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In the navy



IN THE NAVY
Autor: coconut
Blog: CANDENTE!


Los marineros del Comando General de la Armada tienen unos de los más cachondeantes uniformes del mundo, particularmente en verano cuando utilizan el blanco, con pantalón, remera y gorro haciendo juego, los amo!!!

Hace años, antes de que el barrio “Ciudad Vieja” (Mvd – uy) se pusiera de moda y el “Mercado del Puerto” explotara de popularidad, La Rambla del Puerto no estaba tan iluminada y la playa de contenedores no era tan grande; en esa época la parte que hoy está llena de contenedores estaba vacía y a la izquierda del Comando General de la Armada había un puesto de vigilancia con marineros cuidando la entrada y la salida de esa parte del puerto; como todo trabajo de vigilancia debería tener noches de total aburrimiento, juego de cartas, llamadas a los 0900 y muchas horas de mirar pasar los autos y camiones por la rambla. A mí siempre me fascinaron los uniformados, me parecen tan cachondos, viriles y representan el ideal de hombre que me gusta… Esa noche de octubre estaba aburrido, harto de más de lo mismo y bastante excitado por los primeros calores que anticipaban un verano incandescente! Sin pensarlo dos veces salí a la calle a buscar acción, algún macho alzado con ganas de ponerla en el primer agujero que se le cruce, pero no encontré ninguno y los que estaban en la calle no eran de mi tipo; continué caminando hasta percatarme que estaba cerca del puerto y sentí el llamado de la osadía, del placer ferviente y el deseo, una de mis más requeridas fantasías y fue así que me dispuse a encarar a algún marinero del puerto con esos uniformes blancos inmaculados!

Al llegar al puerto me enfrenté a las puertas de entrada, llenas de marineros vigilando la entrada, la discreción debía ser mi aliada para conquistar ese tesoro, por lo que decidí caminar cerca del muro y esperar que algún marinero aburrido de estar en su puesto de vigilancia salga a caminar por el muro, a fumar un cigarrillo o simplemente a sacarse el aburrimiento de alguna forma.

La noche recién comenzaba, faltaban horas para el amanecer y yo estaba dispuesto conseguir mi cometido, solo aceptaría un SI como respuesta y agotaría todos mis recursos a la hora de conseguirlo… Luego de una hora salió uno y pensé: ¿¡¡¡que hago para que me dé bola!!!? – lo saludé a la distancia y me correspondió el saludo – no son inaccesibles – pensé (gracioso pero cierto) y un torrente de adrenalina me dio las fuerzas para continuar el encare, pero no tuve éxito; a los pocos minutos entró a su puesto de vigilancia y no salió más.

No van a poder conmigo!!! susurré a la nada y emprendí la marcha hacia la entrada principal del Comando; pasé frente al arco enorme y suculento, lleno de poder y virilidad donde muchos entran pero pocos salen… (ja ja ja)
Al costado hay otra entrada mas discreta y poco vigilada, unos metros más adelante se encontraba un puesto de vigilancia para nada precario, hasta lindo inclusive… en la puerta dos marineros sentados mirándome sin habla, “¿qué hace este civil a estas horas solo por acá?” es lo mínimo que pensarían… yo ya estaba harto de esperar y ese era mi combustible para el encare y los saludé con la mano, ellos saludaron, seguramente estarían más aburridos que yo y me acerqué a hablarles, al cabo de unos minutos nuestras miradas lo decían todo, SEXO! ardiente, apasionado, salvaje, bestial… “aburrida la noche…” se animó a decir uno, esa fue la señal, lo que estaba esperando para encarar, mis próximas palabras definirían todo, serían decisivas y tenían que si o si terminar en un garche!

