Showing posts with label relatos gays. Show all posts
Showing posts with label relatos gays. Show all posts

El psiquiatra


(El siguiente relato es de la casa)

El psiquiatra

Fabio se recostó en el diván y cerró los ojos mientras Robert, su psiquiatra, cerraba la puerta con pestillo.

- ¿Qué tal la semana? –preguntó Robert, con aire distendido.
- Como siempre. Mucho trabajo y poco sosiego. ¿La suya?
- Muchos pacientes, no puedo quejarme.
- ¿Alguno como yo?
- Absolutamente ninguno.

En realidad, Fabio ya no era paciente. Hacía meses que no necesitaba seguir viendo a Robert, (de hecho el psiquiatra ya no le cobraba las visitas), pero ambos mantenían el ritual porque les resultaba muy placentero.

- Bueno, cuéntame. ¿Has vuelto a tener uno de tus inquietantes sueños?
- Esta semana he tenido tres.

Fabio escuchó como Robert se sentaba en su sillón y sonrió, sabiendo que lo que acababa de decir no podía complacer más al médico.

- Empieza por el primero. Cronológicamente.
- Bien. En el primer sueño yo no era una persona.
- ¿Y qué eras?
- Una enorme polla. Un descomunal falo de cinco pisos de altura.
- ¿Un falo con la textura de un dibujo animado, como aquella otra vez?
- No, no. Esta vez soñaba con la textura de la realidad. Yo era una polla descomunal, de hecho creo que era la polla de Marcelo, la primera que mamé.
- Interesante.
- Marcelo era mulato, así que en el sueño yo era una polla mulata y gigantesca.
- ¿Estabas estático, como una montaña?
- No, qué va. Avanzaba por una ciudad, destruyendo todo a mi paso. No sé si mis cojones eran las ruedas, solo sé que me desplazaba a toda velocidad, arruinando las calles, los parques, las farolas, mientras rezumaba leche sin parar, que caía en inmensos goterones sobre la gente que huía desesperada. Era insoportable porque era consciente de que me corría continuamente, de que no podía parar de correrme y sentía el orgasmo en oleadas, subiendo y bajando de intensidad pero presente todo el tiempo. Yo era una polla, así que sentía el orgasmo con todo mi cuerpo. Y avanzaba, y avanzaba, y seguía eyaculando. Entonces me desperté de golpe, como siempre, y comprobé que Juan me estaba haciendo una de sus mamadas. Ya empieza a ser un hábito. Dice que le despierto porque empiezo a hablar en sueños, súper agitado, y que cuando comprueba que estoy empalmado es superior a sus fuerzas y me la tiene que comer.
- ¿Te corriste al despertar? ¿Te estabas corriendo en realidad?
- No. Bueno, casi. Juan suele centrarse en el glande, insistentemente. A veces tanto rato que no puedo soportarlo. Era una de esas veces.
- ¿Te lo follaste?
- Le metí dos dedos por el culo mientras él me la comía y se lo trabajé a fondo, pero al final me hizo que me corriera sin haberle metido el rabo.
- ¿Cuándo tuviste ese sueño?
- El miércoles pasado.
- ¿Después de nuestra consulta?
- Claro.
- Cuéntame el siguiente.
- El siguiente fue a la noche siguiente. Estaba en casa de mis padres, atrapado en la mesa de cristal del salón.
- ¿Atrapado en la mesa? ¿Como dentro de una caja de cristal?
- No. En realidad estaba atrapado en el cristal. Algo parecido a cuando haces el muerto boca arriba en una piscina, pero en lugar de agua, a mi alrededor estaba el cristal de la mesa. Yo formaba parte de la mesa. Pero yo era yo, tenía mi cara y mis brazos. Quiero decir, que yo no era una mesa con conciencia, no era como lo que pasaba en el sueño de la polla gigantesca, yo era yo mismo… atrapado.
- Comprendo.
- Entonces veía aparecer un grueso miembro sobre mi cara inmovilizada. No veía a su dueño, aunque el rabo sí podía verlo bien. Y la mano que lo pajeaba lo hacía a dos centímetros de mi boca. Aquel tío se me iba a correr en la cara, pero yo quería que se corriera en mi boca. Quería meterme esa polla entre los labios pero no podía moverme. Sacaba la lengua para llegar pero no conseguía tocarla. Entonces se corrió en mi nariz. Pude sentir el contacto de su semen caliente contra mis fosas nasales. Me embriagué de su olor, y recogí lo que pude con la lengua. El hombre se retiraba y en su lugar aparecía otro, con un nabo gigantesco, venoso, y empezaba a masturbarse sobre mí, pero lo hacía distinto al anterior. Pensé que era fabuloso, que debía estar soñando y que no quería despertar. Entonces empezó a pegarme con el cipote en las mejillas. Yo seguía sin poder moverme pero ya no me importaba. El tipo desplazaba la polla por toda mi jeta y cuando pasaba cerca de mi boca intentaba darle una lamida, aunque era difícil. Supe que se iba a correr, vi como se ponía en tensión, me pregunté cuando había visto yo a un tipo como ese desde esa posición para poder fijarme tan bien en los detalles. Comprendí que lo había sacado de una película porno. Entonces se corrió, y vi un primer plano de uno de sus disparos de leche que pasaba como a cámara lenta por encima de mis ojos para ir a estrellarse en mi frente. Sentí el esperma espeso y caliente en la raíz del cabello.

Fabio pudo escuchar claramente como el psiquiatra se bajaba la cremallera del pantalón. Poco después escuchó el golpe de la hebilla del cinturón contra el suelo. Hoy había tardado un poco más de lo habitual en bajarse los pantalones.

- ¿Qué pasó después?
- Había más hombres esperando su turno. Otra polla gorda y venosa ocupó el lugar de la anterior. Esta vez pude rozar sus cojones con la punta de la lengua. Éste se corrió pronto, sin avisar, a borbotones. La leche rodó inagotable por sus dedos hasta caer directamente entre mis labios. Después vienen dos pollas más, dos tíos se pajean juntos y me riegan a la vez, tengo la cara completamente llena de leche, pero deseo que me llenen la boca de carne. Por fin aparece alguien dispuesto a darme polla, un hombre, difuso como los demás, pero con un falo monstruoso, grueso como jamás lo he visto antes, goteando líquido preseminal. Veo como se acerca a mis labios como un impresionante buque arribando a puerto. Abro la boca. Abro la boca todo lo que puedo. No puedo mover la cabeza, sigo atrapado en la mesa, pero eso lo hace más excitante.

Fabio, que seguía narrando su sueño con los ojos cerrados, sintió de súbito las manos de Robert inmovilizándole la cabeza. Después notó el peso de su cuerpo al subirse al diván y el olor a polla le llenó la nariz.



- Entonces el hombre difuso, el hombre del que no veo más que su monstruoso falo, introduce de golpe aquel miembro goteante en mi boca y lo hunde sin compasión y yo no puedo hacer nada más que tragar...


Y Fabio recibió entonces el manubrio del psiquiatra, que le inmovilizaba la cabeza al tiempo que con un golpe de caderas empujaba la pollaza dentro de una anhelante boca que salivaba, dispuesta.

