Así es... sé que todo el mundo quería saberlo, para él fue tan... explosivo, que no pudo contener su emoción de contarlo, y ya puesto, que lo sepa todo el mundo. Esta es la historia de cómo me follé a Iván.
Estaba en casa, acababa de llegar del curro, cansado, caliente y con la polla ya dura. Me conecté al Messenger como de costumbre, y apareció él. Un chico, realmente no sé qué edad tiene, no es nada del otro mundo, pero le gusta mostrarse por la webcam. Hacía tiempo que no le veía conectado, y ese día entró. Creo que también iba cachondo…
Eran las tantas de la noche y me empezó a hablar, o soltar indirectas, lo típico, vamos… y me puso la cam. Normalmente se iba con el portátil al cuarto de baño, se tumbaba al suelo y enfocaba a la polla mientras se pajeaba. Todo cutre. Esta vez fue mucho mejor, dentro de lo poco cutre que pueda ser hacer esto por la cam, claro. Esta vez estaba en su habitación, con buena luz sobre él y cómodo, de pie. Nada más conectarse la webcam le vi el torso delgadito pero fuerte. Se cruzó de brazos y se le marcó un bíceps que no esperaba, me sorprendió verlo tan hinchado, no estaba acostumbrado a verlo las otras veces. Ahí mi polla ya se fue animando bastante más. Entonces empezó a tocarse por delante, por los lados, por detrás, por fuera y por dentro. Sus manos llegaron a la polla y la movían debajo de sus pantalones anchos del pijama. Luego se dio la vuelta y fue bajando el pantalón para mostrarme el culo que él mismo había soñado que yo me follaba una vez. Y me entraron ganas de follármelo de verdad. Un culo redondo, bien formado, terso, tenso, no sé, un culazo. De esos que te apetece agarrar bien con las dos manos.
El calentón iba a más y más, él seguía provocándome por la webcam y yo ya no podía aguantarme. Me saqué la polla, la vi tan roja y tan llena de poder que me escupí en la mano y empecé a hacerme una paja. Iba tan cachondo que me corrí rápidamente mirándolo. Luego le dije que era muy tarde y que tenía que madrugar y me fui a dormir más a gusto que pa'qué.
Al día siguiente se volvió a conectar por la tarde y la conversación no fue otra cosa que insinuaciones sobre lo de anoche. Tardé poco en sentir que mi polla empezaba a palpitar de nuevo recordando lo de la noche anterior. Pero esa tarde estaba dispuesto a más. Después de varias indirectas, quedamos.
Sí, quedamos. Nunca nos habíamos visto en persona, pero ya tocaba, además iba súper caliente. Fui a su casa y me lo encontré solo con los pantalones del pijama, yo le pregunté que qué hacía con ellos si aun era pronto, pero su respuesta solo fue una buena palpada a su paquete, como diciendo "mira lo que tengo aquí… y lo chulo que queda con estos pantalones". Tenía la polla tan dura que la mía se empalmó tan pronto como lo vi. Le puse la mano encima del paquete y nos fuimos a su habitación.
Le vino justa cerrar la puerta cuando le cogí de los brazos que tan cachondos me habían puesto la otra noche y lo puse cara a la pared. Me acerqué tanto a él que mi polla estaba aplastada en su culo. Y le encantaba. Me la saqué, le bajé los pantalones y empecé a pajearle mientras mi polla se frotaba en su gran culo redondo. Lo notaba duro, y me ponía súper perro. Empecé a chuparle la oreja y ahí estaba, gimiendo al no poder moverse y sentir el placer de mi lengua húmeda y caliente recorriendo su nuca, de oreja a oreja. Mi mano derecha pajeándole y mi mano izquierda haciendo fuerza en la pared para apoyarme.
Entonces paré y le di la vuelta. Iba tan cliente que me agaché sin darle tiempo a reaccionar y metí su polla en mi boca, hasta el fondo, de golpe. Empecé a chupársela como si estuviera muerto de hambre y él se encogía de placer. Su polla era de esas que miran al cielo y no dan la vuelta porque se topan con la barriga, si no, estaba tan dura que habría salido volando. Gorda por abajo y algo más delgada en la punta, pero bonita. Tan bonita que me apetecía comérmela un buen rato. Mi boca echó tanta saliva como pudo y yo babeaba comiéndosela. Notaba como su polla caliente daba golpes en mi boca debido a la excitación.
Así que paré, no quería que se corriera todavía. Me levanté, le comí la boca un rato mientras la acariciaba el culo y él me agarraba la polla masturbándome. Notaba cómo se me pegaba, ansiaba que me lo follara, y yo no iba a defraudarle. Nos estuvimos besando hasta que las lenguas no podían más, entonces volví a darle la vuelta. Se quedó cara a la pared y de espaldas a mí abriendo un poco las piernas para que mi polla se colocara debajo de su culo y estiro los brazos hacia la pared para apoyarse. Pero no le dejé. Le empujé hacia la pared dejando el espacio mínimo para que mi mano pudiera hacerle un buen pajote.