yo.- “habrá que hacer algo para matar el aburrimiento”
marinero #1.- “…”
marinero #2.- “y… sí, la noche es larga…”

yo.- “demasiado y aburrida”
marinero #1.- “habrá que hacer algo, tengo un afrecho de semanas”

yo.- “eso tiene solución”
marinero #2.- “¿no querés pasar y atender al compañero?, está necesitado…”

yo.- “yo lo que necesito es chupar una buena pija”
marinero #1 y #2.- “ja ja ja”

marinero #2.- “invítalo a pasar, no seas mal educado con el muchacho”
marinero #1.- “ja ja ja… ¿querés pasar?
yo.- “¡por supuesto!”

marinero #2.- “deja algo para mí…”
marinero #1.- “ja ja ja”

Entramos, el lugar estaba súper limpio y prolijo; estaba en la marina, otra cosa no podía esperar.
Nos dirigimos al baño y sin hablar él se bajó el pantalón blanco y me miró sonriendo de costado y yo me arrodillé a entretener a quienes vigilan nuestras aguas y alejan los malhechores de las playas.

Él media un metro setenta y siete, casi de mi altura… pelirrojo con pecas, de pelo corto – obviamente – rasurado a la perfección, con las uñas perfectas, de dedos grandes y robustos, brazos marcados por el trabajo en la sala de máquinas de la fragata y espalda ancha. Completaban al Set un par de ojos grises, una boca carnosa y roja, cuerpo lampiño y una verga y un orto celestiales…

El piso de baldosas blancas estaba fresco, olía a brisas del mar salpicado con estrellas marinas y su pija sabía a delicias del bosque con frutas de la huerta.
Dura y rozagante, erecta y firme esperaba que mis labios la besaran y mi lengua la humedeciera, me la metí de a poco en la boca mirando como gemía de placer, es que ese macho no había sentido esta sensación en meses y estallaba de calentura; cuando sus huevos chocaron con mi mentón él no pudo frenar un temblor de placer que le contrajo todos los músculos y exclamó casi sin aire “¡fua que chupada!”

Enseguida se incorporó lleno de virilidad, me puso una mano en la nuca y con suavidad me ayudaba moviéndome la cabeza, marcándome el camino y sugiriendo qué hacer y cómo hacerlo…

marinero #1.- “eso, así… mete lengua, mete lengua”
marinero #1.- “que divino, cuanto hacía que no me hacían una mema”
marinero #1.- “vamos, chúpala toda, sin lástima, hasta el fondo dale”
marinero #1.- “así, así con ganas, dale, chócate con las bolas, dale”
marinero #1.- “ah… mmmmhhhh… como me gusta, ah…”
marinero #1.- “¿quien te enseñó a chupar tan bien? hay que darle una medalla”
marinero #1.- “cómo trabaja esa boquita”
marinero #1.- “chupe chupe chupe, así así así, vamos toda adentro, sin lástima”
marinero #1.- “eeeeeso, me gusta cuando me obedecen, eh putito! te guuuusta!”




Y así durante una hora le chupé la pija sin parar, los labios los tenia hinchados de tanta matraca!
Pero no iba a parar, ver y sentir como gozaba ese macho no tenía precio, para todo lo demás existe master card…!

marinero #1.- “¿a ver ese, como está ese culito?” – Plaf! (palmada)
marinero #1.- “aaaahhh, esta alcancía pide monedas a gritos, eh!”
marinero #1.- “¿entregas el culo?”
yo.- “si machote, te entrego todo lo que quieras”

(ja ja ja)

marinero #1.- “ah, hijo de puta te gusta la joda, eh!”
marinero #1.- “ponete en 4 que vas a ver lo que es estar con un marino”
marinero #1.- “mostrame la colita, así… trala para atrás mamita, seeee así, que divino”
marinero #1.- plaf! (palmada)
marinero #1.- “a ver, te gusta esto?”

y me apoya la cabeza de la pija en una nalga y me pega palmadas con ella
plaf plaf plaf, me sonaban las nalgas cada vez que chocaba esa terrible verga en mi cola.

marinero #1.- “bueeeno, vamo a poneeerla…”

Se puso un forro, se escupió la mano y lubricó la verga y con las dos manos me abrió las nalgas y me escupió en la puerta del ojete… no hay nada mejor que esa sensación; sentir cuando se estrella la saliva de un macho en tu ojete es un tsunami de placer!

