me miraba con verdadera lujuria. Se la comí con ansia, llenándome los morros de carne, metiéndomela y sacándomela continuamente de entre los labios dejándosela completamente empapada, chupándole los huevos de vez en cuando, cuando veía que su respiración se aceleraba y temía que se corriese tan pronto. A veces Román me empujaba la cabeza contra su vara y me obligaba a tragarme su falo hasta el fondo. Entonces yo aspiraba profundamente y me deleitaba con el olor a macho y a guarro de sus genitales y la placentera sensación de saberme brutalmente empalado por ese hombre.

- Vamos, chupa, cabrón - dijo en determinado momento, y aquello pudo conmigo.

Así que me saqué la polla y empecé a hacerme un pajote brutal mientras seguía mamando a dos carrillos. Román, sorprendido de que aquello me hubiera excitado tanto, empezó a susurrar guarrerías mientras guiaba con las dos manos el movimiento de mi cabeza.

- Traga, traga polla. Ya veo que te gusta. Oh, sí, ya lo creo que te gusta. Eres un mamón de primera. Te voy a llenar esa puta boca de lefa. Uf. Qué bueno.

Me ensartaba la cabeza con su verga sin ningún tipo de escrúpulo. La saliva empezaba a derramarse por sus cojones.

- Te voy a romper la garganta a base de pollazos. No vas a poder hablar en una semana.

Y embestía, y yo me pajeaba fuera de mí y me atragantaba, muerto de placer.

- Me voy a correr. Te voy a ahogar con mi lefa. Y vas a tragártelo todo.

Asentí, recibiendo más polla y acercándome peligrosamente al orgasmo.

- Chupa, chupa. Oh, cómo tragas. Eres una verdadera puta. Dios, qué bueno. Qué boca.

Cada vez arremetía más duro, más rápido, más profundo. Estaba a punto de correrse. Yo disparé el primer trallazo de esperma sobre la cama, incapaz de controlarme más.

Mientras me corría escuchaba su voz, que subía de intensidad.

- Sí, síííí. Traga polla. Sigue. Sigue. Me voy a correr. ¿Quieres mi leche? Te voy a llenar la boca entera de lefa. Traga. Traga. Me corro. Me corro. Me corroooooo.

Tal y como había prometido empezó a descargarme una corrida monumental entre los labios. Su semen caliente salía a borbotones, y él seguía follándome la boca como un buen hijo de puta. Empecé a tragar lefa porque tenía la boca bien llena y aquel surtidor no tenía visos de parar.

- Oh, sí,, Oh, síííííí. Qué grande. Qué grande. Uffff. Eres... Eres grande...

Román me sacó la polla de la boca cuando ya había perdido del todo la erección y se tumbó a mi lado, totalmente agotado.

Permanecimos en silencio algunos minutos. Yo estaba como en el cielo. Había sido un primer encuentro perfecto. Ya ni me acordaba de lo que había pasado antes de aquella espectacular lechada. Era, por un instante, alguien absoluta y absurdamente feliz.

Al rato me di cuenta de que Román estaba murmurando algo, como una letanía. Me pregunté si se habría quedado dormido y si acaso hablaba en sueños. Me incorporé sobre un codo y lo miré. Estaba despierto. Sus ojos permanecían abiertos y clavados en el techo. Su boca se movía.

Cuando al fin escuché lo que Román estaba diciendo quise morirme allí mismo. Porque lo que Román repetía incansablemente, como un mantra o una oración, era algo que no olvidaría en toda mi vida:

" Qué asco, qué asco, qué asco..."



Continuará...

Iván, un hermano como Dios manda, II



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Iván, un hermano como Dios manda, II

De camino a casa escuché el desconcertante relato de cómo mi hermano se había convertido de la noche a la mañana en amante esposo de una rubia y futuro padre de una criatura. Algo en la actitud de ambos y ciertas partes ambiguas de la historia me hicieron sospechar que Iván no era el padre del hijo que ella esperaba, lo cual me cuadraba más con las apetencias sexuales que le conocía. De todas formas tendría que esperar a estar a solas con él para escuchar la historia no oficial de cómo se había dejado meter en semejante berenjenal.

Pese a que encontrarme con una cuñada que no sabía que existiera me estropeaba mis planes de disponer del cuerpo de mi hermano para todo lo que se me ocurriera, traté de llevarme bien con ella, lo cual no fue difícil porque Tamara era un verdadero amor y yo cuando quiero soy encantador.

Cuando ya llegábamos a mi casa, después de un viaje en coche largo pero ameno, Tamara me pidió que la llevara al Nixon, un hotel de cinco estrellas.

- No quiero molestar. Nunca me quedo en casa de nadie cuando viajo.

Yo no traté de convencerla de que se quedara en mi casa, aparte de por lo obvio, porque habiendo descubierto que la muchacha era de buena familia me daba vergüenza que viera dónde vivía yo, por lo menos hasta que hiciera algo de limpieza.
Así que la llevamos al hotel, y ella nos pidió que pasáramos el resto del día juntos, Iván y yo, que ella necesitaba descansar.

De camino a mi piso acribillé a Iván a preguntas.

- ¿Ella sabe de tu propensión a hacer mariconadas como la del aeropuerto?
- Pues claro que no. Es mi esposa.
- Entonces no sabe que tú y yo hacemos lo que hacemos cuando nos vemos.
- ¿Acaso le hablaste de eso a tu novio?
- No. Claro.
- Pues esto es lo mismo.

Iba a decirle que yo por lo menos había dejado de hacerlo durante el tiempo que estuve con Leo pero opté por no tocarle los cojones (con la intención de no cabrearlo y que me dejara tocárselos luego en un sentido más literal).

- Entonces... ¿De quién es el niño?
- ¿Cómo que de quién es el niño?
- No jodas que es tuyo.
- ¿De quién coño quieres que sea, Alex?
- Pensé que teníais algún tipo de acuerdo.
- Tenemos un acuerdo. Se llama matrimonio. Vamos a tener un hijo del cual soy el padre por el método tradicional y atrasado de pegar un polvo con mi esposa y tú vas a ser tío y tendrás que regalarle ropita durante un tiempo y más adelante bicicletas, ordenadores y todo aquello que yo y su madre no estemos dispuestos a comprarle por miedo a malcriarlo.
- Joder.
- ¿Te supone un problema?
- No, qué va. Es que me pillas con el pie cambiado, macho - dije.

Decidí no abrir más la boca por un buen rato. Por una parte no me parecía bien que Iván siguiera con su estilo de vida promiscuo a espaldas de su mujer ahora que se suponía que debía sentar la cabeza, con un bebé en camino y todo eso, pero yo no podía ser tan hipócrita dado que estaba deseando contribuir a su promiscuidad llenándome la boca hasta las trancas con su pedazo de polla.

Enseguida estuvimos en casa. Metí el coche en el garage comunitario. Iván comentó que yo ahora conducía mucho mejor. No contesté, pero es que sólo hacía dos años que tenía el carné. En la época de la gran pelea me lo acababa de sacar. Era lógico que él me recordara inseguro al volante.

Salimos del coche. Yo fui a la parte trasera para coger unas bolsas (me había parado en el hipermercado de camino al aeropuerto) y cuando las estaba cogiendo sentí su cuerpo en mi espalda, el tan familiar cuerpo de Iván. Me abrazó desde atrás, pegando su paquete a mi trasero, su pecho a mi espalda y descansando su barbilla en mi cuello.

- Antes te mentí - me dijo al oído, poniéndome los pelos de punta del placer de tenerlo tan cerca. - Yo también te he echado de menos.



Continuará...



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Desdeñoso Marqués



Título: Desdeñoso Marqués
Autor: José

El espejo traído desde Venecia reflejaba la imagen de mi cuerpo entero y desnudo. Implacable juez de mi belleza, recurría a él en todas las oportunidades en que me encontraba ante difíciles decisiones. Nunca como la de este momento.
Acababa de tomar mi baño semanal, cosa rara en París. A mi espalda pude divisar la imagen de la tina aun humeante; un suave lienzo de lino había secado mi cuerpo y llegaba el turno de mi abundante y rizado pelo. Me estudiaba sin perder detalle, escudriñaba cualquier defecto posible o la más mínima dificultad o falta de elegancia en mis movimientos, dejé caer el lienzo, con ambas manos acaricié el contorno de mi cuerpo, mi garganta, mi pecho, mi cintura, mis caderas, descendí a mis piernas, lo que más placer me daba, acaricié la suave y tupida pelambre cobertura de los deliciosos y fuertes músculos que la cotidiana práctica de la esgrima habían desarrollado. La moda parisina se había enloquecido ya que indicaba como más bellos, los cuerpos lampiños. No la había acatado, en cambio todos los hombres de mi categoría se sometían a dolorosas y absurdas sesiones de depilación a pura pinza. Yo debía ser uno de los pocos que no lo había hecho, mi pecho y mis brazos lucían tan naturales como los fui cuidando. El tiempo me dio la razón, pronto fue muy claro que no depilarme le daba a mis desnudos un tremendo valor erótico. Levanté mi cabeza, escudriñé mi cuello y mi cara implacablemente en busca de una arruga y aliviado no encontré ninguna.
Conclusión: a los veinticinco años, yo Claude, Marqués de La Valliere, seguía siendo el hombre más hermoso de París y en consecuencia del mundo entero.
Giré y me puse de perfil dejando bien en evidencia mi abultada genitalidad, con una mano sopesé los testículos, con la otra empuñé el grueso trozo de carne sexuada que surgía en el medio, comencé a excitarme, la erección comenzaba mientras mi mano sin intenciones de masturbarme dejaba en evidencia una redonda y generosa cabeza; acaricié los gruesos pelos del pubis que prestaban un singular marco a mi principal arma de guerra.