La primera palabra que dijo durante todo ese largo y caliente rato que llevábamos la dijo en ese momento. Métemela. Le dije que no. Aun no…
Volví a como estábamos al principio, le agarré la polla, la apreté con la mano derecha y empecé a tocársela, subiendo y bajando la mano, acariciándola con suavidad, tocándole el capullo. Notaba que hervía en mi mano. Estaba tan caliente como yo. Volvió a decirme que me lo follara. Y no pude aguantar más. Seguí pajeándole arrinconándolo a la pared y con mi mano izquierda y un poco de saliva, fue preparándole el culo. Lo tenía bien estrecho y tan caliente como la polla. Aunque con mi masaje pronto conseguí que entrara un dedo. Me arrodillé sin dejar de pajearle y le lamí le culo hasta que mi lengua entró en ese agujero que palpitaba por mí. Con la mano izquierda lo agarraba y lo apretaba, me encantaba su culo. Se lo chupé un poco para que quedara bien húmedo, y me levanté cuando noté que se impacientaba.
Sí… había llegado el momento, sin pensármelo más, apreté su polla, él se estiró por la impresión y mi polla entró hasta casi la mitad. La saqué y volví a meterla, esta vez hasta el fondo. ¡Zas! Respiró tan hondo que por un momento me preocupé, pero la fui sacando lentamente hasta la punta y sin dejar que saliera empujé hacia adentro de nuevo. Estuve metiéndosela lentamente un rato y me ponía cachondísimo notarlo tan caliente pegado a mí. Mientras le besaba la espalda y no dejaba de pajearle fui acelerando el ritmo. Cada vez más rápido. Parecíamos animales en celo, pero fue brutal. Teníamos tantas ganas acumuladas que el momento había llegado y lo estábamos aprovechando a tope. Llegó un punto que mi polla no podía entrar y salir más rápido y mi mano tampoco podía acelerarse más en su polla. Quería correrme, solo faltaba un detalle…
Apreté su polla, le lamí la oreja y le apreté su cuerpo contra el mío con el brazo izquierdo al tiempo que su respiración se entrecortaba y algo espeso y muy, muy caliente salía de su polla impregnando mi mano y mojando la pared entera. Su corrida fue tan placentera que yo no tuve tiempo a sacar mi polla, la metí hasta el fondo y mi leche salió disparada dentro de su culo. Él la notó y volvió a gemir. Y yo me puse aun más cachondo escuchando su respiración.
Le tenía apoyado en mí, con la mano izquierda le acariciaba el torso, con la derecha la polla suavemente y mientras, le besaba en la boca. Mi polla estaba mojada por mi corrida cuando la saqué de su culo que goteaba lefa. Estábamos cansados, exhaustos, sudados y nos metimos en la ducha.
Miró
(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)
Un sábado de este verano quedé con un ciclista llamado Luis. Llevaba unos días hablando con él, pero nunca encontrábamos un hueco para vernos.
Finalmente, viernes por la noche pasamos un rato hablando por Messenger y decidimos quedar para tomar algo a las 11 de la mañana en un bar cerca de su casa.
Yo tenía que coger coche para llegar a la cita y pillé un camino donde hacían obras y llegué 30 minutos tarde, así que tuve que acompañarle a la depiladora donde tenía hora.
Entré en la sala de espera con él y le atendieron enseguida. Era una mujer sola que se veía que no tenía muchos clientes, así que pedí entrar en la sala donde iban a depilarle.
Observé como se quitaba los vaqueros, los cuales le marcaban un paquete increíble. Debajo llevaba puestos unos boxers azul marinos ajuntados y vi que tenía la polla posicionada hacia la derecha… Dios, que ganas de agarrarla.
A los 2 minutos la mujer tuvo que ir a recepción para contestar el teléfono. Así que quedé solo a su lado. Hice la broma de subirle la camiseta para mirarle el abdomen y tenía muy poco vello. Él riendo se bajo los boxers para enseñarme la polla y luego cuando soltó el elástico, su polla quedo medio afuera… asomándose.
Me excité un montón y él lo notó ya que tuve que ajustarme los pantalones porque se me empinó y me apretaba. Él me agarró el paquete y me lo empezó a masajear.
La mujer seguía hablando por teléfono así que le bajé los boxers y se la empecé a chupar. Él seguía masajeándomela y quise desnudarme allí mismo para que me la pudiera chupar y comerme el culo. Me puse de pie y le pajeaba con una mano y con la otra le tocaba el cuerpo. Saqué su polla y sus huevos a un lado de los boxers y le lamí los huevos y se los chupaba mientras le seguía masturbando. En ese momento él me tocaba el culo y yo notaba como mi polla necesitaba ser liberada de mis calzoncillos para que él pudiera saboreármela.
Escuché como la mujer colgaba el teléfono, así que le coloque los boxers y me volví a sentar. Ella entró y pudo observar que Luis tenía la polla empinada, me miró con cara rara y no pude no reír. Ella acabó su trabajo… de depiladora y yo salí afuera mientras él pagaba.