Sin soltarme las nalgas y moviendo la cadera me colocó la cabeza de la pija en la puerta del ojete y me exclamó “¡que polvaso me voy a pegar!”
y comenzó a puntear de a poco pero firme, como diciendo “¡acá mando yo!” y me fue entrando de a poco con cada punteo un poco más adentro, cuando estuvo un poco más de la mitad adentro paró, me soltó las nalgas, me pegó una palmada y me agarró de la cintura y la metió sin vacilar hasta el fondo

yo.- “aaahhhh, hijo de puta me partiste el orto!”
marinero #1.- “¡no jodas que te gusta puto!”
marinero #1.- “¡buscaste, ahora aguanta!”

La cojida tomó un aire de tormenta! con las manos me agarró firme de la cintura y se afirmó y comenzó a bombear cada vez más fuerte; el placer comenzó a mezclarse con dolor y el morbo se apoderó de la situación, cada tanto disminuía las embestidas como buscando mi aprobación y al ver que no lo frenaba retomaba con más fuerza la cojida… El macho estaba pegándome una de las mejores cojidas y estábamos gozando como nunca.

marinero #1.- “¿¡putaso donde queres la lechita!?
marinero #1.- “¿¡en la boquita, hijo de puta!?”
marinero #1.- “¿¡te gusta en la trucha, eh…!? – PLAF!!! (palmada)
marinero #1.- “¡cómo te gusta puto, como te gusta mmmhhhh! – aaahhhhhh!”

Luego de un rato, me sacó la pija del culo, se sacó el forro y comenzó a pajearse y me acabó en la cara

marinero #1.- “¡aaaaaaahhhhh!!!!!!!”
marinero #1.- “¡mmh-h-h-h-hhhhh!!!!!!!!”
marinero #1.- “¡uuujjjjhhhhmhhhhh!!!!!!!!!”
marinero #1.- “¡que polvo, la puta madre!”

Y así sin más palabras nos lavamos, nos despedimos y me fui, dejando contento y bien atendido a un marinero de nuestro Comando General de la Armada.-


coconut


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La sauna



La sauna
Autor: YoNoLoDiGo
Blog: Mis Deseos y Fantasías


El vapor llena toda la sauna, dejando parte a la imaginación, a la fantasía. Observo rápidamente toda la pequeña habitación, esperando encontrar a alguien. Estoy solo. Nadie más comparte la sauna. Me tumbo al fondo, un lugar estratégico donde me permite ver toda la sauna. Me quito la toalla y la deposito sobre mi cuerpo, cubriendo sólo mis partes más íntimas. Cierro los ojos y relajo todo mi cuerpo. Hace mucho calor. Todo está en silencio. Me quedo transpuesto, medio durmiendo medio despierto. Confundo los sueños con la realidad. Todo está difuso. Las voces vienen y van. Personas entran y salen. No está sucediendo. Está sucediendo. No lo se. No quiero despertar. No quiero dormir. Alguien se acerca. Alguien está junto a mí, de pie a mi lado. Estoy solo. Tengo compañía. Siento el tacto de una mano en mis muslos. Unas manos que quitan la toalla. Mis manos están en mi pecho. Yo no soy. Hay alguien más. Es un sueño. Acaricia suavemente mis piernas. No es un sueño. Siento sus manos. Siento mi cuerpo despertar sin despertar. La mano sigue recorriendo libremente mi piel. Estoy teniendo una erección. No es un sueño. Siento los dedos en mi pubis, cerca de mi polla. Quiero que la toque, que me masturbe. Es mi sueño. Ha cogido mi miembro con su mano. No es real. Pero siento el placer de la masturbación ajena. Tengo una erección y alguien está jugando con ella. No son mis manos. Son otras manos. Pero es un sueño o es real. No quiero saberlo. Quiero que siga tocando mi cuerpo, que me siga masturbando. Así lo hace, es el deseo en mi sueño. Algo pasa a mi alrededor. Solo estamos yo y las manos de mi sueño. Me masturba con paciencia. También están sus labios. Siento sus labios en mi boca. No es un sueño. Me están besando. Estoy eyaculando. Quedo extasiado. Sigo soñando. Sigo despierto. Me incorporo y no estoy solo. Le tumbo rápidamente sobre el suelo e introduzco su polla en mi boca.