Durante unos exquisitos minutos Fabio no pudo seguir relatando sus sueños, repleta su boca de una vara de carne que arremetía con ansia y rezumaba precum. Mantenía los ojos cerrados y revivía lo que había soñado, como si siguiera preso en la mesa y no pudiera vez quien le colmaba los morros, pero con la excitación de saberse empotrado sin remedio y sin defensa por el fabuloso rabo de su psiquiatra y la ilusión que le proporcionaba el recuerdo de su sueño de que detrás de la impresionante polla que marchaba adentro y afuera sobre su ávida lengua y entre sus carnosos labios de los que escapaba la saliva hubiera otra esperando, otra de igual calibre dispuesta a vaciarse en su garganta… y otra… y otra más. Y aunque sabía que hoy debería contentarse con solo aquella, la sensación de que los sueños húmedos se le hacían realidad le hizo sentir una de las mejores excitaciones de su vida.

Por su parte, hacía unos dos meses que Robert había instalado cámaras en su consulta. Primero puso solo una, pero después del visionado de la primera sesión grabada con Fabio, quien no sabía nada del asunto, decidió poner cuatro más. Ahora, mientras embestía contra la cara de Fabio y sus huevos chocaban contra la barbilla del paciente, imaginaba lo que estaba grabando cada cámara y hacerlo lo excitaba mucho más. La cámara oculta entre los libros de la estantería estaba grabando sus envites desde atrás, por lo que luego, durante la semana, podría verse a si mismo las veces que quisiera, sus blancas posaderas en contraste con sus morenas piernas empujando, bombeando rítmicamente en la boca de Fabio, aunque esa parte, su poderosa polla follándose la cabeza inmovilizada, la mostrarían las imágenes tomadas por otras dos cámaras a ambos lados del diván y quizá la de la lámpara del techo. Luego podría recrearse viendo tantas veces como quisiera como su imponente miembro entraba y salía una y otra vez de aquella boca sumisa, bañado, colmado de saliva. De hecho sacó un momento el miembro, lo colocó sobre la nariz de Fabio, restregó un poco el glande y lo levantó despacio, haciendo un pequeño puente con la saliva, pensando en las imágenes que luego vería simultáneamente en los cinco televisores gigantes que había instalado en su sala de estar. Después dio unos golpecitos ensalivados contra las mejillas de Fabio midiendo cuidadosamente el ángulo.

- ¿Y qué hizo después el hombre difuso?- preguntó al paciente, aprovechando que le había sacado la verga de la boca y así podría responderle.
- Me folló la boca como un cabrón hasta ahogarme en un mar de leche.


Ir a la lista de Relatos




Otros Blogs de la casa

Tiarros +18








Tiarros









! Gay Porn Tube







Only You



Only You
Autor del relato: José


Cuando puedo usar el subterráneo, lo prefiero al auto, tiene un atractivo adicional. En las horas de mayor afluencia si uno se coloca bien, siempre se viaja con un paquete incrustado en el culo. Si se tiene la habilidad suficiente con las manos se puede llegar a poseer un armamento durante minutos y si uno mira a los ojos de los propietarios las caras de boludo que ponen son incomparables. Es mejor que un “glory hole!!!”.

Sábado a la noche. ¿Qué atractivo puede tener un vagón en el que se pueden encontrar asientos vacíos y espacio de sobra?

En la línea que yo viajo se encuentran varios clubes, a la hora que yo salgo 9 a 9.30 pm, los días sábados se llena de poderosos ejemplares que regresan a sus casas luego de una intensa tarde de deportes. Para mí es tan bueno como un galería de fotos.

Ese sábado subí y me senté. Delante mío, dos metros de humanidad, estaban sentados indolentemente, en jogging azul con cierre subido hasta la garganta, dos metros abría sus piernas, un bolso con raquetas descansaba en el piso .La primera ojeada era prometedora la tela del jogging se aplastaba al cuerpo y mostraba sugerentes contornos , duros largos y elásticos. Subí la vista, manos de gruesos dedos suavemente velludas descansaban lánguidamente, torso ceñido por la campera permitía suponer una fuerza en expansión . Recién salido de la ducha algunos pelos húmedos se pegaban a su cabeza y su nuca. Piel dorada del sol, cabellos castaños bronce eran el fondo de una prolija y recortada barba imitando el descuido, pero a la moda. Nariz regular, cara angulosa y traviesos ojos marrones completaban el conjunto. Dos metros apoyaba su cabeza en la pared del coche y se estiraba cuan largo era.

El ring tone de un celular, estilo trompeta sonó, dos metros lo miró, sonrió y atendió. A través del traqueteo escuché.

-Hey, amor, te esperaba, voy a casa ¿nos vemos? -

Afortunada la mina que estaba del otro lado, pensé. Dos metros parecía muy solicito. Observe, su mano derecha jugaba con el cierre de su jogging descubriendo un armonioso cuello que acarició mientras seguía hablando.

-Oye dulce ¿Qué extrañas de mí?-

Yo extrañaría , las caricias de tus manos conteste mentalmente. Dos metros seguía jugando con su cierre, mientras lo subía y bajaba , logre adivinar el comienzo de su pecho , el vello que lo cubría y la fuerza de sus músculos. Suspiré mientras oía.

-Ya sabes lo que me gusta hacerte ¿Qué me harías tú a mí?-

Desnudarte ya mismo, mi imaginación corría rápido. El cierre del jogging seguía bajando. Lo que había adivinado estaba a la vista pero no a la mano, por la mitad del pecho de dos metros comprobé que no tenia nada abajo, solo un revoltijo de músculos y pelo se ofrecían generosamente y no para mi sino para ella.

-¿Así que harías eso, como?

Violentamente, agregue. Dos metros siguió bajando el cierre, el dibujo que realizaba su pelambre comenzaba a achicarse en la medida que llegaba a su cintura. Dos metros introdujo su mano en dirección a sus ocultas tetillas ¡quien pudiera ser mano! Pensé.

-¿Seria algo suave o brusco?-inquirio. –Suave... ¿que tan suave?

Su mano subía y acariciaba delicadamente sus tetillas.

Levantó la mirada, yo lo evite no podía competir con la voz que suponía del otro lado. Volvió a bajar sus ojos y pude seguir observando.

Dos metros ya no simulaba, para mi placer y mi fastidio, se acariciaba todo el cuerpo, mire entre sus piernas abiertas como la tela se levantaba y temblaba, sentí que entre las mías sucedía lo mismo. Un suspiro casi un gemido, salio de mi boca. Al levantar los ojos me di cuenta que en la próxima estación debía bajarme. Me incorporé, dos metros me siguió con la mirada cuando nuestros ojos se encontraron me hizo un guiño cómplice, me sentí incomodo ¿estaría alardeando?, me sonrió, contesté mecánicamente, miré sus pantalones que seguían igual. Me bajé.

Esa noche dos amigos que celebraban su primer año de convivencia nos habían invitado a Pablo y a mí al teatro y a cenar, es decir fue Pablo quien organizó todo y realmente el tema no dejaba de preocuparme. Quiero mucho a Pablo pero sé que el busca provocar situaciones que no me interesan .Es un cercano amigo por quien siento mucho respeto, inteligente, buen conversador, pero nada sexual me une a él, salvo el recuerdo de tontas caricias sobre nuestros pantalones que terminaron en débiles erecciones. Sin embargo era persistente y la noche se prestaba a que lo fuera.