Cuando Luis salió, me cogió de un brazo y me llevó hasta la entrada de unos apartamentos y me empujó contra la pared y me empezó a besar. Apretaba su cuerpo contra el mío y yo le cogía el culo con fuerza. Su polla dura se apretaba contra la mía. Me abrió la cremallera y me la sacó… Se la metió entera en la boca y sentí una excitación increíble al pensar que alguien podría pillarnos. Me mordía suavemente la polla dándome una sensación de dolor y placer a la vez. Dentro y fuera, mi polla desaparecía en su boca.
Se levantó, se la sacó y se pajeó. Me dio media vuelta y me quitó los pantalones. Me puse de rodillas y me comió el culo. Su lengua salvaje me mojaba entero y sentía saliva correr por mis huevos. Me pajeaba y me metía su lengua en el culo y luego la sacaba, luego volvía a meterla y así sucesivamente. Con dos dedos mojados de su boca, empezó a prepararme para lo que iba a venir. Su polla gorda y dura.
En un momento se paró y sabía lo que me esperaba. Menos mal que se la lubricó escupiéndose en la mano y pasándosela por su polla. Los segundos entre sentir su lengua y luego sentir su verga se hicieron interminables. Quise gozar enseguida de ella y sentir sus cojones pegar con fuerza contra mi trasero. Me folló con rapidez, entraba y salía de mi culo con facilidad. Estoy acostumbrado a recibir por detrás y se notaba que él acostumbraba a dar.
Me pasaba la mano por mi pelo y me mordía la espalda. Cambiamos de postura y me senté encima de él. Él me lamía los pezones, en uno de ellos llevaba piercing y con la lengua jugaba con él.
Iba dando saltos encima de él y notaba como me apretaba. Fregando mi polla por su abdomen mientras tenía su polla en mi culo era increíble. Luis gemía con placer y vi en su cara que le faltaba poco para correrse. Yo subía y bajaba con más rapidez y apretaba mi polla contra él. Sentí como se corría en mi culo. Tensaba su culo contra el suelo para metérmela más a fondo. Tres disparos de riquísimo semen dentro de mí. Quise gritar mientras yo me corría encima de nosotros. Me incliné un poco hacia atrás y parte de mi corrida se disparó sobre su cuello.
Me bajé de la postura y me tumbé sobre unas publicidades del suelo. Me lamió el semen de mi pecho, yo le limpié con mis calzoncillos que habían quedado tirados en el suelo. Los metí en el buzón de un apartamento y nos fuimos a tomar algo refrescante.
Max
(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)
Ya estaba delante del hotel y creía tener claro cómo llegar a la habitación sin necesidad de preguntarle a nadie. Me había enviado un sms en el que me dejaba claro el cómo llegar y las ganas que tenía ya de comerse mi polla. Con la seguridad que siempre me ha caracterizado pasé por delante de la recepción con el típico número de qué voy hablando por el móvil y no me apetece que me molesten. El ascensor ya estaba abierto esperando a que yo llegara, para subirme directamente a mi cita. Así que no dudé, me metí dentro y aproveché para esos últimos retoques de ascensor. Toco rápido en la puerta de su habitación, lo hago muy discreto ya que me dijo que se hospedaba con un grupo de trabajo en el hotel. No vaya a ser que el de al lado esté justo en la puerta y le extrañe una visita a esta hora. Siempre está el típico compañero toca pelotas de un grupo. Las cartas están echadas, ya hemos visto nuestras primeras armas, y aunque él intente disimular, es incapaz de aguantar la mirada. No se parece mucho al de las fotos, se nota que los años han pasado y él intenta seguir siendo el mismo, pero nada más lejos de la realidad. En la segunda frase ya descubro algo que no me gusta demasiado. ¡Tiene pluma!, pero lo peor es que lo que tiene es pluma de niña buena, amable y vendedora de galletas.