Paso mi lengua una y otra vez por su polla, mezclando mi saliva con su esporádico esperma, asomado en pequeñas cantidades por lo alto del grande. El preludio de una gran eyaculación. Pero todavía no. Quiero hacerle sufrir un poco más. Mi lengua recorre su polla, desde el glande hasta las partes más inferiores. Dejando que mi saliva resbale por el músculo más tenso de su cuerpo, llegando hasta el escroto. Lo inunda mi saliva. Cada vez que introduzco su polla en mi boca, siento como se estremeces de placer. Sus piernas se doblan convulsionadas de placer y sus abdominales se contraen con cada golpe de su polla en mi garganta. Siento como su polla palpita mas fuerte dentro de mi boca. Como crece todavía mas para mi placer. En un acto reflejo, me coge la cabeza y me hace devorar toda su ardiente polla, golpeando de nuevo contra mi garganta, estremeciéndose de nuevo inundado por el placer. No voy a dejar que se corra todavía. Suelto su polla de la presa de mi boca, soltando al mismo tiempo mis manos. Observo como su polla palpita de placer sin tocarla, como se mueve con golpes de furia intentando descargar toda su leche. Vuelvo a rozar su polla con mi lengua, son suaves degustaciones para un paladar sediento de sexo. Saboreo cada milímetro de su polla con mi lengua, desde todos los lados imaginables. Mi saliva caliente empapa toda su polla, haciéndola brillar como una estrella. Quiero volverla a tener en mi boca, sentir como me inunda una vez más. Los gemidos y convulsiones aumentan, indicando que todo está preparado. Mantengo su polla dentro de mi boca, absorbiendo y saboreando las primeras gotas de tu esperma a punto de estallar. Aparentemente no me muevo, pero mi lengua está descontrolada, e intenta moverse en el poco espacio que queda. su polla me llena por completo. Tus convulsiones aumentan. Necesita eyacular y descansar del tormento producido por mi boca, de los placeres concedidos por mi lengua. Suplica que le deje eyacular. Está sumido en una locura de orgasmo y ya no se puede parar. Con mis manos entretenidas en su escroto, comienzo a mover mi boca más rápido, soltando y capturando su polla. Siento como se sume en una sola convulsión, gritando de placer desbordado. En mi boca algo ha explotado. Siento como el calor de sus entrañas lo inunda todo. Me quedo parado un segundo, imaginando como eyacula en mi boca, como su caliente esperma es lanzado repetidamente sobre mi paladar. Imágenes placenteras más allá de toda razón. Me quedo paralizado durante un segundo, el segundo que necesitas para tomar fuerzas y eyacular de nuevo con fuerza dentro de mi boca. Siento como su esperma golpea repetidamente mi paladar. Tu esperma caliente provoca una locura de placer en mis pensamientos al tiempo que se estremece de nuevo repetidamente. Sigo moviendo mi boca sobre su polla, sintiendo como su esperma caliente golpea contra mi lengua. El blanco de su esperma empieza a escaparse de mí, recorriendo su polla hasta llegar al escroto. Sigo sin parar de mover mi boca, entreabierta para dejar correr su elixir mezclado con mi saliva. Poco a poco, mis embestidas se van deteniendo, igual que las convulsiones sufridas por él, mi benefactor del placer por una tarde, por una fantasía. Todo ha terminado. No, todavía no. Quiero sentirle dentro de mí.