Luego del teatro y de la cena, me levanté con la intención de volver a mi casa, Pablo me retuvo de la mano y propuso ir a bailar a un boliche. Mis amigos aceptaron con entusiasmo. Mire disimuladamente el reloj, el show de travestis debía estar terminando, la opción era clara bailar o bailar .Pablo me sonrío yo levanté el dedo como advertencia y sin decir nada enfilamos hacia el auto de la pareja.

Al llegar bajamos las escaleras la voz de Gloria Gaynor nos recibió:



As long as i know how to love
I know I will stay alive
I've got all my life to live
I've got all my love to give
and I'll survive
I will survive

Desde la cabina Guido el DJ me reconoció y al estilo romano me saludo con el pulgar derecho para arriba, agite mi mano. Nos sentamos y cuando nuestros amigos salieron a bailar, Pablo me propuso lo mismo ,esa noche Guido estaba ochentoso y cuando nos vio bailar lo incrementó , yo me empecé a mover al compás de la música pero vigilando a mi amigo y sus manos. Luego de un rato varias parejas abrazadas nos rodearon , yo seguía bailando suelto, de repente sentí una mano en mi espalda, me dí vuelta unos ojos marrones traviesos me escrutaban era dos metros, pantalón negro, remera negra escote en V ajustada,

-Hola ¿me reconoces? Nos vimos en el subte.-

Guiño pícaramente mientras despegaba de su pecho a un bellísimo baby face rubio dorado. Ella del subterráneo, era él, del boliche, respondí aparentando despreocupación,

-Si, me acuerdo ¿estabas hablando por el celular?

-Con él-respondió acariciando a baby face.

Tratando de ocultar mi sorpresa mire a Pablo, conozco su gustos más secretos, el rubio debía ser una fiesta para él y su cara lo demostraba, baby era el más alto impacto que podía recibir. Empezamos a conversar trivialidades, mi amigo ya al comando de la situación, sugirió.

-¿Tomamos algo?-

Ante la respuesta afirmativa, miró a baby face y atacó.

-¿Me acompañas?-

Baby face muy divertido se despego de dos metros y lo siguió. Quedamos solos en la pista.

-¿Cómo te llamas?-

-Máximo ¿y tú?- Mientras le respondía, me divirtió lo adecuado de su nombre .Guido que había seguido todo el operativo desde la cabina cambio la música. Al escuchar el comienzo, supuse que o estaba loco de nostalgia o se estaba burlando de mi “Only You“ de los Plateros comenzó a sonar:

ONLY YOU CAN MAKE THIS WORLD SEEM RIGHT
ONLY YOU CAN MAKE THE DARKNESS BRIGHT.




-¿Quieres bailar?- Se apresuró Máximo. Asentí y lo deje hacer, no estaba muy seguro. Colocó sus manos en mi cintura, yo le rodeé su cuello con mis brazos, desde la cabina Diego levantó su pulgar derecho. No me pareció tan grandote:

-¿Cuanto mides?-Susurré.

-20 por 4 o 5 según- Susurró a su vez.

Me atraganté, me separé de él y añadí

-No ¿de estatura?- -Esta vez se atragantó él.

-1.85, Pero yo me refería a….-

-Sí, ya lo sé, te calculé en el subte. -Respondí mientras reclinaba mi cabeza en su hombro y el bajaba la suya y la pegaba a mi mejilla.

ONLY YOU AND YOU ALONE
CAN THRILL ME LIKE YOU DO
AND FILL MY HEART WITH LOVE FOR ONLY YOU.

-Tu amigo quiere robarme el novio- Murmuró.

-¿Tiéne posibilidades? - Respondí.

--No lo creo ¿te importa?-

-Es solo un amigo -agregué. Sus brazos me ciñeron más la cintura, su cuerpo se unió al mío, apoyó contra mi abdomen sus duros 20, mientras con sus labios recorrían la línea de mi cuello. Me deje ceñir mas aun por sus brazos mientras una elástica y hábil pierna acariciaba mi excitada bragueta , en minutos la situación tenía un vuelco insospechado. La música me aturdía pero sonaba lejana.

ONLY YOU CAN MAKE THIS CHANGE IN ME,
FOR IT´S TRUE, YOU ARE MY DESTINY.
WHEN YOU HOLD MY HAND,
I UNDERSTAND THE MAGIC THAT YOU DO

Era magia indudablemente. Máximo pegó su boca a mí oído y urgido:

-¿Vamos al baño?

-No -respondí mientras alzaba mi cabeza y miraba a un Guido sonriente y su cabina. Me separe de Máximo, le tome la mano y lo llevé hacia la música.

-¿Qué quieren? – Nos recibió.

-La cabina- respondí.

-Están locos -Contestó mientras apagaba las luces – No rompan nada –Agregó -Me comprometen -chilló.

-Tú eres inocente, pobre – le contesté.

Guido puso en automático el equipo y afirmó.

-Sean rápidos. -No respondimos. Cerró la puerta y se encaminó al bar. Alcancé a divisar a Pablo y a baby face, se estaban besando. Distinguí el ritmo del rap Miker G & Dee Jay Sven:

We took a holiday with all our friends.
It was a time to relax and let your worries behind

Exactly seven weeks or something crossed my mind.
It was the shine of the time we never forget

One morning our parents kicked us out of our beds.
We told them it was stupid
don't play the fool

But the answer was short: you gotta go to school!

Maximo se sacó la remera, bajó sus pantalones, yo me saqué la camisa y solté mi cinturón. La violencia que había supuesto en el subterráneo nos envolvió en el abrazo desesperado que nos dimos, me mordió, lo mordí, se quejó, me quejé, apoyó su pija desnuda en mi abdomen desnudo, coloqué la mía entre sus piernas y el compás de nuestro rap hizo el resto. Gimiendo y besándonos a la débil luz del equipo obedecimos por calentura las ordenes de Guido, acabamos al unísono, él mojándome en abundancia mi abdomen, yo colocando mi leche entre sus fuertes piernas. Exhaustos nos quedamos abrazados.

-¿Que hacemos? -Preguntó Maximo.

-Por esa escalera hay un baño – Respondí, adivinando lo que me preguntaba.

Nos limpiamos y volvimos a las mesas, Pablo y baby face nos estaban buscando, no parecían muy felices.

-¿Vamos?- Dijeron al unísono. Máximo me miró rápidamente, yo asentí.

-Si, es tarde-

Salimos a la calle nuestros amigos se habían ido, en silencio esperamos un taxi. Comenzó a llover, Buenos Aires de madrugada y con lluvia es un desafío para mí, decidí caminar, Pablo se acercó:

-¿Puedo ir a tu casa? –

-Si pero quiero caminar primero y si vienes a dormir será como dos bebés.-

-Mejor me voy a casa – respondió y volvió a la parada de taxis.