Suspiré, no solo era hermoso sino increíblemente sexual y seductor. Si yo mismo me levantaba temperatura, los demás deberían quedar consumidos por el deseo.
Sin embargo… sonreí al espejo, -Marquesito no te queda ni un cobre en tu bolsa, podrás arañar diez luises de oro y la fortuna de los La Valliere se habría terminado-. Seguí mi inspección atentamente y continué, - por eso lo que suceda esta noche es decisivo-.
Rápidamente repasé mi último año y la inversión de dinero. Había viajado por toda Europa buscando un amante que me mantuviera, la homosexualidad era una forma de vida cómoda y por demás agradable, si uno encontraba el hombre rico, enamoradizo, con deseos suficientes de divertirse y olvidarse de los dramas que significaban una esposa rezongona o unos hijos exigentes; yo era bueno para provocar esos olvidos.

En Londres las modas impuestas por un rey criado en Alemania habían sumido a los Lores ingleses en el más aburrido de los dramas cotidianos, se calentaban como cualquier humano pero, la ponían con una lentitud exasperante, cuando rozaban el agujero ya era la hora de dormir. Cuando permitían el acceso a sus educados culos se quedaban absolutamente inmóviles y eyaculaban en disimulados suspiros. Las mamadas mutuas no existían y los besos a los respectivos penes eran distraídos y evanescentes. Los criados ingleses salvaron el honor de sus patrones.

Huí a San Petesburgo, me encontré con un clima masculino e intenso, los grades duques cultivaban el machismo a todo trance. La moda homosexual no había llegado a Rusia y si bien nadie decía que no a una buena encamada de noche, de día cazar y tirar al blanco eran la actividad obligada. Los rusos son muy intensos, comen el doble, se emborrachan el doble, bailan el doble y su actividad sexual es también el doble, dos días con un amante ruso que encima no habla francés pueden llegar a ser agotadores. Después del tercer gran duque tuve que descansar una semana. Además debido a los problemas que arrastran con Francia la Zarina me admitió en la corte un mes después de mi llegada, algo inaceptable para mi rango. El frío era insoportable y miserables chimeneas calentaban los palacios imperiales. El gran descubrimiento fueron los mujiks, maravillosos campesinos que luego de la primera mirada se bajaban los pantalones y sin preguntar la metían hasta el fondo con poética intensidad.
Crucé Europa y me introduje en la alegre Madrid, el clima Borbón era agradable y distendido, el rey me recibió en la corte en cuanto llegué pero pronto se hizo evidente que había arribado un competidor, mis colegas españoles se encontraban todos a la búsqueda de un grande de España, con fortuna y tierras en el nuevo mundo. Los, toreros gran novedad del país, morenos y elegantes fueron el fuego que combatió mi fuego hasta que decidí viajar a Roma.

EL Vaticano pudo haber sido mi punto de llegada. Roma gracias a la ultima decisión papal jugaba a una eterna tómbola resucitada milagrosamente con el nombre de Loto Hoy se podía ser pobre, al día siguiente millonario y las arcas eclesiales rebosaban de oro. Al tercer día se me informo que el Cardenal Secretario de Estado me recibiría. Agradable y bien parecido el príncipe de la Iglesia me invitó a visitar la Capilla Sixtina; mientras mirábamos los frescos de Miguel Ángel su mano se aplastó en mi culo y después de varios meses de pequeñeces pude decir tengo un pija entremanos. El habito de Su Eminencia fue una intriga palpable hasta que llegamos a los jardines vaticanos. Tras de un árbol el Cardenal mordió el ruedo púrpura entre sus dientes, se bajo los pantalones y suspirando en italiano y latín se dedico al juego más antiguo de la humanidad ponerla y sacarla. Su Santidad Clemente XII me recibió en audiencia especial dándole importancia a mi alcurnia, en el papa se notaba la gallardía de los príncipes Corsini. Alterné las visitas al Cardenal Secretario de Estado con excursiones a las cercanías de Roma donde las comidas eran seguidas por fogosos intercambios sexuales con miembros del clero de gran importancia. Una noche conocí al capitán de la Guardia Suiza, terminamos en los aposentos del cuartel, luego de una maravillosa encamada y de manera inocente pregunté por sus soldados, el capitán entendió. ¡Los italianos entienden todo! Agitó una campanilla y comenzaron a entrar bellísimos uniformados; en una noche interminable abusaron con fuerza, destreza y pasión mi anhelante culo realizando así una fantasía de mi adolescencia, que el ejercito francés me rompiera el agujero, lastima que ya quedaba muy poco para destrozar. Fue inolvidable, ¡¡cuando salí del cuartel apenas podía caminar!! A los cinco meses de despreocupada vida vaticana se me ofreció trabajo junto con el titulo de arzobispo de una región de África, deberla ayudar al esforzado Cardenal. Mi problema fue que olvidado del latín deletreado de chico, no pensaba aprender de nuevo y desde luego no quería trabajar sino ser mantenido, idea que mi enamorado cardenal reprobaba. Decidí volver a París.
Regrese al espejo, los guardias suizos me hicieron recordar que mi investigación no había terminado, me puse de espaldas, me incliné, mire entre las piernas mis deliciosas nalgas y metí un dedo, luego dos y por fin tres, todo estaba en su lugar presto a recibir lo que el destino me deparara.

-Marqués- Pensé mientras mi cara en el espejo me miraba con seriedad. -¿De qué te sirven estos recuerdos? – Sirven, sirven-. Esta noche pondría en ejecución mi mayor plan, estaba recién llegado a París y en el momento justo, una invitación del rey a Versalles, era de suma importancia, máxime que era la presentación de una princesa austriaca que se suponía se cazaría con el Delfín nieto del rey. Era mi regreso a la corte y como siempre mis historias se transformaban en deliciosos chismes cortesanos, en lo que era imbatible. Mi plan era…
La imagen del espejo me miró burlonamente.

Era hora de vestirme y llamar a mi sirviente Jean. Cuando pronuncié su nombre, se abrió la puerta. Increíble como siempre había estado espiándome, era lo habitual, el adorable y ahora refinado campesino nacido en Burdeos se inclinó ante mí.

-Señor Marqués-

Era inevitable, su presencia siempre me inspiraba algo, su hermosura era provocadora.

-Jean, necesito que me chupes el pezón izquierdo- ordené.
-¿Cómo desearía el señor, desnudo, semidesnudo o con ropas?
-Sácate la camisa- respondí. Jean desnudo era un peligro.

El tórax de Jean era admirable, forjado en los viñedos franceses, tenía la brutalidad del trabajo y no la suavidad de la esgrima que tenía el mío.
Jean se acercó, abrió su boca y se prendió a mi pecho, no sin antes decir:

-Con permiso, señor.

Mi sirviente era mi creación, la maestría de su boca se forjó en mi cuerpo, debo reconocer que Jean aprendió rápido y bien, mientras su lengua deleitaba mi pezón izquierdo, observé el derecho que se endureció rápidamente.

-Muy bien Jean, ahora la cabeza- continúe ordenando.

Se arrodilló y empezó a mamarla con suavidad primero y luego con fuerza, involuntariamente casi pongo mis manos en su cabeza pero me detuve, Jean podía hacerme gozar más que nadie pero no era el momento.

-Todo esta en orden y funcionando. Ponte la camisa y ayúdame a vestir- interrumpí.

Un desolado Jean se dirigió hacia la ropa que me había dejado a la mañana mi sastre junto con la cuenta que ni miré. Si no puedo pagar, ¿qué sentido tiene ese papel?