Una vez dentro. Quisiera deciros que me tiemblan las piernas, que tengo el pulso acelerado, que estoy empezando a sentir sudores fríos por todo mi cuerpo. Quizás así no estaría tan mal visto como piensan algunos. Pero nada más lejos de la realidad, yo disfruto con esto y si siento alguna de las sensaciones antes descritas, las dejo en la puerta del hotel. No siento que sea yo el que folla con ese tío. En ese momento soy otro hombre, o como a mí me gusta llamarle, en esos momentos soy Furia. Furia es una mezcla de lo peor de mí, casualmente elegí ese nombre de guerra tras unas largas sesiones de juego al final fantasy 7. (Curioso verdad). Pues el caso es que en el juego existe un poder para los personajes llamado Furia, y solo son capaces de usarlo en momentos extremos ya que necesitan sufrir bastante para poder desarrollarlo. Paradójicamente me sentía identificado. He necesitado sufrir mucho para poder desarrollar mi furia hasta el momento de poder controlarla y por eso elegí ese nombre. Siento que está bastante nervioso y eso hace que me crezca aun más. Después de clavarle mi mirada más cachonda un par de veces, rozarlo en repetidas ocasiones, y pegarle una comida de boca contra la pared, pasé con gran chulería y dejándole en pleno calentón a darme una ducha en actitudes chulescas. El baño de la habitación era de mármol travertinos beige, con las piezas sanitarias en blancas. Muy espacioso. Dejé la cortina de la bañera media abierta, mi intención era la de que él se acercara a pedir lo que relativamente en ese momento era suyo. Pero ni con esas, me hablaba desde fuera con el típico respeto que se le tiene a un amigo cuando se está duchando. Eso la verdad que me cortó bastante el rollo, me hizo pensar que con qué clase de tío estúpido me vine a juntar. Como es posible que no deseara comerse mi polla chorreante de agua o como pudo resistirse a contemplar desnudo lo que acababa de comprar. No lo entendía, así que decidir probar con otras técnicas. Al fin y al cabo, yo tenía que conseguir que ese tío rozara el cielo de placer y tenía que conseguir que me idealizara más que a su dios.
Me gusta entregarme al máximo cuando trabajo. Pienso que ellos pagan para conseguir algo que no han conseguido hasta ahora. En la mayoría de las ocasiones simplemente quieren sentirse bien, es curioso, pero hay personas que solo aceptan su homosexualidad delante de un profesional. Para ellos nosotros somos peores que ellos, quizás ellos son maricones, pero nosotros para ellos somos putas, y eso les hace sentir bien consigo mismo. Son mis muñecos manipulables al cien por cien, así que me da igual lo que ellos piensen en ese momento, yo tengo que encargarme de enamorarlos, tienen que sentir una comodidad conmigo que no sientan con nadie, así me aseguraré la idealización y por lo tanto su sumisión. Cuando salí de la ducha y me dirigí hacia la cama, comprobé que ya me esperaba desnudo acostado en ella. Era una persona corpulenta, no era gordo, pero sí muy alto y ancho de espaldas. El pelo lo llevaba en un corte clásico de caballero. No marcaba ningún músculo, pero tampoco marcaba ningún michelín. El pollón estaba muy bien, unos 20cm y acompañado de una gran bolsa de huevos. La verdad es que había tenido suerte. No estaba tan mal, es más, yo creo que me lo hubiera follado igual en otras condiciones. Le pido que se dé la vuelta en la cama, mientras él me observa desnudo. Me dispongo a hacerle un masaje, ya que ha sido lo acordado, un masaje y una mamada. Una vez acostado boca abajo, me subo a la cama por el lado de sus pies y dejando que toda mi polla roce sus gemelos, muslos, y como no, finalmente meterla entre sus ingles, sentarme y ya disponía de toda su espalda para mí. No es que tuviera ganas de hacerle un masaje, pero gracias a eso puedes cobrar un poco más caro el servicio.
Empecé por cuello y espalda, mientras pasaba por brazos. A todo esto yo no paraba de cambiar posiciones para poder dar mejor el masaje y mientras me cambiaba de sitio, procuraba rozarle con toda mi polla por donde pudiera. El no veía mi polla porque estaba acostado boca abajo, y por eso le daba tanto morbo sentir que le estaba rozando con mi capullo. Lo malo de los masajes es que pueden llegar a aburrir, por eso pretendía calentarlo mucho para dejar el tema de lado. Me senté a un lado de la cama, cogí su brazo hacia atrás y mientras le ponía la mano en mi polla que ya empezaba a ponerse empalmada, le hacia el masaje en el hombro. Fue ahí cuando ya empezó a soltarse el tío. Me tocaba la polla como el que toca un trofeo, y no miraba hacia ella, supongo que le daría más morbo imaginar que ver. Terminada de masajear la parte superior del tronco, me fui al culo. La verdad que parecía tener un buen culo follador y eso me daba muchísimo morbo. Le masajeé el culo de una manera muy sensual y acabando con los dedos en la raja de su culo. Con lubricante en las manos le trabajé su ojete. Y mientras, continuaba rozándole la polla por los muslos. Esto hizo que no pudiera más y decidiera dar por terminado el masaje y pasar a la acción. Se incorporó boca arriba y ya vi que tenia la polla como un burro. Aproveché y le metí la mía entre su huevos y simulé que lo follaba mientras le miraba directamente a los ojos y pegaba mi nariz a la suya. Aumenté la respiración mientras todos mis gemidos iban a parar directamente a su boca. El quería besarme pero yo me quitaba cada vez que pretendía intentarlo, para volver a ponerme justo a un centímetro de su boca. Notaba como eso hacía que se excitara cada vez más, hasta que no pudo más y con fuerza me dio la vuelta para dejarme a mi debajo, así se aseguraba acercar su boca a la mía, impidiendo que pudiera escapar de sus besos. Me comió la boca de una manera muy pasional. Chupaba mis labios como si fueran manjares nunca antes probados. Y le encantaba succionar mi lengua dentro de su boca.