Levanté el cuello de mi anorak, empecé a caminar. La lluvia mojó mi cara. La ciudad despertaba. Un taxi paso a mi lado, Maximo y baby face me saludaron riéndose, dos metros me miró y le tiré un beso. Me acordé de Guido el DJ, desde el fondo de los tiempos recordé una canción:

Ciao ciao bambino
un bacio ancora e poi per sempre
ti perderò
come una fiaba l'amore passa
c'èra una volta poi non c'è più
cos'è che trema sul tuo visino
è pioggia o pianto
dimmi cos'è


vorrei trovare parole nuove
ma piove piove sul nostro amor.


José


Ir a la lista de Relatos

Lista de relatos participantes en nuestro concurso


Relatos participantes en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay y sus autores:

  • El reencuentro / Autor: tatojimmy
  • La sauna / Autor: YoNoLoDiGo
  • El Webcam de Iván / Autor: Miró
  • El ciclista recién depilado / Autor: Max
  • Habitación 417 / Autor: david
  • Amígdalas deliciosas / Autor: Pehuenche
  • Todos los comienzos son difíciles / Autor: Antonio Marti VERA
  • La pared invisible / Autor: YoNoLoDiGo


  • Mañana sabréis quién de ellos se lleva el iPod Shuffle. Como suele decirse, se lo merecen todos, pero sólo uno puede ser el ganador.

    In the navy



    IN THE NAVY
    Autor: coconut
    Blog: CANDENTE!


    Los marineros del Comando General de la Armada tienen unos de los más cachondeantes uniformes del mundo, particularmente en verano cuando utilizan el blanco, con pantalón, remera y gorro haciendo juego, los amo!!!

    Hace años, antes de que el barrio “Ciudad Vieja” (Mvd – uy) se pusiera de moda y el “Mercado del Puerto” explotara de popularidad, La Rambla del Puerto no estaba tan iluminada y la playa de contenedores no era tan grande; en esa época la parte que hoy está llena de contenedores estaba vacía y a la izquierda del Comando General de la Armada había un puesto de vigilancia con marineros cuidando la entrada y la salida de esa parte del puerto; como todo trabajo de vigilancia debería tener noches de total aburrimiento, juego de cartas, llamadas a los 0900 y muchas horas de mirar pasar los autos y camiones por la rambla. A mí siempre me fascinaron los uniformados, me parecen tan cachondos, viriles y representan el ideal de hombre que me gusta… Esa noche de octubre estaba aburrido, harto de más de lo mismo y bastante excitado por los primeros calores que anticipaban un verano incandescente! Sin pensarlo dos veces salí a la calle a buscar acción, algún macho alzado con ganas de ponerla en el primer agujero que se le cruce, pero no encontré ninguno y los que estaban en la calle no eran de mi tipo; continué caminando hasta percatarme que estaba cerca del puerto y sentí el llamado de la osadía, del placer ferviente y el deseo, una de mis más requeridas fantasías y fue así que me dispuse a encarar a algún marinero del puerto con esos uniformes blancos inmaculados!

    Al llegar al puerto me enfrenté a las puertas de entrada, llenas de marineros vigilando la entrada, la discreción debía ser mi aliada para conquistar ese tesoro, por lo que decidí caminar cerca del muro y esperar que algún marinero aburrido de estar en su puesto de vigilancia salga a caminar por el muro, a fumar un cigarrillo o simplemente a sacarse el aburrimiento de alguna forma.

    La noche recién comenzaba, faltaban horas para el amanecer y yo estaba dispuesto conseguir mi cometido, solo aceptaría un SI como respuesta y agotaría todos mis recursos a la hora de conseguirlo… Luego de una hora salió uno y pensé: ¿¡¡¡que hago para que me dé bola!!!? – lo saludé a la distancia y me correspondió el saludo – no son inaccesibles – pensé (gracioso pero cierto) y un torrente de adrenalina me dio las fuerzas para continuar el encare, pero no tuve éxito; a los pocos minutos entró a su puesto de vigilancia y no salió más.

    No van a poder conmigo!!! susurré a la nada y emprendí la marcha hacia la entrada principal del Comando; pasé frente al arco enorme y suculento, lleno de poder y virilidad donde muchos entran pero pocos salen… (ja ja ja)
    Al costado hay otra entrada mas discreta y poco vigilada, unos metros más adelante se encontraba un puesto de vigilancia para nada precario, hasta lindo inclusive… en la puerta dos marineros sentados mirándome sin habla, “¿qué hace este civil a estas horas solo por acá?” es lo mínimo que pensarían… yo ya estaba harto de esperar y ese era mi combustible para el encare y los saludé con la mano, ellos saludaron, seguramente estarían más aburridos que yo y me acerqué a hablarles, al cabo de unos minutos nuestras miradas lo decían todo, SEXO! ardiente, apasionado, salvaje, bestial… “aburrida la noche…” se animó a decir uno, esa fue la señal, lo que estaba esperando para encarar, mis próximas palabras definirían todo, serían decisivas y tenían que si o si terminar en un garche!

    yo.- “habrá que hacer algo para matar el aburrimiento”
    marinero #1.- “…”
    marinero #2.- “y… sí, la noche es larga…”

    yo.- “demasiado y aburrida”
    marinero #1.- “habrá que hacer algo, tengo un afrecho de semanas”

    yo.- “eso tiene solución”
    marinero #2.- “¿no querés pasar y atender al compañero?, está necesitado…”

    yo.- “yo lo que necesito es chupar una buena pija”
    marinero #1 y #2.- “ja ja ja”

    marinero #2.- “invítalo a pasar, no seas mal educado con el muchacho”
    marinero #1.- “ja ja ja… ¿querés pasar?
    yo.- “¡por supuesto!”

    marinero #2.- “deja algo para mí…”
    marinero #1.- “ja ja ja”

    Entramos, el lugar estaba súper limpio y prolijo; estaba en la marina, otra cosa no podía esperar.
    Nos dirigimos al baño y sin hablar él se bajó el pantalón blanco y me miró sonriendo de costado y yo me arrodillé a entretener a quienes vigilan nuestras aguas y alejan los malhechores de las playas.

    Él media un metro setenta y siete, casi de mi altura… pelirrojo con pecas, de pelo corto – obviamente – rasurado a la perfección, con las uñas perfectas, de dedos grandes y robustos, brazos marcados por el trabajo en la sala de máquinas de la fragata y espalda ancha. Completaban al Set un par de ojos grises, una boca carnosa y roja, cuerpo lampiño y una verga y un orto celestiales…

    El piso de baldosas blancas estaba fresco, olía a brisas del mar salpicado con estrellas marinas y su pija sabía a delicias del bosque con frutas de la huerta.
    Dura y rozagante, erecta y firme esperaba que mis labios la besaran y mi lengua la humedeciera, me la metí de a poco en la boca mirando como gemía de placer, es que ese macho no había sentido esta sensación en meses y estallaba de calentura; cuando sus huevos chocaron con mi mentón él no pudo frenar un temblor de placer que le contrajo todos los músculos y exclamó casi sin aire “¡fua que chupada!”