Primero fue la novedosa prenda que llamaban calzoncillos, no todos la usaban, pero yo descubrí que me resultaban muy prácticos sobre todo antes o después del sexo, yo los usaba de un fino y trasparente hilo blanco que se pegaba a mi cuerpo y lo dotaba de inquietantes sinuosidades.

Pero, quería lucir mejor que nunca.

-Dime, Jean, ¿no se te ocurre algo para que se me note más el bulto?
-El señor Marqués puede ponerse un poco de relleno.
-Imbecil!!¿Acaso la tengo chica?-
-No señor, su pene es el más grande del mundo- respondió temblando.
-Bien, entonces que se note- agregué violentamente.

Jean se levantó, busco un pañuelo, dos cintas que unió y ato. Recogió mis testículos y mi trozo semiexcitado los levantó con el pañuelo, atando las cintas a mi cintura, simple, elegante y efectivo, desconfíe.

-¿Dónde aprendiste esta maniobra?-
-En ningún lado, señor-Me estaba mintiendo. Le retorcí la oreja, mientras le gritaba:
-Dime la verdad-Dando media vuelta a su oreja.
-Me duele señor, el Duque de Orleans lo llevaba puesto –Tartamudeo, mientras le soltaba la oreja.
-¿Cuándo lo viste al duque?- pregunté molesto.
-Anoche, señor, como usted se fue a dormir acudí al llamado del señor duque-
Bufe, como hace un año que no le pago a Jean le permito ciertas libertades, pero estaba irritado.
-Orleans la tiene muy chica-musité.-
-Muy, pero muy chica señor-
-¿Te pagó?- Miré con arrepentimiento su colorada oreja.
-Si señor, pero poco-respondió.
-Los Orleans son muy amarretes, guardan plata porque siempre están conspirando contra los Borbones, no te convienen –Concluí intentando dar por terminado un asunto que me fastidiaba y no por los Orleans, sino por Jean.
-Si esta noche se da mi plan, ni tu ni yo tendremos que andar saltando de cama en cama- Dije en vos baja mientras acariciaba su oreja.

Terminé de acomodar mi bulto mientras Jean me ponía medias de seda blanca.
Luego los ajustados calzones de terciopelo, blanco también y bastante opuesto a la tendencia Versalles que indicaba desde hace un tiempo calzones anchos, que seguramente obedecían a la flacura de las piernas del rey. Yo lucía las mías.

Continuaba la camisa blanca de encaje de Flandes transparente y ceñida a mi cuerpo. El chaleco color marfil que marcaba mi estrecha cintura. Tendría que empolvarme la cara, el dorado color del sol romano era demasiado para la corte francesa. Un toque de carmín en mis labios y deseché la posibilidad de lunares que me ofrecía Jean.

La chaqueta marfil de seda y bordada con hilos plateados hacia un diáfano juego con el chaleco. Otra vez me ponía en contra de la moda versallesca, las chaquetas llegaban a las rodillas la mía apenas si a la mitad del muslo lo que me permitía moverla con velocidad y exhibirme. El corbatín de suaves y juguetones encajes fue ceñido a mi cuello.

Escuché la voz de Jean:

-Señor Marqués, la peluca-

No pude ocultar mi fastidio semejante adminículo que había reducido a lo ínfimo posible me resultaba intolerable. Orgulloso de mi negro y rizado pelo, en mi estadía en Roma no había usado peluca ya que el Papa no lo hacia, si bien no se marcaba la moda, se entendía que la peluca era para los pelados.

Jean me la colocó con mucho cuidado, si me la ponía yo, terminaría en el suelo. Las manos de Jean acariciaron mi cuello, me estremecí y sacudí la cabeza ¿Qué me pasaba? Entre los criados ingleses, los mujiks rusos, los toreros españoles, los guardias suizos del Vaticano y mi predilección por Jean las clases bajas ya empezaban a incomodarme. Lo pensaría más adelante.

Le entregué a mi sirviente una pequeña llave; debía elegir de mi joyero algo elegante. Jean se dirigió a un rincón sacó el cofre y lo abrió en silencio. No había mucho, empeñadas todas las joyas de mi madre, de mi padre solo quedaban los gemelos de brillantes y el anillo con el escudo de armas. Elegí esto último una extraña y gran amatista azul había sido engarzada hace dos siglos sobre una montura de oro, un joyero italiano talló y facetó la piedra que en su parte superior llevaba el dibujo de un caballero medieval lanza en ristre, motivo del escudo de armas de nuestra familia. A mi me gusta pensarlo como una gran eyaculación. La coloqué en el anular derecho. Estaba listo miré a mi amigo del espejo, una sonrisa de aprobación me fue devuelta.

Yo Claude, Marqués de la Valliere, no solo era el hombre más hermoso de París y también el más erótico, ahora era el más elegante.

Partí hacia Versalles.


José


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Hermanos


Título: Hermanos
Autor: Hetero Curioso


Nunca creí que contaría lo que pasó entre Edgardo y yo, pero descubrí esta página hace unas semanas y decidí que era hora que liberara mi ser de esta anécdota.
Mi nombre es Jairo, y actualmente tengo 26 años y vivo en El Salvador. Resulta que hace 5 años, mi padre (quien fue muy activo sexualmente en su juventud), anunció que llegaría a la casa mi hermano Edgardo que vive en Colombia para visitarnos durante unas semanas. Dado que yo no conocía a este hermano, mis sentimientos fueron mixtos. Había una especie de nerviosismo y emoción al saber que conocería a un miembro más de la familia.

Edgardo llegó un sábado al mediodía. Aún recuerdo la imagen que tengo de él cuando entró a la sala de nuestra casa. A sus treinta años guardaba un muy buen físico, muy fornido del pecho, delgado y bajito. Con un pelo ondulado negro y una personalidad completamente encantadora. Todo sentimiento de nerviosismo desapareció, pues era evidente que era una buena persona.

Bueno, el asunto es que un día, mis padres se fueron a trabajar y yo quedé a solas con Edgardo. Desde la noche anterior habíamos hecho planes que saldríamos al centro de la ciudad para que él conociera los alrededores con mi papá, pero mi padre regresaría hasta el mediodía así que pasamos a solas toda la mañana.

Como a las ocho de la mañana me dijo que se daría una ducha y entró al baño, dejando la puerta abierta. No sé que me sucedió, pero a mis 21 años me entró una curiosidad enorme que no pude controlar. Pasé por el baño la primera vez, y noté que la cortina de la regadera estaba entreabierta y alcancé a ver su trasero. Era firme como una piedra, levantadito y con poco vello en cada nalga.

Llegué a mi cuarto, y mi corazón me palpitaba. Sentía que se me saldría del pecho, no sabía lo que pasaba…. ¿quería ver a mi hermano desnudo? Me sorprendí a mí mismo contestando esa pregunta con un gran: Sí, quiero.

Sin pensarlo más, me quité la ropa y coloqué una toalla alrededor de mi cintura. Mi verga de 15 cm. estaba dura, y tuve que acomodarla para que no se me notara nada. Pasé por el baño una segunda vez y esta vez logré ver la verga de mi hermano. Estaba parada y a diferencia de la mía estaba circuncidada.

- ¿Qué haces?, preguntó Edgardo.
- Alisto mi ropa para cuando salgamos luego – contesté. -Una vez salgas del baño me bañaré yo.
- ¿Por qué no te bañas conmigo? - me dijo él.

La pregunta me agarró desprevenido. No supe qué contestar, allí estaba mi hermano, con el agua cayendo en su cuerpo (¡Dios! ¡Que cuerpo!) Invitándome a ducharme con él.

- ¿Tienes miedo? - me dijo tirando un poco de agua en mi pecho.

Luego de un segundo más, sonreí y dije, “no, para nada”, y me quité la toalla y entré en la ducha con él.

Lo observé detenidamente mientras el agua caía en mi cabeza. Me di el gusto de observarlo por completo. Ese pecho formado con pezones parados, daban a entender que hacía mucho ejercicio. Seguí bajando mi mirada y observaba su abdomen, liso y duro. Y luego su verga, era grande y gruesa. Con una cabeza extraordinariamente grande.

Nunca había visto otro pene que no fuera el mío, y me sorprendió lo mucho que me gustaba verla.

- Tienes un buen pedazo de carne allí - me dijo Edgardo señalando mi pene, que a estas alturas está goteando líquido preseminal. - Apuesto que haces muy feliz a tus novias con ella.

Me sonrojé un poco y contesté: “No creo que sea más grande que la tuya”, no pude creer que acababa de decir eso.

- Bueno, veamos quien tiene la razón.

Y diciendo eso, agarró mi verga (haciéndome temblar un poco) y la puso a la par de la de él (Qué rico se sintió eso, pensé). “Estamos iguales”, dijo él luego de medirla, “pero a ti te falta crecer mucho así que tendrás una gran paloma”.