Me pongo sobre él, poniendo sus brazos extendidos a cada lado de su hermoso cuerpo. Totalmente desnudo y preparado para sentir el placer de mi cuerpo, el calor de mis entrañas. Mientras le observo, me voy situando encima de él, quiero cabalgar sobre su cuerpo, sobre su polla. Cojo su polla caliente aún empapada de esperma con mi mano, y bajo lentamente mi cuerpo hacia ella. Siento el roce de su polla en mi cuerpo, el suave tacto de su piel. Bajo un poco más, notando como presiona en mi cuerpo, como quiere entrar en él. Algo se abre para él, algo para nuestro placer. Poco a poco, siento como entra dentro de mí, como me inunda, produciéndonos una oleada de placer. Mi polla refleja su sombra sobre sus abdominales, sobre su cuerpo empapado por el calor producido en horas de placer. Mi cuerpo sigue bajando sobre su polla, haciendo que entre cada vez más dentro de mí. La suelto, está dentro de mí y ya no puede escapar. Detengo la entrada de su polla en mí. Durante unos segundos eternos, desplazo mis manos por todo su cuerpo, recreándome en su pecho de hombre. Lo acaricio, acaricio con mis dedos sus pezones. Siento la sexualidad fluir en ellos. Continúo bajando mi cuerpo un poco más, metiendo casi toda su polla dentro de mí. Gime de placer cuando mi polla roza sus abdominales suavemente. Gimo de placer cuando siento el final, cuando siento que toda su polla está dentro de mí, inundándome por completo. Nos quedamos inmóviles, degustando el suave placer del calor humano, del amor entre hombres. Me inclino y apoyo las manos sobre el suelo, junto a su cabeza. Me acerco lentamente, hasta que mis labios sienten la furia de sus suspiros. Nos besamos frenéticamente. Mis movimientos sobre su cuerpo son sutiles, sentidos en toda su extensión por la unión de dos cuerpos, por el frenesí de nuestra pasión. Cabalgo lentamente por un mundo de placer, degustando cada subida y bajada, cada entrar y salir de su polla en mi cuerpo. Me inclino hacia atrás, cabalgando libremente por el placer. Un placer doble, el calor que me invade con cada bajada y el roce de mi polla en su cuerpo con cada subida. Sus suspiros se vuelven palabras, pidiéndome que cabalgue cada vez más rápido, cada vez con más locura. Siente el final. Siento el principio. Mi boca ha llegado hasta sus oídos, guiados por la necesidad de susurrarte, de hablarte. Pero ya no existen las palabras. Las palabras se han vuelto besos en una locura de amor, suspiros desesperados de amantes ardientes, pequeños mordiscos desenfrenados de placer… Siento como se estremece cada vez que nuestros cuerpos se juntan, cada vez que mi polla roza su cuerpo hasta que eyaculamos de nuevo, los dos juntos en una canción de placer. Siento de nuevo el calor de su esperma dentro de mí, siente la lluvia de mi esperma sobre su cuerpo. Me tumbo sobre su cuerpo, quedándonos pegados por el semen derramado entre nuestros cuerpos. Todo ha terminado, pero es el principio de una gran aventura de amor.



YoNoLoDiGo


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(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)


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La iglesia de la deshomosexualización


El siguiente relato es de la casa.


La iglesia de la deshomosexualización

La fiesta era un puto desastre. Anita se había traído a todos sus amigos gays, desde los que hiciera en el instituto hasta sus compañeros de trabajo actuales y todos los que le había dado tiempo a conocer en casi esas dos décadas fuera de ambas instituciones. Y yo no podía quejarme porque los había invitado por mí, para que me animara. Así que había mucho niño mono pero ninguno solo, cocacola para todos y panchitos pa comer. Y yo echaba de menos a mi osito que me había dejado hacía una semana, para meterse por culpa de su hermana en una secta donde pretendían curarle su homosexualidad. (Sí, hijo, sí. Esas cosas aún existen). Lo que más me jodía no era que se hubiera dejado convencer, porque al fin y al cabo, tardara unos días o unos años, acabaría volviendo al redil. Lo que me jodía es no poder hablar con él. Su hermana le había quemado el móvil. La muy zorra había hecho una hoguera con todos los regalos que le había hecho a mi osito en nuestros seis años de relación, en el portal de mi casa. Me había llamado desde el móvil de Guillermo y me había pedido que me asomara al balcón, para empezar a tirar nuestras cosas al fuego en cuanto asomé la cabeza, y lanzando por último su iPhone. Y Guillermo ni lloraba ni nada. Me miraba como con lástima, como si le diera pena, pero la pena equivocada.