    Enseguida se incorporó lleno de virilidad, me puso una mano en la nuca y con suavidad me ayudaba moviéndome la cabeza, marcándome el camino y sugiriendo qué hacer y cómo hacerlo…

    marinero #1.- “eso, así… mete lengua, mete lengua”
    marinero #1.- “que divino, cuanto hacía que no me hacían una mema”
    marinero #1.- “vamos, chúpala toda, sin lástima, hasta el fondo dale”
    marinero #1.- “así, así con ganas, dale, chócate con las bolas, dale”
    marinero #1.- “ah… mmmmhhhh… como me gusta, ah…”
    marinero #1.- “¿quien te enseñó a chupar tan bien? hay que darle una medalla”
    marinero #1.- “cómo trabaja esa boquita”
    marinero #1.- “chupe chupe chupe, así así así, vamos toda adentro, sin lástima”
    marinero #1.- “eeeeeso, me gusta cuando me obedecen, eh putito! te guuuusta!”




    Y así durante una hora le chupé la pija sin parar, los labios los tenia hinchados de tanta matraca!
    Pero no iba a parar, ver y sentir como gozaba ese macho no tenía precio, para todo lo demás existe master card…!

    marinero #1.- “¿a ver ese, como está ese culito?” – Plaf! (palmada)
    marinero #1.- “aaaahhh, esta alcancía pide monedas a gritos, eh!”
    marinero #1.- “¿entregas el culo?”
    yo.- “si machote, te entrego todo lo que quieras”

    (ja ja ja)

    marinero #1.- “ah, hijo de puta te gusta la joda, eh!”
    marinero #1.- “ponete en 4 que vas a ver lo que es estar con un marino”
    marinero #1.- “mostrame la colita, así… trala para atrás mamita, seeee así, que divino”
    marinero #1.- plaf! (palmada)
    marinero #1.- “a ver, te gusta esto?”

    y me apoya la cabeza de la pija en una nalga y me pega palmadas con ella
    plaf plaf plaf, me sonaban las nalgas cada vez que chocaba esa terrible verga en mi cola.

    marinero #1.- “bueeeno, vamo a poneeerla…”

    Se puso un forro, se escupió la mano y lubricó la verga y con las dos manos me abrió las nalgas y me escupió en la puerta del ojete… no hay nada mejor que esa sensación; sentir cuando se estrella la saliva de un macho en tu ojete es un tsunami de placer!

    Sin soltarme las nalgas y moviendo la cadera me colocó la cabeza de la pija en la puerta del ojete y me exclamó “¡que polvaso me voy a pegar!”
    y comenzó a puntear de a poco pero firme, como diciendo “¡acá mando yo!” y me fue entrando de a poco con cada punteo un poco más adentro, cuando estuvo un poco más de la mitad adentro paró, me soltó las nalgas, me pegó una palmada y me agarró de la cintura y la metió sin vacilar hasta el fondo

    yo.- “aaahhhh, hijo de puta me partiste el orto!”
    marinero #1.- “¡no jodas que te gusta puto!”
    marinero #1.- “¡buscaste, ahora aguanta!”

    La cojida tomó un aire de tormenta! con las manos me agarró firme de la cintura y se afirmó y comenzó a bombear cada vez más fuerte; el placer comenzó a mezclarse con dolor y el morbo se apoderó de la situación, cada tanto disminuía las embestidas como buscando mi aprobación y al ver que no lo frenaba retomaba con más fuerza la cojida… El macho estaba pegándome una de las mejores cojidas y estábamos gozando como nunca.

    marinero #1.- “¿¡putaso donde queres la lechita!?
    marinero #1.- “¿¡en la boquita, hijo de puta!?”
    marinero #1.- “¿¡te gusta en la trucha, eh…!? – PLAF!!! (palmada)
    marinero #1.- “¡cómo te gusta puto, como te gusta mmmhhhh! – aaahhhhhh!”

    Luego de un rato, me sacó la pija del culo, se sacó el forro y comenzó a pajearse y me acabó en la cara

    marinero #1.- “¡aaaaaaahhhhh!!!!!!!”
    marinero #1.- “¡mmh-h-h-h-hhhhh!!!!!!!!”
    marinero #1.- “¡uuujjjjhhhhmhhhhh!!!!!!!!!”
    marinero #1.- “¡que polvo, la puta madre!”

    Y así sin más palabras nos lavamos, nos despedimos y me fui, dejando contento y bien atendido a un marinero de nuestro Comando General de la Armada.-


    coconut


    ¡Visita el blog del autor!











    ¿Quieres ser colaborador de la página?

    Si escribes relatos eróticos de temática gay y te interesa publicitar tu blog o simplemente publicar algo tuyo en esta página, envíanos tu relato a esta dirección: relatogay@gmail.com




    Ir a la lista de Relatos

    Tenía que pasar

    El siguiente relato es de la casa.


    Caminaba hacia la casa de la colina, aquel caserón enorme y en sus tiempos destartalado que había sido testigo de mis primeros romances y algún que otro escarceo sexual. Ahora lo habían reformado y ya no se podía entrar como antes ni recorrer sus habitaciones sin puertas, pasear por sus suelos decorados con colchones raídos ni leer las pintadas de las paredes que hombres desconocidos iban dejando cada verano. Ahora volvía a ser un hogar para alguien. Ya no era un picadero. Y en cierta forma había perdido parte de su encanto.

    Me gustaba pasear por allí de vez en cuando, y admirar los acantilados, como cuando era niño y lo hacía acompañado. Me gustaba hacer todo el sendero, desde la cala hasta las ruinas romanas, que ahora también estaban valladas y habían perdido todavía más encanto que el caserón. Me parecía un atentado contra mi adultez. De crío había sido mucho más libre, preguntándome como habría sido vivir en esas construcciones de las que solo quedaba un dibujo de la estructura de cuarenta centímetros de piedra en el suelo y alguna columna partida por el medio. Lo verdaderamente mágico era pensar en ello mientras pisabas el mismo suelo que habían pisado ellos, no observar los caminitos de piedra desde la barrera, negándote la posibilidad de reivindicar que tú sí eres respetuoso con las ruinas y metiéndote sistemáticamente en el saco de los indeseables.

    Casi en el lugar donde acababan las ruinas, lo ví. Estaba sentado sobre una roca y contemplaba el pasado con la mirada perdida en el vacío. Debía tener mi edad. Era guapo pero parecía no saberlo, y estaba triste.

    Y estaba al otro lado de la valla.

    - Hola -saludé.

    Tardó un poco en mirarme, como si le hubiera costado volver al presente.

    - Hola -dijo. Y mantuvo entonces su mirada sobre mí, quizá demasiado tiempo, analizándome, considerándome o vete tú a saber qué.

    Después se puso de pie y se disculpó por haber pisado las ruinas.

    - No, no soy del ayuntamiento -aclaré. - ¿Cómo has entrado? ¿Saltando?
    - Hay un túnel.
    - ¿En serio?
    - Detrás de esos arbustos.

    Miré y, efectivamente, entre las zarzas había una escalera que se adentraba hacia el subsuelo. Me recordó vagamente a algo que había visto en Perdidos.

    - ¿Es seguro? -le pregunté al chico de mirada triste.
    - Tiene muy bajo el techo pero no se te caerá encima.

    Bajé entonces por aquellas escaleras escavadas en la roca, caminé a tientas en la casi total oscuridad de aquel túnel estrecho, y salí a la luz, al otro lado, con ayuda del desconocido, que tenía unas manos fuertes pero la piel muy suave.

    - Bueno, ya estoy aquí –dije, algo incómodo.