Me reí un poco y comencé a enjabonarme. De pronto siento que él me enjabonaba también. Nadie me había tocado antes, me puse muy nervioso.
Mientras pasaba su mano por mi cuerpo, yo pensaba tantas cosas, pero lo que más pensaba era: “¡Dios! Que no se detenga”. Su mano siguió recorriendo mi cuerpo hasta llegar a mi verga y comenzó a masturbarme lentamente. Sentía como su pene topaba con mi culo y puedo decir que me gustaba esa sensación.

- ¿Ya te han hecho sexo oral? – preguntó él.
- No - respondí yo casi jadeando.
- Es lo más delicioso que te puedan hacer.

Me empujó un poco para que el agua cayera directamente sobre mi cuerpo y me quitó todo el jabón, luego se mojó él todo, apagó la regadera y me dijo: “ven conmigo”.
Salimos del baño. El agua aun bajaba por nuestros cuerpos dejando el rastro hacia donde nos dirigíamos. Entramos a mi cuarto y me dijo: “Acuéstate en la cama”. Yo obedecí.

Se subió a la cama también y empezó a mamar mi verga. Mi boca se abrió para liberar un pequeño grito justo cuando sentí el calor de su boca. Apretaba los ojos fuertemente mientras él lamía todo el tronco de mi verga. Mi respiración se hacía cada vez más fuerte y él no se detenía.

“Edgardo, qué rico”, era lo único que podía decir.
Se detuvo un momento y empezó a chuparme lo huevos. Eso me volvió loco, lo oía gemir un poco cada vez que se metía uno a la boca. Moví mi cabeza al lado y noté que su verga había quedado justo en mi rostro…. al verlo allí, noté que una gota transparente salía de su cabeza y sin pensarlo dos veces me la metí a la boca. Tenía un sabor salado, a una mezcla de sal con jabón de cuerpo…. Me fascinaba.

- Veo que te gusta, lo oí decir.

No contesté, solo quería complacerlo, quería complacerlo como él me había complacido a mí. Allí estábamos los dos en ese 69, disfrutándonos mutuamente cuando de pronto sentí que su mano pasaba por mi trasero. Me acariciaba el trasero.
Dejé de mamarlo y miré lo que hacía. “Date la vuelta”, me dijo.

Una vez más obedecí sin pensarlo. Empezó a lamerme toda la espalda, mandando electricidad por todo mi cuerpo. Una vez en mi trasero, apartó mis nalgas dejando al descubierto mi ano virgen. Bajó su cabeza y empezó a pasar su lengua por mi orificio, una y otra vez. Recuerdo haber buscado una almohada para ahogar mis pujidos y gemidos pero no encontré nada….

- Te quiero coger - me dijo.
- Hazlo - le dije - por favor.
- Te va a doler mucho.
- Hazlo, solo hazlo - supliqué.

Me dijo que me pusiera en cuarto a la orilla de la cama. Y él, parado, colocó su pene en la entrada de mi culo. “Iré despacio”, me dijo, “si quieres que me detenga solo dilo”.
Terminada esa oración, comenzó a empujar. Como al tercer empujón su cabeza entró por completo. Mi boca dejó ir un grito leve. Edgardo se asustó un poco, y me preguntó: “¿Estás bien?”.

No pude contestar inmediatamente, luego de un momento le dije que sí. Y continuó entrando. Al principio me dolía mucho, pero no quería que parara, luego de un rato ya no sentía dolor, solo lo sentía a él, entrando y saliendo.

Una de sus manos había bajado a mi verga y me masturbaba cada vez que entraba en mí. “Qué rico estás”, me decía. “Está bien apretadito tu culo”. Yo solo gemía de placer.
De pronto, empecé a sentir una sensación en la base de mi verga. Era una sensación conocida para mí. “Estoy cerca”, le dije. “No pares”.

Al nomás que le dije eso, fue como que le hubiera dado una orden. Mi hermano empezó a metérmela más fuerte. Más duro. Había un sistema ya establecido, yo me movía también para sentirla más.

La sensación se hacía más fuerte.

Mi hermano gemía cada vez fuerte. A la par de la cama había un espejo que me dejaba ver su torso y rostro. Tenía los ojos cerrados y su respiración era pesada.
La sensación era más fuerte….. “Me voy a venir”, dije entre gemidos.
No hacía caso, lo veía por el espejo. El sudor bajando por su rostro y llegando a su pecho que se movía fuertemente.

La sensación se hizo demasiado fuerte para mí y solamente deje ir un grito que tuvo que haber llegado a la casa del vecino. Bajé mi mirada en ese instante para ver como el semen salía de mi verga, salieron como dos disparos fuertes y luego dos pequeños.
Mi hermano seguía cogiéndome. “Mové el culo, por favor”, me decía. “Ya casi me vengo”.

Seguí moviéndome y lo observaba por el espejo. “¿Así?”, le preguntaba.
Solo asintió la cabeza. Me estaba metiendo toda esa verga y luego de un momento comenzó a venirse. Me la metió hasta el tope y cayó sobre mi cuerpo. Luego se movió hacia el lado y yo quedé boca abajo en la cama. Me dolía mi trasero. El cuarto olía a sexo, si es que existe tal olor.

Había un silencio sepulcral, solo los respiros fuertes tanto de él y los míos.
Me levanté y fui a bañarme de nuevo.

¿Qué acaba de pasar? Acababa de coger con mi hermano y me había encantado.
Una vez el baño terminó, salí a la sala con la toalla en mi cintura y mi hermano estaba sentado en el sofá, vestido viendo televisión. Me vio, apago la TV y tuvimos una conversación en donde quedó claro que iba a ser un secreto entre él y yo, me preguntó si me había gustado y no pude mentir. Él solo sonrió.
Mi hermano se fue del país tres días después. Años después regresó para visitarnos, pero esa es otra historia.

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Sexo con el ebanista


Título: Sexo con el ebanista

Autor: R. R.


Soy Andrés, tengo 32 años, mido 1.72 de estatura, 76 kilos, piel bronceada, con un cuerpo y abdomen muy definidos.
Vivo en Colombia, ciudad de Medellín, en el sector agropecuario.

Hace poco, hablando con una tía, le comenté que necesitaba un ebanista para reparar los muebles del comedor y la sala, ella me recomendó a alguien que ella conocía que le parecía que trabajaba muy bien.
En la noche se me ocurrió llamar al ebanista para quedar en que viniera al día siguiente en la mañana antes de salir para la oficina. Cuando yo salía del baño llaman a la puerta. Oh, sorpresa, es Guillermo, amigo de la infancia, el aclamado ebanista. Un hombre de unos 34 años, delgado, de estatura 1.78. Cuando me ve se sorprende y me saluda, hola muchachón; lo invito a entrar, le ofrezco algo para tomar, me pide cocacola. Comenzamos a conversar, él me cuenta sobre su vida, lo cual me cuenta que se ha casado, tiene 2 hijos. En esas me pide que para ir al baño, yo lo guío hasta allí, él entra y no cierra la puerta.

Yo me pongo muy nervioso, e inmediatamente me regreso al comedor a donde estábamos conversando, él sale del baño y dice, hey mano, ¿que hago para aumentar de peso?, que yo soy como los toros, verga y güevas, ¿querés ver?, me dice; yo me tupo, pues nunca me imaginé de un tipo de estos diciéndome estas cosas. Se bajó la bragueta del vaquero y muestra tremenda verga gruesa, larga y unos huevos... Yo me quedo quieto, como paralizado, y me dice toca eso, es tuyo. Me agarra de la mano y me aproxima a él, me pone mi mano en su verga y me dice, vea que no es mentira, y dice ¿ya ves que sí parezco un toro?

Vuelve y sienta en una silla del comedor y me dice ¿por qué no me regalas una cerveza?, le digo listo y voy por ella a la cocina, cuando vuelvo está completamente desnudo exhibiendo tremenda verga y unos huevos muy bonitos, grandes, todo rasurado, con un cuerpo delgado pero atlético, se veía muy bien. Se toma casi la cerveza de una y me dice, y vos ¿que tenés para mí? y me mira hacia mi verga. Yo estaba con la toalla envuelto, debajo tenía puesto unos pantaloncillos Calvin K., yo me los quité y levanté la toalla y le mostré, él se sorprendió al ver mi verga y dice ,ufff, sí la tenés grande. Me pide otra cerveza, se la traigo, me pide que le haga poses y le muestre lo que le voy a dar.