Después de la boca pasó al cuello. Personalmente es algo que no me gusta mucho. Me siento un poco mujer mientras me comen el cuello. Y además odio que me dejan marcas, así que con sutileza hago que siga su camino y deje mi cuello en paz. Empieza a comerme los pezones. Comentándome lo que le gustan. Tengo los pezones pequeños y no sé si por morbo o que, llegó a comparármelos con los de un niño. A lo cual yo aproveché para añadir que no de un niño cualquiera, sino de su niño de papá. (La cosa es ponerlos cachondos).
En los abdominales no se centró mucho, casi que solo pasó por delante de ellos. La culpa la tuvo un tatuaje que tengo justo al lado de los abdominales y por encima de la ingle. No es una zona normal para un tatuaje, quizás por eso triunfa tanto el tribal. A mí personalmente no me gusta que me coman el tatú, yo no siento nada, para mí es lo mismo, el morbo visual es para quien lo hace, para mí es como si me chuparas el codo. Por fin llegó a mi polla. Se le nota muy ilusionado, por lo cual, creo que debo mantener esa ilusión y no dejar que se la coma sin más. Uno siempre quiere lo que no tiene. Le pido que me mire, que me da mucho morbo ver cómo me la chupan. Le agarro su boca con la mano mientras le meto el dedo gordo en ella. Así soy yo el que decide lo que se hace ahí abajo. Le acerco su boca a mi polla y le pongo toda la pinga reventada de empalmadera a un centímetro escaso de su boca, prohibiéndole que me la chupara. - Antes quiero ver como la deseas- le digo mientras noto como hace uso de lo poco que puede. Fue listo porque al no poderla chupar optó por aspirar lo máximo posible para que el olor de mi polla le llegara lo más adentro posible. Empecé a rozársela por toda la cara. Ojos, cachetes, nariz, gracias a esto he podido comprobar el poder de una polla. Y el poder de dejarse llevar.
david
(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)
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Necesitaba un momento de mucho relax y, para estas ocasiones, lo mejor son los hombres. Ingresé al chat y comencé a dialogar sobre el tiempo y el frío con un chico de Neuquén que dijo que tenía 20 años, yo tengo 40, con la intención de pasar el rato y nada más. Intercambiamos los mensajeros para poder dialogar en forma privada y el intercambio de palabras fue elevando el tono, y, como no podía ser de otra manera terminamos preguntándonos qué nos gusta hacer a ambos en lo que a sexo se refiere. Me dijo que le gustaba mucho que le practicaran sexo oral y también penetrar. Casualmente a mi me gusta hacer y que me hagan ambas acciones. Me dijo que era más alto que yo y que pesaba bastante más. Le confesé que tenía cierto temor porque él era un pendejo y yo era bastante mayor, pero me tranquilizó indicándome que podíamos encontrarnos sin compromiso, si no nos gustábamos, todo bien igual. Cuando me recibió en la calle me quedé sin aliento. Era un lindo pibe, de barba de tres días, robusto, no gordo, y muy despierto, para nada retraído. Ingresé a su casa, me dijo si quería tomar algo, le pedí agua, y enseguida me dijo que fuéramos al dormitorio. Yo tenía mucha vergüenza, pero me dijo que estaba todo bien. Me abrazo y me sentí raro, contenido, era como que sus dos brazos, su boca y su pecho me envolvían totalmente. Efectivamente me dí cuenta que él era grande de físico y podía tenerme como quería.
Entramos en calor y comencé a acariciarle el pecho, todo peludo, le recorría con mis manos las tetillas que se ponían bien duras. Le acariciaba toda esa espalda con mis manos, hasta que comencé a acariciarle la panza y desabrocharle el pantalón. Llegué con mis manos al monte de Apolo, desprolijo, con pelos duros, hasta que mis yemas llegaron a la base del pene. Fue increíble sentir que sus ojos estaban cerrados, su lengua estaba dentro de mi boca y me imaginaba cómo era sentir todo ese cuerpo que me envolvía arriba mío, desnudo.
Saqué mi boca de la suya para poder lamerle los lóbulos de las orejas. Como él era más alto que yo, debí ponerme en punta de pies, mientras mi mano ya había comenzado a acariciarle el pene. Le susurré si quería que se la chupara, mientras el estuviera parado y yo me arrodillara enfrente. Lo miré a los ojos, los tenía cerrados y con expresión de mucho placer, y me dijo que lo hiciera por favor. Terminé de bajarle los pantalones. El pene estaba todavía preso en su slip. Olí por sobre esa tela y fui bajando el slip suavemente, mientras comenzaba a acariciar todo ese montón de pelos negros del que sobresalía su masculinidad, esa masculinidad de pendejo. No estaba del todo duro, así que pasé mi lengua por los huevitos llenos de pelos y lo tomé con mi mano derecha, para poder correr el prepucio para atrás. El olor que tenía el glande y la zona del frenillo, llenó mis sentidos. Era un olor a pene de macho, no había duda. Unos 18 centímetros más o menos y una hermosa cabeza, chica, ideal para poder introducirlo todo en mi garganta.