    Nos quedamos mirándonos sin saber muy bien qué decir, hasta que el chico me tendió la mano.

    - Fulgen –dijo, presentándose al más puro estilo de serie americana. – Fulgen Ramis.
    - Pep Font –dije yo, contento de volver a tocar su mano. - ¿Vienes mucho por aquí?
    - Hacía tiempo que no venía. ¿Tú?
    - Una vez cada dos meses, aproximadamente. Este lugar me tira.
    - A mí también.
    - De niño solía pasarme aquí todas las tardes.

    La cara de Fulgen se iluminó al oírme decir eso.

    - ¿Cuántos años tienes?
    - Veintinueve.
    - Yo treinta. Y también venía de crío. Igual nos vimos por aquí.

    Pensé que si hubiera visto antes a Fulgen me acordaría de él.

    - ¿Subiste alguna vez a la casa de la colina? –le pregunté.
    - ¿Bromeas? Me pasaba allí la mayor parte del tiempo –dijo, volviendo a sentarse en la roca.

    Me senté a su lado.




    - A mí también me gustaba. Una vez hasta me quedé a dormir allí con unos amigos.
    - Yo venía con mi hermana y nos inventábamos historias truculentas sobre el pasado de la casa, hacíamos la ouija y… bueno, a veces traíamos a todos nuestros amigos y simplemente, jugábamos al escondite.
    - Qué raro que no nos cruzáramos –dije. - ¿Eres de la isla?
    - Can Picafort. ¿Tú?
    - Pollença. ¿Sabes quien vive ahora en la casa?
    - Ni idea. Pero la han dejado preciosa.
    - Me pregunto si talaron el roble del jardín de atrás.
    - Joder. Recuerdo perfectamente ese roble. Yo escribí mi nombre en él.
    - Empieza a sonar a cachondeo, pero yo también escribí mi nombre en el tronco del roble.
    - ¿Sabes? Podríamos presentarnos en la casa, llamar a la puerta y decir que queremos ver el roble. Que es parte de nuestro pasado común.
    - Lo más seguro es que nos manden a la mierda. Hagámoslo.

    De camino al caserón estuvimos hablando un poco de nuestras vidas. Fulgen estaba soltero y sin compromiso, y después de hablarme un rato de cuando tuvo “pareja” (sin referirse a su sexo) llegué a la conclusión de que él también entendía. Yo le conté que hasta hacía una semana tenía novio pero nos habíamos peleado y ahora estábamos tomándonos un descanso.

    - ¿No te daba miedo venir tanto por la casa? –le pregunté en cierto momento, cuando ya nos aproximábamos a la verja.
    - ¿Miedo?
    - Bueno… Estaba hecha un cristo. Había jeringuillas y condones, maletas destrozadas y harapos por todas partes, y todo olía a pis de gato.
    - Era una casa abandonada. Tenía el aspecto que debía tener. Además, me obsesionaban las pintadas de las paredes.
    - A mí también.
    - Todas esas alusiones sexuales. Hombres que dejaban apuntados los horarios a los que iban a la casa para hacer mamadas a otros hombres desconocidos. Yo no estuve con nadie hasta los diecisiete, así que el sexo tenía un halo tan misterioso e inexplicable que me mataba a pajas solo de imaginar lo que pasaría en esa casa cuando yo no estaba. Recuerdo que cuando tenía catorce años leí una pintada en la única puerta que quedaba en su sitio.
    - La del baño de arriba.
    - Alguien decía que quería conocer a alguien especial para enamorarse. Dejaba hasta su número de teléfono. Copié aquel número y lo guardé durante años sin atreverme a llamar.

    Se me pusieron los pelos de punta. En cuanto lo dijo me acordé de que el mensaje era mío. Lo había olvidado por completo.

    - ¿Recuerdas el número?
    - Nueve-Siete-Uno, ochenta y nueve… Sé que terminaba en catorce, pero…
    - Es mi número. Bueno, el número de casa de mis padres.

    Fulgen paró en seco y me miró, no sé si con desconfianza o solo estupefacción.
    Y entonces, inesperadamente, me abrazó y fue como cerrar un círculo, como encontrar una respuesta. Descubrir que la vida, a veces, puede ser mágica.


    Continuará…


    Otros Blogs de la casa

    Tiarros +18








    Tiarros









    ! Gay Porn Tube








    Ir al siguiente capítulo


    Ir a la lista de Relatos

    Tienes hasta el 21 de Septiembre




    Participa en nuestro Concuso de Relatos Eróticos y llévate un iPod Shuffle.

    Estos son los relatos que hemos recibido hasta la fecha.

  • El Webcam de Iván
  • El ciclista recién depilado
  • Habitación 417
  • Amígdalas deliciosas
  • Todos los comienzos son difíciles
  • La pared invisible

  • Échales un vistazo y si crees que puedes hacerlo mejor, envíanos tu relato.


    Lee las bases aquí.

    Date prisa. Tienes sólo hasta el 21 de Septiembre.

    Ponte en marcha y participa :)





    Ir a la lista de Relatos

    Ir a las Bases del Concurso


    El Webcam de Iván


    El Webcam de Iván

    Autor: Miró


    Así es... sé que todo el mundo quería saberlo, para él fue tan... explosivo, que no pudo contener su emoción de contarlo, y ya puesto, que lo sepa todo el mundo. Esta es la historia de cómo me follé a Iván.

    Estaba en casa, acababa de llegar del curro, cansado, caliente y con la polla ya dura. Me conecté al Messenger como de costumbre, y apareció él. Un chico, realmente no sé qué edad tiene, no es nada del otro mundo, pero le gusta mostrarse por la webcam. Hacía tiempo que no le veía conectado, y ese día entró. Creo que también iba cachondo…

    Eran las tantas de la noche y me empezó a hablar, o soltar indirectas, lo típico, vamos… y me puso la cam. Normalmente se iba con el portátil al cuarto de baño, se tumbaba al suelo y enfocaba a la polla mientras se pajeaba. Todo cutre. Esta vez fue mucho mejor, dentro de lo poco cutre que pueda ser hacer esto por la cam, claro. Esta vez estaba en su habitación, con buena luz sobre él y cómodo, de pie. Nada más conectarse la webcam le vi el torso delgadito pero fuerte. Se cruzó de brazos y se le marcó un bíceps que no esperaba, me sorprendió verlo tan hinchado, no estaba acostumbrado a verlo las otras veces. Ahí mi polla ya se fue animando bastante más. Entonces empezó a tocarse por delante, por los lados, por detrás, por fuera y por dentro. Sus manos llegaron a la polla y la movían debajo de sus pantalones anchos del pijama. Luego se dio la vuelta y fue bajando el pantalón para mostrarme el culo que él mismo había soñado que yo me follaba una vez. Y me entraron ganas de follármelo de verdad. Un culo redondo, bien formado, terso, tenso, no sé, un culazo. De esos que te apetece agarrar bien con las dos manos.

    El calentón iba a más y más, él seguía provocándome por la webcam y yo ya no podía aguantarme. Me saqué la polla, la vi tan roja y tan llena de poder que me escupí en la mano y empecé a hacerme una paja. Iba tan cachondo que me corrí rápidamente mirándolo. Luego le dije que era muy tarde y que tenía que madrugar y me fui a dormir más a gusto que pa'qué.