Yo levanto la pierna, me toco la verga, le muestro como me toco el culo con los dedos, él se excita mucho, me dice, quiero tener la experiencia con otro hombre, nos tiramos en un sillón, hacemos el sesenta y cuatro, nos chupamos la verga, yo le toco el culo, a él le molesta, luego le meto lengua y grita de placer, me pide que voltee para ver mi culo en forma. Comienza a darme lengua, me pide que le abra el culo, que me le pare en cuatro, que levante un pie, que voltee la verga como sobándome el culo con ella. Hacemos de todo, vuelve a meterme la lengua por el culo y me dice que ya estoy dilatado, que ahora sí me va clavar; la verdad, pocas veces lo he hecho, lo hacía únicamente con mi pareja, pero esta vez cedí, pero le pedí que lo hiciéramos despacio, me puse en cuatro en la punta de la cama y él de pie, comenzó a follarme y no aguanté, sentí un dolor, le pedí que lo sacara, llevaba la mitad, él siguió metiéndome los dedos, hasta que de una me envistió y me la metió toda, yo grité de dolor, él se quedó un momento quieto hasta que comenzó a moverse, a entrar y sacarlo, ahora sentía un placer... Me volteó, me dejó en la punta de la cama, él se arrodilló y esta vez la sentía toda pues con esta posición permitía que sintiera toda la verga en mi culo, ese sonido de los huevos contra mi cuerpo era excitante...

Ahora me pide que me siente sobre él y me trague toda su verga para que yo cabalgue sobre él y de frente, que me quiere ver venir encima de él.
Él se acuesta, yo me siento sobre su verga y comienzo a metérmela yo mismo, él decía que esto fue lo mas excitante para él, ver que yo me metía su verga en mi culo, esta cabalgada, duro, ufff , hasta que me dice vengámonos los dos juntos. Aceleramos el ritmo, yo me la metía y la sacaba del todo, esto es el cielo…

Nos vinimos juntos, el grito fue impresionante, parecía caerse el mundo, yo le solté leche hasta en la cara. Nos duchamos.

Ahora sí miró el trabajo, hizo el presupuesto, quedó en que se llevaba de a una silla, la arreglaba y luego volvía por otra.
Ya saben cual era la intención.

En otra parte le contaré qué siguió, porque la pregunta fue después de la culiada: hey mano, usted, tan hombre… ¿qué siente cuando lo clavan....?

R. R.




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El psiquiatra


(El siguiente relato es de la casa)

El psiquiatra

Fabio se recostó en el diván y cerró los ojos mientras Robert, su psiquiatra, cerraba la puerta con pestillo.

- ¿Qué tal la semana? –preguntó Robert, con aire distendido.
- Como siempre. Mucho trabajo y poco sosiego. ¿La suya?
- Muchos pacientes, no puedo quejarme.
- ¿Alguno como yo?
- Absolutamente ninguno.

En realidad, Fabio ya no era paciente. Hacía meses que no necesitaba seguir viendo a Robert, (de hecho el psiquiatra ya no le cobraba las visitas), pero ambos mantenían el ritual porque les resultaba muy placentero.

- Bueno, cuéntame. ¿Has vuelto a tener uno de tus inquietantes sueños?
- Esta semana he tenido tres.

Fabio escuchó como Robert se sentaba en su sillón y sonrió, sabiendo que lo que acababa de decir no podía complacer más al médico.

- Empieza por el primero. Cronológicamente.
- Bien. En el primer sueño yo no era una persona.
- ¿Y qué eras?
- Una enorme polla. Un descomunal falo de cinco pisos de altura.
- ¿Un falo con la textura de un dibujo animado, como aquella otra vez?
- No, no. Esta vez soñaba con la textura de la realidad. Yo era una polla descomunal, de hecho creo que era la polla de Marcelo, la primera que mamé.
- Interesante.
- Marcelo era mulato, así que en el sueño yo era una polla mulata y gigantesca.
- ¿Estabas estático, como una montaña?
- No, qué va. Avanzaba por una ciudad, destruyendo todo a mi paso. No sé si mis cojones eran las ruedas, solo sé que me desplazaba a toda velocidad, arruinando las calles, los parques, las farolas, mientras rezumaba leche sin parar, que caía en inmensos goterones sobre la gente que huía desesperada. Era insoportable porque era consciente de que me corría continuamente, de que no podía parar de correrme y sentía el orgasmo en oleadas, subiendo y bajando de intensidad pero presente todo el tiempo. Yo era una polla, así que sentía el orgasmo con todo mi cuerpo. Y avanzaba, y avanzaba, y seguía eyaculando. Entonces me desperté de golpe, como siempre, y comprobé que Juan me estaba haciendo una de sus mamadas. Ya empieza a ser un hábito. Dice que le despierto porque empiezo a hablar en sueños, súper agitado, y que cuando comprueba que estoy empalmado es superior a sus fuerzas y me la tiene que comer.
- ¿Te corriste al despertar? ¿Te estabas corriendo en realidad?
- No. Bueno, casi. Juan suele centrarse en el glande, insistentemente. A veces tanto rato que no puedo soportarlo. Era una de esas veces.
- ¿Te lo follaste?
- Le metí dos dedos por el culo mientras él me la comía y se lo trabajé a fondo, pero al final me hizo que me corriera sin haberle metido el rabo.
- ¿Cuándo tuviste ese sueño?
- El miércoles pasado.
- ¿Después de nuestra consulta?
- Claro.
- Cuéntame el siguiente.
- El siguiente fue a la noche siguiente. Estaba en casa de mis padres, atrapado en la mesa de cristal del salón.
- ¿Atrapado en la mesa? ¿Como dentro de una caja de cristal?
- No. En realidad estaba atrapado en el cristal. Algo parecido a cuando haces el muerto boca arriba en una piscina, pero en lugar de agua, a mi alrededor estaba el cristal de la mesa. Yo formaba parte de la mesa. Pero yo era yo, tenía mi cara y mis brazos. Quiero decir, que yo no era una mesa con conciencia, no era como lo que pasaba en el sueño de la polla gigantesca, yo era yo mismo… atrapado.
- Comprendo.
- Entonces veía aparecer un grueso miembro sobre mi cara inmovilizada. No veía a su dueño, aunque el rabo sí podía verlo bien. Y la mano que lo pajeaba lo hacía a dos centímetros de mi boca. Aquel tío se me iba a correr en la cara, pero yo quería que se corriera en mi boca. Quería meterme esa polla entre los labios pero no podía moverme. Sacaba la lengua para llegar pero no conseguía tocarla. Entonces se corrió en mi nariz. Pude sentir el contacto de su semen caliente contra mis fosas nasales. Me embriagué de su olor, y recogí lo que pude con la lengua. El hombre se retiraba y en su lugar aparecía otro, con un nabo gigantesco, venoso, y empezaba a masturbarse sobre mí, pero lo hacía distinto al anterior. Pensé que era fabuloso, que debía estar soñando y que no quería despertar. Entonces empezó a pegarme con el cipote en las mejillas. Yo seguía sin poder moverme pero ya no me importaba. El tipo desplazaba la polla por toda mi jeta y cuando pasaba cerca de mi boca intentaba darle una lamida, aunque era difícil. Supe que se iba a correr, vi como se ponía en tensión, me pregunté cuando había visto yo a un tipo como ese desde esa posición para poder fijarme tan bien en los detalles. Comprendí que lo había sacado de una película porno. Entonces se corrió, y vi un primer plano de uno de sus disparos de leche que pasaba como a cámara lenta por encima de mis ojos para ir a estrellarse en mi frente. Sentí el esperma espeso y caliente en la raíz del cabello.

Fabio pudo escuchar claramente como el psiquiatra se bajaba la cremallera del pantalón. Poco después escuchó el golpe de la hebilla del cinturón contra el suelo. Hoy había tardado un poco más de lo habitual en bajarse los pantalones.

- ¿Qué pasó después?
- Había más hombres esperando su turno. Otra polla gorda y venosa ocupó el lugar de la anterior. Esta vez pude rozar sus cojones con la punta de la lengua. Éste se corrió pronto, sin avisar, a borbotones. La leche rodó inagotable por sus dedos hasta caer directamente entre mis labios. Después vienen dos pollas más, dos tíos se pajean juntos y me riegan a la vez, tengo la cara completamente llena de leche, pero deseo que me llenen la boca de carne. Por fin aparece alguien dispuesto a darme polla, un hombre, difuso como los demás, pero con un falo monstruoso, grueso como jamás lo he visto antes, goteando líquido preseminal. Veo como se acerca a mis labios como un impresionante buque arribando a puerto. Abro la boca. Abro la boca todo lo que puedo. No puedo mover la cabeza, sigo atrapado en la mesa, pero eso lo hace más excitante.