Comencé lentamente hasta que estuvo bien duro.
Estaba de rodillas oliendo esa hermosa pija con la base peluda, con el olorcito de pija recién levantada que me vuelve loco. Le acariciaba los huevitos y empecé a hacer vacío con mi boca. Mi lengua recorría todo ese monumento de carne, desde el glande hasta la base, con los labios apretaba suavemente el tronco. Con mis manos fui bajándole el pantalón hasta que quedó todo en el piso y entonces comencé a acariciarle la cola, una cola grande, peluda, y unas piernas duras. Con su pene en la boca, no podía introducirmelo en esa posición, lo miraba hacia arriba y él estaba con los ojos cerrados y me decía muy despacio que siguiera, que le gustaba lo que estaba haciendo. Estuve como quince minutos así.
Me paré y le dije que por favor necesitaba que se acostara porque quería meterme toda la pija en la boca. Así que se puso en la cama boca arriba, se sacó los pantalones de los pies, y me puse al revés, como para hacer un 69, pero yo no me había desvestido. Comencé a succionarle el glande nuevamente y a acariciarle esas hermosas bolitas llenas de pelos negros y duros. La pija estaba dura, muy dura a esa altura. Tomé aire, me llené los pulmones de aire e hice el esfuerzo. Puse el glande en mi garganta y lentamente fui haciendo presión hasta que entró todo así. Sentí que se quedó quietito. Saqué toda la pija de mi boca, estaba llena de saliva y fue entonces cuando me agarró la cabeza y comenzó a hacer movimientos pélvicos. Volví a tomar aire y me introduje de nuevo el pene en mi garganta. El empezó a moverse para sentir cómo entra y sale. Así estuvo un buen rato mientras con su mano me acariciaba la cola.
Imaginé que sentir toda esa pija en el culo me iba a hacer ver las estrellas, pero asumí el riesgo. Le pedí por favor que me penetrara, pero que me dejara sentarme arriba. Le puse un profiláctico y me saqué el pantalón y el slip. Quedé con la camisa, la corbata y el chaleco. Me puse en cuclillas. Me llené el upite de saliva y me senté. Primero sentí la cabeza que intentaba entrar mientras con mis manos le acariciaba los huevitos y le tenía la base de la pija. Empecé muy despacio. Primero me puse la cabeza de la pija y fui introduciéndomela milímetro a milímetro. Cuando iba por la mitad, me arrodille, con todo ese cuerpo de macho grande entre mis piernas, y lo abracé. Me dio un beso de lengua que me dejó sin aliento y cuando me tenía así hizo presión y entró la otra mitad, así de una. Tuve un espasmo porque me dolió un poco, pero enseguida comencé a disfrutarlo. Me quedé quietito y él subía y bajaba. En un momento paró. Me puse otra vez en cuclillas mientras me sostenía en su pecho y comencé a cabalgar, me entraba y salía. Sentía el ruido de mi cola cuando chocaba contra la base de su pija. Estuve un buen rato, me sentía realmente muy bien porque en un momento me tocó la próstata y le dije que se quedara quieto, empecé a tener un orgasmo de aquellos, le apretaba la pija con mi cola y tenía espasmos. En ese momento, me tomó hacia él me apretó muy fuerte y comenzó a entrar y salir con fuerza hasta que acabó. Le dije: "qué posibilidades hay de que te quedes a vivir ahí". Se rió, le hice unas caricias en su carita de pendejo y le pregunté si le había gustado. Me dijo que sí. Me dio un besito y se terminó.
No sabés las ganas que tengo de repetir.
Pehuenche
(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)
Nos vemos en la calle. Lo reconozco. Me lo encontré una vez en la playa. Se metió entre las dunas y lo seguí y meó delante de mí. Y cuando acabó de mear empezó a sacudírsela hasta que se le puso dura. Pero apareció aquella familia y nos fuimos cada uno por nuestro lado. Pero es él. Y también me ha reconocido. Cruzo la calle. No deja de mirarme. Estoy cerca. Echa a caminar. Lo sigo.
Andamos unas cuantas manzanas. No sé hacia donde se dirige. Quizá vayamos a su casa. Me excita la anticipación. Estoy muy excitado. Entra en un bar. Paso por delante y veo que está sacando tabaco. Espero. Se guarda el paquete y sale a la calle. Se roza conmigo, me pide perdón. Sigue su camino. Sigo sus pasos.
Dos manzanas más. Se mete en un centro comercial. Lo sigo de cerca. Subimos por las escaleras mecánicas. Tres pisos. Pienso que va a ir hacia los baños pero en lugar de eso se dirige hacia la sección de jardinería, que está desierta. Caminamos entre los estantes, entre macetas y fertilizantes. Detiene sus pasos. Me mira.