    Al día siguiente se volvió a conectar por la tarde y la conversación no fue otra cosa que insinuaciones sobre lo de anoche. Tardé poco en sentir que mi polla empezaba a palpitar de nuevo recordando lo de la noche anterior. Pero esa tarde estaba dispuesto a más.
    Después de varias indirectas, quedamos.

    Sí, quedamos. Nunca nos habíamos visto en persona, pero ya tocaba, además iba súper caliente. Fui a su casa y me lo encontré solo con los pantalones del pijama, yo le pregunté que qué hacía con ellos si aun era pronto, pero su respuesta solo fue una buena palpada a su paquete, como diciendo "mira lo que tengo aquí… y lo chulo que queda con estos pantalones". Tenía la polla tan dura que la mía se empalmó tan pronto como lo vi. Le puse la mano encima del paquete y nos fuimos a su habitación.

    Le vino justa cerrar la puerta cuando le cogí de los brazos que tan cachondos me habían puesto la otra noche y lo puse cara a la pared. Me acerqué tanto a él que mi polla estaba aplastada en su culo. Y le encantaba. Me la saqué, le bajé los pantalones y empecé a pajearle mientras mi polla se frotaba en su gran culo redondo. Lo notaba duro, y me ponía súper perro. Empecé a chuparle la oreja y ahí estaba, gimiendo al no poder moverse y sentir el placer de mi lengua húmeda y caliente recorriendo su nuca, de oreja a oreja. Mi mano derecha pajeándole y mi mano izquierda haciendo fuerza en la pared para apoyarme.




    Entonces paré y le di la vuelta. Iba tan cliente que me agaché sin darle tiempo a reaccionar y metí su polla en mi boca, hasta el fondo, de golpe. Empecé a chupársela como si estuviera muerto de hambre y él se encogía de placer. Su polla era de esas que miran al cielo y no dan la vuelta porque se topan con la barriga, si no, estaba tan dura que habría salido volando. Gorda por abajo y algo más delgada en la punta, pero bonita. Tan bonita que me apetecía comérmela un buen rato. Mi boca echó tanta saliva como pudo y yo babeaba comiéndosela. Notaba como su polla caliente daba golpes en mi boca debido a la excitación.

    Así que paré, no quería que se corriera todavía. Me levanté, le comí la boca un rato mientras la acariciaba el culo y él me agarraba la polla masturbándome. Notaba cómo se me pegaba, ansiaba que me lo follara, y yo no iba a defraudarle. Nos estuvimos besando hasta que las lenguas no podían más, entonces volví a darle la vuelta. Se quedó cara a la pared y de espaldas a mí abriendo un poco las piernas para que mi polla se colocara debajo de su culo y estiro los brazos hacia la pared para apoyarse. Pero no le dejé. Le empujé hacia la pared dejando el espacio mínimo para que mi mano pudiera hacerle un buen pajote.

    La primera palabra que dijo durante todo ese largo y caliente rato que llevábamos la dijo en ese momento. Métemela. Le dije que no. Aun no…

    Volví a como estábamos al principio, le agarré la polla, la apreté con la mano derecha y empecé a tocársela, subiendo y bajando la mano, acariciándola con suavidad, tocándole el capullo. Notaba que hervía en mi mano. Estaba tan caliente como yo.
    Volvió a decirme que me lo follara. Y no pude aguantar más. Seguí pajeándole arrinconándolo a la pared y con mi mano izquierda y un poco de saliva, fue preparándole el culo. Lo tenía bien estrecho y tan caliente como la polla. Aunque con mi masaje pronto conseguí que entrara un dedo. Me arrodillé sin dejar de pajearle y le lamí le culo hasta que mi lengua entró en ese agujero que palpitaba por mí. Con la mano izquierda lo agarraba y lo apretaba, me encantaba su culo. Se lo chupé un poco para que quedara bien húmedo, y me levanté cuando noté que se impacientaba.

    Sí… había llegado el momento, sin pensármelo más, apreté su polla, él se estiró por la impresión y mi polla entró hasta casi la mitad.
    La saqué y volví a meterla, esta vez hasta el fondo. ¡Zas! Respiró tan hondo que por un momento me preocupé, pero la fui sacando lentamente hasta la punta y sin dejar que saliera empujé hacia adentro de nuevo. Estuve metiéndosela lentamente un rato y me ponía cachondísimo notarlo tan caliente pegado a mí.

    Mientras le besaba la espalda y no dejaba de pajearle fui acelerando el ritmo. Cada vez más rápido. Parecíamos animales en celo, pero fue brutal. Teníamos tantas ganas acumuladas que el momento había llegado y lo estábamos aprovechando a tope.
    Llegó un punto que mi polla no podía entrar y salir más rápido y mi mano tampoco podía acelerarse más en su polla. Quería correrme, solo faltaba un detalle…

    Apreté su polla, le lamí la oreja y le apreté su cuerpo contra el mío con el brazo izquierdo al tiempo que su respiración se entrecortaba y algo espeso y muy, muy caliente salía de su polla impregnando mi mano y mojando la pared entera. Su corrida fue tan placentera que yo no tuve tiempo a sacar mi polla, la metí hasta el fondo y mi leche salió disparada dentro de su culo. Él la notó y volvió a gemir. Y yo me puse aun más cachondo escuchando su respiración.

    Le tenía apoyado en mí, con la mano izquierda le acariciaba el torso, con la derecha la polla suavemente y mientras, le besaba en la boca. Mi polla estaba mojada por mi corrida cuando la saqué de su culo que goteaba lefa.
    Estábamos cansados, exhaustos, sudados y nos metimos en la ducha.


    Miró

    (Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)

    Ir a la lista de Relatos

    Mi hermano Pepo




    El siguiente relato es de la casa.


    Mi hermano Pepo

    Nos habíamos quedado solos viendo la tele. El novio de mi hermano se había ido a la cama, muerto después de un duro día de trabajo, visitas de la familia, cena abundante y alcohol. Mi mujer también se había ido a dormir y nuestra madre se había ido con unas amigas al karaoke. Así que estábamos solos, Pepo y yo, viendo la tele en silencio. Pepo tiene veinticinco años y es gay desde que tiene uso de razón. Yo le llevo dos, y soy hetero desde los trece.

    - ¿Te acuerdas de cuando nos hacíamos pajas en la cama? –le pregunté a Pepo, de improviso.

    Mi hermano sonrió. Creo que hasta se puso un poco colorado.

    - Había goteras en tu habitación –dijo Pepo.
    - Sí, aquel espantoso invierno.
    - Y nos pusieron a dormir juntos.
    - Una semana.
    - Y nos hicimos pajas todas las noches.
    - Tú a mí y yo a ti.

    Guardamos silencio durante un rato. Pero hacía mucho tiempo que quería preguntarle lo que le pregunté a continuación.

    - ¿Me deseabas?

    Pepo me miró a los ojos y asintió con la cabeza.