Fabio, que seguía narrando su sueño con los ojos cerrados, sintió de súbito las manos de Robert inmovilizándole la cabeza. Después notó el peso de su cuerpo al subirse al diván y el olor a polla le llenó la nariz.



- Entonces el hombre difuso, el hombre del que no veo más que su monstruoso falo, introduce de golpe aquel miembro goteante en mi boca y lo hunde sin compasión y yo no puedo hacer nada más que tragar...


Y Fabio recibió entonces el manubrio del psiquiatra, que le inmovilizaba la cabeza al tiempo que con un golpe de caderas empujaba la pollaza dentro de una anhelante boca que salivaba, dispuesta.

Durante unos exquisitos minutos Fabio no pudo seguir relatando sus sueños, repleta su boca de una vara de carne que arremetía con ansia y rezumaba precum. Mantenía los ojos cerrados y revivía lo que había soñado, como si siguiera preso en la mesa y no pudiera vez quien le colmaba los morros, pero con la excitación de saberse empotrado sin remedio y sin defensa por el fabuloso rabo de su psiquiatra y la ilusión que le proporcionaba el recuerdo de su sueño de que detrás de la impresionante polla que marchaba adentro y afuera sobre su ávida lengua y entre sus carnosos labios de los que escapaba la saliva hubiera otra esperando, otra de igual calibre dispuesta a vaciarse en su garganta… y otra… y otra más. Y aunque sabía que hoy debería contentarse con solo aquella, la sensación de que los sueños húmedos se le hacían realidad le hizo sentir una de las mejores excitaciones de su vida.

Por su parte, hacía unos dos meses que Robert había instalado cámaras en su consulta. Primero puso solo una, pero después del visionado de la primera sesión grabada con Fabio, quien no sabía nada del asunto, decidió poner cuatro más. Ahora, mientras embestía contra la cara de Fabio y sus huevos chocaban contra la barbilla del paciente, imaginaba lo que estaba grabando cada cámara y hacerlo lo excitaba mucho más. La cámara oculta entre los libros de la estantería estaba grabando sus envites desde atrás, por lo que luego, durante la semana, podría verse a si mismo las veces que quisiera, sus blancas posaderas en contraste con sus morenas piernas empujando, bombeando rítmicamente en la boca de Fabio, aunque esa parte, su poderosa polla follándose la cabeza inmovilizada, la mostrarían las imágenes tomadas por otras dos cámaras a ambos lados del diván y quizá la de la lámpara del techo. Luego podría recrearse viendo tantas veces como quisiera como su imponente miembro entraba y salía una y otra vez de aquella boca sumisa, bañado, colmado de saliva. De hecho sacó un momento el miembro, lo colocó sobre la nariz de Fabio, restregó un poco el glande y lo levantó despacio, haciendo un pequeño puente con la saliva, pensando en las imágenes que luego vería simultáneamente en los cinco televisores gigantes que había instalado en su sala de estar. Después dio unos golpecitos ensalivados contra las mejillas de Fabio midiendo cuidadosamente el ángulo.

- ¿Y qué hizo después el hombre difuso?- preguntó al paciente, aprovechando que le había sacado la verga de la boca y así podría responderle.
- Me folló la boca como un cabrón hasta ahogarme en un mar de leche.


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Autor del relato: José


Cuando puedo usar el subterráneo, lo prefiero al auto, tiene un atractivo adicional. En las horas de mayor afluencia si uno se coloca bien, siempre se viaja con un paquete incrustado en el culo. Si se tiene la habilidad suficiente con las manos se puede llegar a poseer un armamento durante minutos y si uno mira a los ojos de los propietarios las caras de boludo que ponen son incomparables. Es mejor que un “glory hole!!!”.

Sábado a la noche. ¿Qué atractivo puede tener un vagón en el que se pueden encontrar asientos vacíos y espacio de sobra?

En la línea que yo viajo se encuentran varios clubes, a la hora que yo salgo 9 a 9.30 pm, los días sábados se llena de poderosos ejemplares que regresan a sus casas luego de una intensa tarde de deportes. Para mí es tan bueno como un galería de fotos.

Ese sábado subí y me senté. Delante mío, dos metros de humanidad, estaban sentados indolentemente, en jogging azul con cierre subido hasta la garganta, dos metros abría sus piernas, un bolso con raquetas descansaba en el piso .La primera ojeada era prometedora la tela del jogging se aplastaba al cuerpo y mostraba sugerentes contornos , duros largos y elásticos. Subí la vista, manos de gruesos dedos suavemente velludas descansaban lánguidamente, torso ceñido por la campera permitía suponer una fuerza en expansión . Recién salido de la ducha algunos pelos húmedos se pegaban a su cabeza y su nuca. Piel dorada del sol, cabellos castaños bronce eran el fondo de una prolija y recortada barba imitando el descuido, pero a la moda. Nariz regular, cara angulosa y traviesos ojos marrones completaban el conjunto. Dos metros apoyaba su cabeza en la pared del coche y se estiraba cuan largo era.

El ring tone de un celular, estilo trompeta sonó, dos metros lo miró, sonrió y atendió. A través del traqueteo escuché.

-Hey, amor, te esperaba, voy a casa ¿nos vemos? -

Afortunada la mina que estaba del otro lado, pensé. Dos metros parecía muy solicito. Observe, su mano derecha jugaba con el cierre de su jogging descubriendo un armonioso cuello que acarició mientras seguía hablando.

-Oye dulce ¿Qué extrañas de mí?-

Yo extrañaría , las caricias de tus manos conteste mentalmente. Dos metros seguía jugando con su cierre, mientras lo subía y bajaba , logre adivinar el comienzo de su pecho , el vello que lo cubría y la fuerza de sus músculos. Suspiré mientras oía.

-Ya sabes lo que me gusta hacerte ¿Qué me harías tú a mí?-

Desnudarte ya mismo, mi imaginación corría rápido. El cierre del jogging seguía bajando. Lo que había adivinado estaba a la vista pero no a la mano, por la mitad del pecho de dos metros comprobé que no tenia nada abajo, solo un revoltijo de músculos y pelo se ofrecían generosamente y no para mi sino para ella.

-¿Así que harías eso, como?

Violentamente, agregue. Dos metros siguió bajando el cierre, el dibujo que realizaba su pelambre comenzaba a achicarse en la medida que llegaba a su cintura. Dos metros introdujo su mano en dirección a sus ocultas tetillas ¡quien pudiera ser mano! Pensé.

-¿Seria algo suave o brusco?-inquirio. –Suave... ¿que tan suave?

Su mano subía y acariciaba delicadamente sus tetillas.

Levantó la mirada, yo lo evite no podía competir con la voz que suponía del otro lado. Volvió a bajar sus ojos y pude seguir observando.

Dos metros ya no simulaba, para mi placer y mi fastidio, se acariciaba todo el cuerpo, mire entre sus piernas abiertas como la tela se levantaba y temblaba, sentí que entre las mías sucedía lo mismo. Un suspiro casi un gemido, salio de mi boca. Al levantar los ojos me di cuenta que en la próxima estación debía bajarme. Me incorporé, dos metros me siguió con la mirada cuando nuestros ojos se encontraron me hizo un guiño cómplice, me sentí incomodo ¿estaría alardeando?, me sonrió, contesté mecánicamente, miré sus pantalones que seguían igual. Me bajé.

Esa noche dos amigos que celebraban su primer año de convivencia nos habían invitado a Pablo y a mí al teatro y a cenar, es decir fue Pablo quien organizó todo y realmente el tema no dejaba de preocuparme. Quiero mucho a Pablo pero sé que el busca provocar situaciones que no me interesan .Es un cercano amigo por quien siento mucho respeto, inteligente, buen conversador, pero nada sexual me une a él, salvo el recuerdo de tontas caricias sobre nuestros pantalones que terminaron en débiles erecciones. Sin embargo era persistente y la noche se prestaba a que lo fuera.

Luego del teatro y de la cena, me levanté con la intención de volver a mi casa, Pablo me retuvo de la mano y propuso ir a bailar a un boliche. Mis amigos aceptaron con entusiasmo. Mire disimuladamente el reloj, el show de travestis debía estar terminando, la opción era clara bailar o bailar .Pablo me sonrío yo levanté el dedo como advertencia y sin decir nada enfilamos hacia el auto de la pareja.