- Hola –dice. - Hola –respondo. - Tú eres el de la playa.
Asiento con la mirada. Entonces, sin mediar más palabras, nos besamos. Exploramos nuestras bocas, probamos nuestro sabor, entrelazamos las lenguas y nuestras manos exploran los músculos del otro. Es muy excitante hacerlo aquí mismo, aquí en medio, en los pasillos de jardinería del centro comercial. Nuestras bocas siguen fundidas. Noto su miembro contra el mío. Pego mi cuerpo más al suyo. Entonces, inesperadamente, resbala por mi cuerpo hasta quedar de rodillas y me desabrocha el botón de los pantalones. No me puedo creer que quiera hacerme esto aquí mismo, pero no hago nada por evitarlo. Me baja la cremallera. No llevo nada debajo y mi polla le da la bienvenida. Una de sus manos coge mis cojones y su boca prueba el sabor de mi verga enhiesta.
Empieza a mamar y yo echo la cabeza hacia atrás. Sus labios viajan arriba y abajo, mi polla aparece y desaparece, su mano acaricia mis cojones. Su boca es de una suavidad extrema, su saliva lubrica una mamada perfecta, sus ojos a veces buscan los míos, mi cuerpo vibra. El suyo tiembla de placer.
Juega con mi verga. La mira. Se golpea con ella. Me mira. Se la pone bajo la nariz. Le pasa la lengua por el tronco y se la introduce en la boca y disfruta de su solidez. Vuelve a jugar. Vuelve a mamar. Rueda la saliva. Tengo empapados los cojones. La come tan bien que pierdo el sentido. Cierro los ojos. Suelto un gemido. Él acelera el movimiento y yo me limito a gozar. Pongo todos mis sentidos en su boca y en las sensaciones que me provoca. Abro los ojos y veo los del dependiente de jardinería, que me miran.
Está al fondo del pasillo, a escasos cinco metros de donde nosotros estamos. Le veo la sorpresa tiñendo su rostro. Mira hacia ambos lados. Parece que no se acerca nadie más. Nos observa. Tendrá unos cuarenta. Es fornido. Nos observa y parece fascinado.
Mi amante inesperado descubre que algo pasa, sigue mi mirada y al ver al dependiente le hace un gesto con la mano para que se acerque. El dependiente no se lo piensa dos veces, y mientras da los pasos que lo traen hasta nosotros se saca un vergajo enorme bajo el cual cuelgan unos cojones formidables y llenos de vello rizado y negro. Mi amante nos coloca juntos. Prueba la verga del dependiente, que aún está morcillona y, poco a poco la hace crecer dentro de su boca. Cuando el dependiente se pone del todo berraco mi amante inesperado me hace acercar mi polla a la suya y les hace sitio a ambas. Le meto mano al dependiente, le agarro el culo y él se pega a mí mientras mi amante inesperado se come nuestras dos vergas a la vez, atiborrándose de polla. Cojo a mi amante inesperado por el pelo y le clavo el vergajo hasta el fondo; al retirarme el dependiente le mete el suyo y comenzamos a follarnos su boca acompasadamente. Mi amante inesperado pone los ojos en blanco, se deshace de gusto. Le damos polla, le obligamos a tragar, y él disfruta como un condenado. Se come la mía mientras pajea la del dependiente junto a su cara. Ahora pasa a la de él. Encierra su glande entre los labios y se deja follar la boca mientras me acaricia los cojones. Vuelve a la mía. Se la traga entera. Me hace un traje de saliva. Luego nos pajea a ambos mientras saborea nuestros glandes. Restriega la cara contra nuestros falos, coloca la frente bajo nuestros cojones. Se vuelve loco con nuestras varas. Junta nuestros falos y mama uno y otro, uno y otro, uno y otro. Me come los huevos mientras el dependiente le arrea pollazos en la cabeza, se la pega en la oreja le llena la frente de su propia saliva. Nuestros miembros brillan, mojados.
Nos coloca uno frente al otro, junta nuestros falos por los troncos, cojones contra cojones, y nos pajea, con la lengua dispuesta a recibir lechadas. Suelta saliva sobre nuestros glandes, masturba nuestras pollas juntas, una contra la otra, y acelera el movimiento. El dependiente se agita para propiciar la corrida. Le aprieto los pezones por encima del uniforme del centro comercial. Se agita más. Se va a correr. La boca de mi amante inesperado baja sobre nuestros glandes, su lengua nos rocía de saliva, mama las dos vergas a la vez. Yo también estoy a punto de correrme. Me quiero correr a la vez que el dependiente. Agarro la cabeza de mi amante inesperado, me lo follo, me follo su boca dispuesta a recibir trallazos de leche. Nuestras vergas están juntas. Nos follamos su boca entre los dos. Mi amante inesperado se ahoga de polla. Estoy a punto de correrme. Lo siento. Lo noto. Me viene, me viene, me vieneeeeeeee.