    - ¿Y ya habías estado con chicos? –nunca habíamos hablado del pasado. Me animaba ahora porque, de pronto, de unos años a esta parte, hablar de esas cosas con tu hermano homosexual ya no estaba mal visto.
    - Había hecho lo mismo que hice contigo con un compañero de clase, pero poco más. Bueno. A él le hice una mamada. Mi primera mamada…

    Aunque Pepo no lo supiera él había llegado al punto donde quería llegar yo al iniciar nuestra conversación.

    - ¿Y no te quedaste con ganas de…? Ya sabes…
    - ¿De hacerte una mamada a ti?
    - Eso.
    - La verdad es que cuando arreglaron las goteras cogí una buena depre, pero suplí tu falta con… otras cosas. Y sí, hubiera dado lo que fuera por poderte hacer una mamada. Cosas de críos –y se encogió de hombros.

    Seguimos viendo la tele. En cierto momento me estiré para bajar un poco la intensidad de la lámpara halógena. Pepo me miró, divertido.

    - ¿Quieres crear una atmosfera acorde con la conversación?
    - Dime una cosa.
    - Dispara.
    - Has dicho que supliste mi falta con otras cosas.
    - Ajá.
    - ¿Qué otras cosas?
    - Huff, quizá resulte embarazoso.
    - No creo.
    - Bueno… sabía exactamente dónde guardabas las revistas porno. Dos o tres veces por semana esperabas a que todo el mundo estuviera durmiendo –aquí hizo una pausa y me miró con cierta intensidad, como diciéndome que no había cambiado mucho en todos estos años – y te metías en el cuarto de baño, y ahí te pasabas a veces hasta dos horas dándote caña.
    - Sí… -dije, con cierta nostalgia.
    - Yo miraba por la cerradura.
    - No jodas.
    - Cada bendita vez. La cerradura daba justo en el water, a la altura de tu polla. No podía estar mejor medido. Y mientras te masturbabas dentro, yo lo hacía en el pasillo.
    - Nunca hiciste ningún ruido.
    - No podía arriesgarme a destruir nuestras sesiones. El día más humillante de mi vida fue cuando mamá se levantó y me estuvo observando cosa de cinco minutos antes de encender la luz del pasillo. Me hice un ovillo en el suelo, pillado infraganti, como si así fuera a hacerme invisible a los ojos de mamá.
    - No me enteré de eso. ¿Cómo es posible?
    - Estarías muy ocupado con tus impulsos onanistas. En fin, mamá me cogió del brazo, me llevó a la cama y me echó una pequeña bronca sobre la privacidad. Luego se fue a dormir y tú apareciste quince minutos después, recién corrido, supongo. Yo juré que jamás volvería a espiarte, pero el impulso era demasiado fuerte, y a la siguiente vez que te oí levantarte y sacar las revistas del doble forro del baúl, ya estaba de nuevo dispuesto a aposentarme tras la puerta.
    - Vaya, vaya. Así que te estuviste divirtiendo a mi costa.
    - Cosa bárbara.




    Fijamos nuestras miradas en el televisor. Yo no sé si pretendía solo mantener una conversación caliente o estaba intentando conscientemente calentar a mi hermano gay, pero en cierto momento dejé caer una mano sobre mis pantalones y me acaricié el miembro un poco. Pepo fingió que no lo había visto.

    Recordar aquellos tiempos había despertado el adolescente que todos llevamos dentro, y saber que lo que me proponía estaba prohibido (los dos estábamos comprometidos) y que en la casa estaban nuestras parejas, que podían despertar en cualquier momento, lo hacía más excitante. Aún faltaba que Pepo quisiera morder el anzuelo, cosa que no estaba nada clara. Yo descubrí, por mi parte, que si por mí fuera ocurriría, cuando la verga se me puso tiesa como pocas veces en mi vida. Pepo siguió haciéndose el despistado y yo me repasé todo el vergajo arriba y abajo por encima del pantalón. Pepo miraba obstinadamente hacia el televisor. Quise creer que con el rabillo del ojo seguía mis movimientos pero no podía estar seguro. Así que cogí el mando a distancia y apagué la tele. Pepo me miró entonces a los ojos. Yo le pregunté con la mirada y finalmente él asintió despacio con la cabeza. Pensando que si no actuaba pronto mi hermano podía cambiar de opinión, me abrí los pantalones con premura y me los bajé, acompañados del slip, hasta los tobillos. Mi polla salió a recibirlo totalmente enhiesta. Verme de nuevo desnudo delante de mi hermano me hizo excitar aún más, hasta el punto de creer que sería capaz de correrme sin que Pepo me la hubiese tocado todavía. Pepo se arrimó a mí, pero en lugar de ir directo hacia mi rabo cogió el polo por los costados y me lo sacó por la cabeza, dejándome el pecho al descubierto. Después me acarició los abdominales, las tetillas y los brazos. Se recolocó en el sillón para poder poner su cara contra la mía, y la enterró luego entre mi hombro y mi cuello, aspirando mi aroma.

    - Hueles muy bien –susurró.
    - Tú también –dije, y para mi sorpresa la voz me salió ronca. La excitación y el ansia por continuar podían conmigo.

    Mi hermano me besó el cuello, me chupó el lóbulo de la oreja derecha y me fue repartiendo besos hasta llegar a la comisura de la boca. Ahí se detuvo esperando mi aprobación. Yo nunca había besado a un hombre, pero este hombre era mi hermano y besarlo no solo me parecía lo adecuado, sino que sólo de pensarlo me recorrió como una corriente eléctrica por toda la polla, así que abrí la boca y recibí sus labios primero, probando la suavidad de los míos, y luego su lengua, buscando la mía y enzarzándose ambas en una lucha de placer.

    Sentía el latido de mi verga, tan fuerte que me sorprendía que no hiciera hasta ruido. Necesitaba que se la metiera en la boca ya. Pepo viajó hasta mi oído y me dijo:

    - ¿Quieres que te la coma?

    Asentí con la cabeza, porque sabía que la voz no me saldría.

    Pepo bajó entonces hasta mi miembro, tan hinchado y palpitante que no lo reconocía como mío. En cuanto lo tocó sentí que la corrida era inminente. No iba a soportar mucho más. Entonces su mano aferró mi miembro para medir su tamaño y sus labios besaron el glande y vi el cielo. Sin pensar en lo que hacía cogí su cabeza y le introduje toda la polla entre los labios, incapaz de soportar que hiciera las cosas despacio. Pepo, sorprendido, tragó a fondo. Comprendió que yo no aguantaría mucho más y empezó a recorrer todo mi falo arriba y abajo, frenéticamente, ayudado por mis manos que guiaban el movimiento de su cabeza. Pronto mi verga quedó cubierta de su saliva. Pepo mamaba, mamaba, mamaba, y yo le ayudaba con arremetidas de la pelvis y sin dejar que se la sacara de la boca. Mi hermano tenía una cabida brutal, se comía todo mi falo, que mide unos 18 y es muy grueso, hasta la base, y aún podía regar con su saliva el principio de mis huevos en cada acometida. Yo, por mi parte, tenía los sentidos embotados. La mamada era cojonuda, pero lo que me ponía a mil era que me la hiciera él, que mi hermano pudiera cumplir una de sus fantasías de adolescencia, y, qué cojones, también yo.


    Otros Blogs de la casa

    Tiarros +18








    Tiarros









    Ir a la lista de Relatos