Al llegar bajamos las escaleras la voz de Gloria Gaynor nos recibió:



As long as i know how to love
I know I will stay alive
I've got all my life to live
I've got all my love to give
and I'll survive
I will survive

Desde la cabina Guido el DJ me reconoció y al estilo romano me saludo con el pulgar derecho para arriba, agite mi mano. Nos sentamos y cuando nuestros amigos salieron a bailar, Pablo me propuso lo mismo ,esa noche Guido estaba ochentoso y cuando nos vio bailar lo incrementó , yo me empecé a mover al compás de la música pero vigilando a mi amigo y sus manos. Luego de un rato varias parejas abrazadas nos rodearon , yo seguía bailando suelto, de repente sentí una mano en mi espalda, me dí vuelta unos ojos marrones traviesos me escrutaban era dos metros, pantalón negro, remera negra escote en V ajustada,

-Hola ¿me reconoces? Nos vimos en el subte.-

Guiño pícaramente mientras despegaba de su pecho a un bellísimo baby face rubio dorado. Ella del subterráneo, era él, del boliche, respondí aparentando despreocupación,

-Si, me acuerdo ¿estabas hablando por el celular?

-Con él-respondió acariciando a baby face.

Tratando de ocultar mi sorpresa mire a Pablo, conozco su gustos más secretos, el rubio debía ser una fiesta para él y su cara lo demostraba, baby era el más alto impacto que podía recibir. Empezamos a conversar trivialidades, mi amigo ya al comando de la situación, sugirió.

-¿Tomamos algo?-

Ante la respuesta afirmativa, miró a baby face y atacó.

-¿Me acompañas?-

Baby face muy divertido se despego de dos metros y lo siguió. Quedamos solos en la pista.

-¿Cómo te llamas?-

-Máximo ¿y tú?- Mientras le respondía, me divirtió lo adecuado de su nombre .Guido que había seguido todo el operativo desde la cabina cambio la música. Al escuchar el comienzo, supuse que o estaba loco de nostalgia o se estaba burlando de mi “Only You“ de los Plateros comenzó a sonar:

ONLY YOU CAN MAKE THIS WORLD SEEM RIGHT
ONLY YOU CAN MAKE THE DARKNESS BRIGHT.




-¿Quieres bailar?- Se apresuró Máximo. Asentí y lo deje hacer, no estaba muy seguro. Colocó sus manos en mi cintura, yo le rodeé su cuello con mis brazos, desde la cabina Diego levantó su pulgar derecho. No me pareció tan grandote:

-¿Cuanto mides?-Susurré.

-20 por 4 o 5 según- Susurró a su vez.

Me atraganté, me separé de él y añadí

-No ¿de estatura?- -Esta vez se atragantó él.

-1.85, Pero yo me refería a….-

-Sí, ya lo sé, te calculé en el subte. -Respondí mientras reclinaba mi cabeza en su hombro y el bajaba la suya y la pegaba a mi mejilla.

ONLY YOU AND YOU ALONE
CAN THRILL ME LIKE YOU DO
AND FILL MY HEART WITH LOVE FOR ONLY YOU.

-Tu amigo quiere robarme el novio- Murmuró.

-¿Tiéne posibilidades? - Respondí.

--No lo creo ¿te importa?-

-Es solo un amigo -agregué. Sus brazos me ciñeron más la cintura, su cuerpo se unió al mío, apoyó contra mi abdomen sus duros 20, mientras con sus labios recorrían la línea de mi cuello. Me deje ceñir mas aun por sus brazos mientras una elástica y hábil pierna acariciaba mi excitada bragueta , en minutos la situación tenía un vuelco insospechado. La música me aturdía pero sonaba lejana.

ONLY YOU CAN MAKE THIS CHANGE IN ME,
FOR IT´S TRUE, YOU ARE MY DESTINY.
WHEN YOU HOLD MY HAND,
I UNDERSTAND THE MAGIC THAT YOU DO

Era magia indudablemente. Máximo pegó su boca a mí oído y urgido:

-¿Vamos al baño?

-No -respondí mientras alzaba mi cabeza y miraba a un Guido sonriente y su cabina. Me separe de Máximo, le tome la mano y lo llevé hacia la música.

-¿Qué quieren? – Nos recibió.

-La cabina- respondí.

-Están locos -Contestó mientras apagaba las luces – No rompan nada –Agregó -Me comprometen -chilló.

-Tú eres inocente, pobre – le contesté.

Guido puso en automático el equipo y afirmó.

-Sean rápidos. -No respondimos. Cerró la puerta y se encaminó al bar. Alcancé a divisar a Pablo y a baby face, se estaban besando. Distinguí el ritmo del rap Miker G & Dee Jay Sven:

We took a holiday with all our friends.
It was a time to relax and let your worries behind

Exactly seven weeks or something crossed my mind.
It was the shine of the time we never forget

One morning our parents kicked us out of our beds.
We told them it was stupid
don't play the fool

But the answer was short: you gotta go to school!

Maximo se sacó la remera, bajó sus pantalones, yo me saqué la camisa y solté mi cinturón. La violencia que había supuesto en el subterráneo nos envolvió en el abrazo desesperado que nos dimos, me mordió, lo mordí, se quejó, me quejé, apoyó su pija desnuda en mi abdomen desnudo, coloqué la mía entre sus piernas y el compás de nuestro rap hizo el resto. Gimiendo y besándonos a la débil luz del equipo obedecimos por calentura las ordenes de Guido, acabamos al unísono, él mojándome en abundancia mi abdomen, yo colocando mi leche entre sus fuertes piernas. Exhaustos nos quedamos abrazados.

-¿Que hacemos? -Preguntó Maximo.

-Por esa escalera hay un baño – Respondí, adivinando lo que me preguntaba.

Nos limpiamos y volvimos a las mesas, Pablo y baby face nos estaban buscando, no parecían muy felices.

-¿Vamos?- Dijeron al unísono. Máximo me miró rápidamente, yo asentí.

-Si, es tarde-

Salimos a la calle nuestros amigos se habían ido, en silencio esperamos un taxi. Comenzó a llover, Buenos Aires de madrugada y con lluvia es un desafío para mí, decidí caminar, Pablo se acercó:

-¿Puedo ir a tu casa? –

-Si pero quiero caminar primero y si vienes a dormir será como dos bebés.-

-Mejor me voy a casa – respondió y volvió a la parada de taxis.

Levanté el cuello de mi anorak, empecé a caminar. La lluvia mojó mi cara. La ciudad despertaba. Un taxi paso a mi lado, Maximo y baby face me saludaron riéndose, dos metros me miró y le tiré un beso. Me acordé de Guido el DJ, desde el fondo de los tiempos recordé una canción:

Ciao ciao bambino
un bacio ancora e poi per sempre
ti perderò
come una fiaba l'amore passa
c'èra una volta poi non c'è più
cos'è che trema sul tuo visino
è pioggia o pianto
dimmi cos'è


vorrei trovare parole nuove
ma piove piove sul nostro amor.


José


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Lista de relatos participantes en nuestro concurso


Relatos participantes en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay y sus autores:

  • El reencuentro / Autor: tatojimmy
  • La sauna / Autor: YoNoLoDiGo
  • El Webcam de Iván / Autor: Miró
  • El ciclista recién depilado / Autor: Max
  • Habitación 417 / Autor: david
  • Amígdalas deliciosas / Autor: Pehuenche
  • Todos los comienzos son difíciles / Autor: Antonio Marti VERA
  • La pared invisible / Autor: YoNoLoDiGo


  • Mañana sabréis quién de ellos se lleva el iPod Shuffle. Como suele decirse, se lo merecen todos, pero sólo uno puede ser el ganador.

    In the navy



    IN THE NAVY
    Autor: coconut
    Blog: CANDENTE!


    Los marineros del Comando General de la Armada tienen unos de los más cachondeantes uniformes del mundo, particularmente en verano cuando utilizan el blanco, con pantalón, remera y gorro haciendo juego, los amo!!!

    Hace años, antes de que el barrio “Ciudad Vieja” (Mvd – uy) se pusiera de moda y el “Mercado del Puerto” explotara de popularidad, La Rambla del Puerto no estaba tan iluminada y la playa de contenedores no era tan grande; en esa época la parte que hoy está llena de contenedores estaba vacía y a la izquierda del Comando General de la Armada había un puesto de vigilancia con marineros cuidando la entrada y la salida de esa parte del puerto; como todo trabajo de vigilancia debería tener noches de total aburrimiento, juego de cartas, llamadas a los 0900 y muchas horas de mirar pasar los autos y camiones por la rambla. A mí siempre me fascinaron los uniformados, me parecen tan cachondos, viriles y representan el ideal de hombre que me gusta… Esa noche de octubre estaba aburrido, harto de más de lo mismo y bastante excitado por los primeros calores que anticipaban un verano incandescente! Sin pensarlo dos veces salí a la calle a buscar acción, algún macho alzado con ganas de ponerla en el primer agujero que se le cruce, pero no encontré ninguno y los que estaban en la calle no eran de mi tipo; continué caminando hasta percatarme que estaba cerca del puerto y sentí el llamado de la osadía, del placer ferviente y el deseo, una de mis más requeridas fantasías y fue así que me dispuse a encarar a algún marinero del puerto con esos uniformes blancos inmaculados!