Siempre he sabido que la hermana de Guille está un poco tocada. Da un poco de miedo que ahora, en la era de la información, los tarados tengan tan fácil encontrar otros locos para formar asociaciones de desquiciados.
Pues bien. Mi Anita me había montado una asociación de locas de lo más diverso, pero todas comprometidas o casadas.

- No es culpa mía - decía la muy puta. - Hay una epidemia de culos monógamos.

Quería que me liara con una pareja, para que dejara de pensar unos minutos en mi oso, y había creo que tres o cuatro dispuestas a compartir lecho (mi lecho, que la fiesta era en mi casa) conmigo. Pero yo no estaba de humor.

Entonces apareció Tasio, mientras sonaba Miranda, y me dieron ganas de morirme.

- ¿Qué hace este aquí? -le pregunté a Anita, mosqueado.

Ella se encogió de hombros mientras me pasaba el canuto.

- A mí no me mires. ¿Te queda vodka?

Tasio era el ex de Guillermo y durante toda nuestra relación había estado presente, como una sombra. Yo no había cruzado ni cuatro palabras con él, no lo conocía y no tenía razones de peso para odiarlo pero siempre que aparecía notaba como saltaban chispitas entre mi oso y él. En el fondo siempre sospeché que Tasio me lo arrebataría. Ahora, viéndolo ahí plantado en medio de mi salón, tan impecable, tan guapo, tan aseado, que la zorra de la hermana de mi oso lo hubiera encerrado en un sitio donde le obligarían a guardar celibato ya no me parecía tan terrible.
Le pedí a Anita que se ocupara de Tasio porque yo no estaba dispuesto a hacer el papel del perfecto anfitrión y ella se le colgó del brazo como si lo conociera de toda la vida.

Poco después, y mientras sonaba Vetusta Morla, Anita se fue a vomitar la pizza y Tasio tuvo la excusa para acercarse a incordiar.

- ¿Como estás? - me preguntó, con una estudiada mirada de preocupación.
- Borracho - mentí.
- Me refiero a anímicamente. Anita me lo ha contado.
- Anita es una mala puta.
- Y le huele el aliento.
- No te metas con ella, cabrón. Es mi mala puta y no eres quien para aborrecerla más que yo.

Tenía la esperanza de parecer borracho de verdad diciendo aquellas gilipolleces.

- ¿Como estás? - volvió a preguntar, inasequible al desaliento.
- Hecho una mierda y con ganas de dinamitarles la iglesia, pero lo llevo mejor de lo que esperaba.
- ¿Donde lo tienen?
- En la calle Montera.
- ¿Está allí ahora mismo?
- No lo sé. ¿Por qué?

Tasio me sonrió y por un momento me olvidé de que lo odiaba.

- Porque vamos a sacarlo de allí.

...


Pedimos un taxi y nos metimos los tres detrás. La idea de ir a rescatar a Guille con su ex era atrayente y yo estaba desesperado. Anita se apuntó porque estaba beoda. Ahora que lo pienso, dejé mi casa sola y llena de desconocidos. De todas formas no me robaron nada. Creo que me la limpiaron, pero me refiero a limpiar de sacar brillo a las cosas, poner el lavavajillas y hacer las camas.

No estoy muy seguro pero creo que Anita, que se había sentado entre nosotros dos, le estuvo metiendo mano a Tasio todo el trayecto.

El taxi nos dejó a la entrada de la calle Montera. Tasio tuvo el detalle de pagar la carrera y yo de fijarme en su paquete y efectivamente, no hay maricón que no se ponga con un buen roce aunque se lo dé una borracha.