    Al llegar al puerto me enfrenté a las puertas de entrada, llenas de marineros vigilando la entrada, la discreción debía ser mi aliada para conquistar ese tesoro, por lo que decidí caminar cerca del muro y esperar que algún marinero aburrido de estar en su puesto de vigilancia salga a caminar por el muro, a fumar un cigarrillo o simplemente a sacarse el aburrimiento de alguna forma.

    La noche recién comenzaba, faltaban horas para el amanecer y yo estaba dispuesto conseguir mi cometido, solo aceptaría un SI como respuesta y agotaría todos mis recursos a la hora de conseguirlo… Luego de una hora salió uno y pensé: ¿¡¡¡que hago para que me dé bola!!!? – lo saludé a la distancia y me correspondió el saludo – no son inaccesibles – pensé (gracioso pero cierto) y un torrente de adrenalina me dio las fuerzas para continuar el encare, pero no tuve éxito; a los pocos minutos entró a su puesto de vigilancia y no salió más.

    No van a poder conmigo!!! susurré a la nada y emprendí la marcha hacia la entrada principal del Comando; pasé frente al arco enorme y suculento, lleno de poder y virilidad donde muchos entran pero pocos salen… (ja ja ja)
    Al costado hay otra entrada mas discreta y poco vigilada, unos metros más adelante se encontraba un puesto de vigilancia para nada precario, hasta lindo inclusive… en la puerta dos marineros sentados mirándome sin habla, “¿qué hace este civil a estas horas solo por acá?” es lo mínimo que pensarían… yo ya estaba harto de esperar y ese era mi combustible para el encare y los saludé con la mano, ellos saludaron, seguramente estarían más aburridos que yo y me acerqué a hablarles, al cabo de unos minutos nuestras miradas lo decían todo, SEXO! ardiente, apasionado, salvaje, bestial… “aburrida la noche…” se animó a decir uno, esa fue la señal, lo que estaba esperando para encarar, mis próximas palabras definirían todo, serían decisivas y tenían que si o si terminar en un garche!

    yo.- “habrá que hacer algo para matar el aburrimiento”
    marinero #1.- “…”
    marinero #2.- “y… sí, la noche es larga…”

    yo.- “demasiado y aburrida”
    marinero #1.- “habrá que hacer algo, tengo un afrecho de semanas”

    yo.- “eso tiene solución”
    marinero #2.- “¿no querés pasar y atender al compañero?, está necesitado…”

    yo.- “yo lo que necesito es chupar una buena pija”
    marinero #1 y #2.- “ja ja ja”

    marinero #2.- “invítalo a pasar, no seas mal educado con el muchacho”
    marinero #1.- “ja ja ja… ¿querés pasar?
    yo.- “¡por supuesto!”

    marinero #2.- “deja algo para mí…”
    marinero #1.- “ja ja ja”

    Entramos, el lugar estaba súper limpio y prolijo; estaba en la marina, otra cosa no podía esperar.
    Nos dirigimos al baño y sin hablar él se bajó el pantalón blanco y me miró sonriendo de costado y yo me arrodillé a entretener a quienes vigilan nuestras aguas y alejan los malhechores de las playas.

    Él media un metro setenta y siete, casi de mi altura… pelirrojo con pecas, de pelo corto – obviamente – rasurado a la perfección, con las uñas perfectas, de dedos grandes y robustos, brazos marcados por el trabajo en la sala de máquinas de la fragata y espalda ancha. Completaban al Set un par de ojos grises, una boca carnosa y roja, cuerpo lampiño y una verga y un orto celestiales…

    El piso de baldosas blancas estaba fresco, olía a brisas del mar salpicado con estrellas marinas y su pija sabía a delicias del bosque con frutas de la huerta.
    Dura y rozagante, erecta y firme esperaba que mis labios la besaran y mi lengua la humedeciera, me la metí de a poco en la boca mirando como gemía de placer, es que ese macho no había sentido esta sensación en meses y estallaba de calentura; cuando sus huevos chocaron con mi mentón él no pudo frenar un temblor de placer que le contrajo todos los músculos y exclamó casi sin aire “¡fua que chupada!”

    Enseguida se incorporó lleno de virilidad, me puso una mano en la nuca y con suavidad me ayudaba moviéndome la cabeza, marcándome el camino y sugiriendo qué hacer y cómo hacerlo…

    marinero #1.- “eso, así… mete lengua, mete lengua”
    marinero #1.- “que divino, cuanto hacía que no me hacían una mema”
    marinero #1.- “vamos, chúpala toda, sin lástima, hasta el fondo dale”
    marinero #1.- “así, así con ganas, dale, chócate con las bolas, dale”
    marinero #1.- “ah… mmmmhhhh… como me gusta, ah…”
    marinero #1.- “¿quien te enseñó a chupar tan bien? hay que darle una medalla”
    marinero #1.- “cómo trabaja esa boquita”
    marinero #1.- “chupe chupe chupe, así así así, vamos toda adentro, sin lástima”
    marinero #1.- “eeeeeso, me gusta cuando me obedecen, eh putito! te guuuusta!”




    Y así durante una hora le chupé la pija sin parar, los labios los tenia hinchados de tanta matraca!
    Pero no iba a parar, ver y sentir como gozaba ese macho no tenía precio, para todo lo demás existe master card…!

    marinero #1.- “¿a ver ese, como está ese culito?” – Plaf! (palmada)
    marinero #1.- “aaaahhh, esta alcancía pide monedas a gritos, eh!”
    marinero #1.- “¿entregas el culo?”
    yo.- “si machote, te entrego todo lo que quieras”

    (ja ja ja)

    marinero #1.- “ah, hijo de puta te gusta la joda, eh!”
    marinero #1.- “ponete en 4 que vas a ver lo que es estar con un marino”
    marinero #1.- “mostrame la colita, así… trala para atrás mamita, seeee así, que divino”
    marinero #1.- plaf! (palmada)
    marinero #1.- “a ver, te gusta esto?”

    y me apoya la cabeza de la pija en una nalga y me pega palmadas con ella
    plaf plaf plaf, me sonaban las nalgas cada vez que chocaba esa terrible verga en mi cola.

    marinero #1.- “bueeeno, vamo a poneeerla…”

    Se puso un forro, se escupió la mano y lubricó la verga y con las dos manos me abrió las nalgas y me escupió en la puerta del ojete… no hay nada mejor que esa sensación; sentir cuando se estrella la saliva de un macho en tu ojete es un tsunami de placer!

    Sin soltarme las nalgas y moviendo la cadera me colocó la cabeza de la pija en la puerta del ojete y me exclamó “¡que polvaso me voy a pegar!”
    y comenzó a puntear de a poco pero firme, como diciendo “¡acá mando yo!” y me fue entrando de a poco con cada punteo un poco más adentro, cuando estuvo un poco más de la mitad adentro paró, me soltó las nalgas, me pegó una palmada y me agarró de la cintura y la metió sin vacilar hasta el fondo

    yo.- “aaahhhh, hijo de puta me partiste el orto!”
    marinero #1.- “¡no jodas que te gusta puto!”
    marinero #1.- “¡buscaste, ahora aguanta!”

    La cojida tomó un aire de tormenta! con las manos me agarró firme de la cintura y se afirmó y comenzó a bombear cada vez más fuerte; el placer comenzó a mezclarse con dolor y el morbo se apoderó de la situación, cada tanto disminuía las embestidas como buscando mi aprobación y al ver que no lo frenaba retomaba con más fuerza la cojida… El macho estaba pegándome una de las mejores cojidas y estábamos gozando como nunca.

    marinero #1.- “¿¡putaso donde queres la lechita!?
    marinero #1.- “¿¡en la boquita, hijo de puta!?”
    marinero #1.- “¿¡te gusta en la trucha, eh…!? – PLAF!!! (palmada)
    marinero #1.- “¡cómo te gusta puto, como te gusta mmmhhhh! – aaahhhhhh!”

    Luego de un rato, me sacó la pija del culo, se sacó el forro y comenzó a pajearse y me acabó en la cara

    marinero #1.- “¡aaaaaaahhhhh!!!!!!!”
    marinero #1.- “¡mmh-h-h-h-hhhhh!!!!!!!!”
    marinero #1.- “¡uuujjjjhhhhmhhhhh!!!!!!!!!”
    marinero #1.- “¡que polvo, la puta madre!”

    Y así sin más palabras nos lavamos, nos despedimos y me fui, dejando contento y bien atendido a un marinero de nuestro Comando General de la Armada.-


    coconut


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