Enfilamos para la Iglesia de la deshomosexualización sin tener aún un plan. Yo no me veía trepando hasta las ventanas del modernista templo del encoñamiento heterosexualizador. Tasio al parecer sí tenía un esbozo de plan.

Había un portero muy mono y muy exmaricón que nos dijo que nos marcháramos de inmediato. Tasio le explicó un rollo de que Anita era una antigua novia de Guillermo, que antes de caer en las malas tentaciones homoeróticas había estado con tías, y veníamos a ver si lo recuperábamos para la sociedad. El portero no se dejó convencer tan fácilmente por lo que Tasio pasó al plan de ayuda, superando a las de Zapatero, cuando sacó la cartera y le plantó sobre la mesa dos billetazos de quinientos euros. Al portero los ojos le hicieron chiribitas, posiblemente pensando en los consoladores que podría comprarse con esa pasta.

- Habitación 512, como los Levis –dijo, cogiendo el dinero. –Está pasando la capilla.

Corrimos por los pasillos del convento antipollas y nos plantamos en un santiamén ante la habitación vaquera.

Tasio llamó a la puerta. El corazón me iba a cien por hora.

- ¿Quién es a estas horas? –se oyó la voz de mi osito con el típico deje histérico de quien hace más de siete días que no folla.
- Guille, soy yo, Tais. Abre la puerta.
- ¿Tais? ¿Qué haces tú aquí? –preguntó mi osín, pero sin abrir.
- Vengo a sacarte de aquí. Esto es una locura, Guille. Tú eres un hombre de verdad y los hombres de verdad no se acuestan con mujeres para aparentar.
- Toma ya –solté.
- ¿Quién está contigo? ¿¿Pablooooooo??

Tasio me dio una patada por joderla y Anita de pronto se puso a potar en un ficus.

- ¡Abre, Guille! –gritó Tais.
- Ya no me llamo Guille –dijo mi oso, que parecía conmocionado pero no abría la jodida puerta.
- ¿Te has cambiado de nombre?

Por fin abrió, puso los brazos en jarras y dijo:

- Ahora soy Manolo. Es mucho más varonil.
- Venga ya –le dijo Tais. – Conozco a catorce o quince Manolos a los que les gusta ensuciarse las rodillas y seguro que tú también.

Yo estaba completamente horrorizado. Guillermo se había afeitado su barbita. Mi querido oso ahora parecía una comadreja.

Tais lo apartó de un empujón y se coló en la habitación. Anita y yo fuimos detrás.

- Tenéis que iros. Los maricones y las putas tienen prohibida la entrada –dijo Guillermanolo, a quien Anita nunca le había caído muy bien.
- No nos iremos sin ti.
- Del barco de Chanquete no nos moverán- apoyó Anita, abriendo una neverita de hotel que había junto a la cama de Guille en busca de algo que contuviese alcohol.
- Ya no soy gay. Lo he dejado.
- Eso no se deja, cariño –dijo Tais. – Eso se es hasta la muerte.
- Entonces prefiero morir.
Tais me miró, buscando ayuda, pero yo estaba todavía en estado de shock.

- Entonces no te importará que haga esto –y Tais se abalanzó sobre mí y me besó.

Guillermo puso cara de oso de verdad, de oso enfadado, pero se controló.

- Ya no me gustan los hombres. Ya no me gusta mi novio. Ya no me gustan los hombres. Ya no me gusta mi novio.

Mientras Guillermo repetía su mantra Tais me besaba, cada vez más apasionadamente, y pronto dejé de luchar y me entregué a sus labios.

- Ya no me gustan los hombres. Ya no me gusta mi novio.
- Es que ya no es tu novio. Cambia la cinta, pringao –dijo Anita, que sólo había encontrado cerveza.
- Tú, mujer. Ven aquí –gritó Guille.




Anita dio un traspiés. El tono de Guille había sido tan masculino, tan enérgico y vigoroso que se le hizo el coño un charco.

- Lo que tú digas, Manolo.

Tais parecía haber olvidado que intentábamos que mi oso volviera conmigo porque mientras me besaba me atrajo hacia él con las dos manos en mi trasero. Noté su polla contra la mía y le comí la boca con ansia.

Guillermo agarró a Anita y le metió la lengua hasta la faringe, mirándonos de reojo. Cuando vio como Tais me atraía hacia sí, hizo lo propio con Anita, que se había puesto el chip de cerda y le restregaba las tetas contra el pecho.

Tais llevó una mano hasta mi bulto y empezó a magrearme el rabo por encima del pantalón, sin dejar de comerme la boca, a lo que Guille respondió yendo un paso más allá, metiéndole la mano a Anita por dentro del pantalón y por los gritos que empezó a emitir la tía, también por dentro de las bragas.

Tais vio entonces la oportunidad de poner a Guillermo entre la espada y la pared. Se puso de rodillas y me bajó los pantalones y pegó la nariz a mi slip, a la altura de mis cojones. Inspiró profundamente y miró de reojo a Guillermo, que sin dudarlo se agachó, le bajó los pantalones a Anita y le olió las bragas a la altura de la raja mientras ella le cogía del pelo toda salida y le empujaba la nariz contra su coño.

Entonces Tais me bajó el slip y pegó la mejilla a mi miembro erecto esperando la reacción de Guille. Guille le arrancó (literalmente) las bragas a Anita y empezó a comerle el coño como un desesperado. Anita abrió las piernas y empezó a pegar unos gritos de escándalo. Tais me dijo:

- Nos lleva ventaja.

A lo que respondí empujando la polla hasta plantar el glande entre sus labios. Tais le hizo un traje de saliva a mi verga con su boca caliente y experta mientras Guille se ahogaba de caldos. Yo miraba de cuando en cuando y no veía que a mi oso comadrejil le estuviera dando mucho asco hacer aquello. A ver si la iglesia de los cojones me lo iba a convertir de verdad.

Como no ganaba nada preocupándome por el día de mañana empecé a arremeter contra la insondable embocadura de Tais y él le hizo sitio a mis embates con una mirada de agradecimiento. No hay nada que le guste más a un mamón que le llenen toda la boca de chicha.

Así permanecimos por espacio de unos deliciosos minutos hasta que Guille, fuera de sí, tiró a Anita sobre la cama, se sacó la tremenda polla que tan bien conozco y empezó a follársela como un cabrón.

- ¿No será heterosexual y nos ha engañado todos estos años? –dijo Tais.

A lo que respondí tirándome en la cama junto a Anita y abriéndome el culo a dos manos.

Tais me lo comió un rato mientras la polla de Guille atravesaba a Anita a escasos centímetros de su oreja y cuando me vio preparado me plantó un vergajo descomunal del que mi oso no me había comentado nada en el entrada de mi culito y empujó despacio, todo un detalle, hasta que mi cuerpo se lo tragó enterito.

Entonces Tais comenzó a darme tralla poco a poco, mientras Guille sudaba a mares sobre Anita, a la que se follaba incansablemente como si llevara haciendo aquello toda la vida. Anita tenía los ojos en blanco y berreaba de gusto y Guille le daba polla, zaca, zaca, sin parar, una y otra vez, al tiempo que le mordía las tetas.

A mi me costó un poco empezar a disfrutar con la tranca de Tais pero una vez que me hice a su tamaño el placer fue indescriptible. En algún momento el metisaca de Tais y Guille se acompasó y follamos los cuatro en un engranaje perfecto, hasta el punto que Guille y Tais sacaron las pollas y se corrieron a la vez, uno sobre las tetas de Anita y el otro me echó la lechada en los labios mientras yo me corría también sintiendo todavía el culo lleno aunque ya no lo tuviera dentro y recibiendo su leche en mis labios como un divino manjar.

¿Os imagináis como acabó la cosa?

Tais y yo estamos saliendo y Guillermo, contra todo pronóstico, se ha casado con Anita y lleva una vida de pura y feliz heterosexualidad. Manda cojones.


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