El dependiente se retuerce. Se corre. Nos corremos. El semen sale a borbotones. Noto el calor de mi leche y el calor del esperma del dependiente sobre nuestras vergas mientras seguimos descargando dentro de la boca de mi amante inesperado. Sigue mamando. El semen se le escapa de la boca, nos rueda verga abajo hasta los huevos. Sigue mamando. Sigue mamando. Sigue mamando…
Acababa de llegar a Alicante, era una soleada mañana de primavera y me sentía muy nervioso. Era la primera vez que no iba a estar bajo el cuidado de mis padres, otros chicos a mi edad ya se han independizado y hacen su vida , pero para mis veintiún años aun no había salido nunca de casa y me sentía un poco perdido.
Mis padres me habían mandado a Alicante para que hiciera un curso de especialización para completar mi formación y deje a mi novia en Madrid para venirme a Alicante. Mi novia y yo nos conocíamos de los campamentos de la iglesia desde que habíamos empezado de niños y luego pasando a ser monitores. Los padres de mi novia y los míos eran amigos desde el instituto y parecía que ya nuestras vidas estaban predestinadas desde antes de nacer.
Mi primer día en el colegio estaba muy nervioso ya que todo el mundo parecía que sabía a donde tenía que ir, claro, todos menos yo. Estaba en el pasillo mirando la inmensidad y pensando, que hago. De repente un chico se acercó hacia mi y me saludó y me preguntó si necesitaba ayuda.
- Hola, ¿estás perdido? - Hola, sí, no sé hacia dónde tengo que ir, apenas he llegado y tengo las maletas ahí, y no sé qué tengo que hacer ni a donde ir. - Si quieres puedo ayudarte. Por cierto, ¿cómo te llamas? - Sí, muchas gracias, necesito tu ayuda. Me llamo David, ¿y tú? - Alex, encantado.
Alex me acompañó enseguida a la oficina de información y me acompañó en todo momento hasta que dejé las maletas en mi habitación y estuve sano y salvo. Mientras yo me quedé en mi cuarto organizando mis cosas él se fue a hacer unas cosas que tenía pendientes. Antes de irse me dijo si quería que fuéramos luego a comer para enseñarme un poco la ciudad y accedí.
- Gracias Alex por haberme ayudado, me sentía muy perdido, es la primera vez que salgo de casa y no sabía que hacer. Cuéntame cosas de ti. - Pues soy de Valencia, tengo veintidós años y como tú he llegado para hacer el curso éste porque mis padres se han querido librar un tiempo de mí. - ¿Tienes novia? - No, ¿y tú? - Sí. - Luego si quieres salimos un poco por la playa y te enseño algo de la ciudad.
Cuando terminamos de comer Alex me llevó por toda la ciudad y me sentí muy a gusto y al mismo tiempo me sentía muy feliz porque veía que no me iba a sentir solo, ya tenía alguien con quien contar.
La primera semana pasó rapidísima, Alex me había enseñado toda la ciudad y ya me conocía esto como la palma de mi mano, habíamos cogido una buena rutina de estudios, todas las mañanas almorzábamos juntos y luego íbamos a clase, de ahí a la biblioteca a estudiar y luego por la tarde salimos a relajarnos un poco. Luego nos íbamos a cenar por ahí hasta que ya a la noche nos íbamos a nuestros respectivos cuartos y yo llamaba a mis padres y a mi novia.
La segunda semana llegó y empecé poco a poco a llamar menos a mis padres y a mi novia, pasábamos todo el tiempo juntos Alex y yo y cada vez que hablábamos sentía que me comprendía cada día más y yo a él, pero al mismo tiempo nos distanciábamos más mi novia y yo y discutíamos más, hasta que llegó la cuarta semana de estar allí y toda esa semana la había pasado sin llamar a mi novia, ni siquiera me acordaba de ella. Y entonces ella me llamó y me dijo que me dejaba, a lo cual tengo que decir, no sentí ni frío ni calor. Entonces hablé con Alex y me dijo que había encontrado un pequeño piso, que si nos íbamos a vivir juntos y salimos del control del centro, así podríamos estudiar más a gusto y estar mas cómodos viviendo. Llamé a mis padres y accedieron a que me alquilara el piso con un compañero de estudios, el piso estaba cerca de donde estudiábamos, estaba muy bien situado y tenía una pequeña terraza donde poder tomar el sol. La convivencia con Alex era buenísima, nos repartíamos todas las labores de la casa gracias a que Alex me enseñó todo porque yo no tenía ni idea ni de planchar. Estábamos cada vez más unidos y era el único amigo que tenía en Alicante, no había conocido a nadie más.
Decidimos dar una fiesta en el piso y así conocer a algunas personas, gente de clase y eso y así hicimos. Hablamos con la gente de la clase y les dijimos que queríamos hacer una cena botellón en nuestra casa. Estábamos súper contentos ya que así podríamos relacionarnos un poco más con la gente de la clase. Todo el mundo que invitamos empezó a llegar cuando ya teníamos la mesa del comedor llena con la comida y todos traían alguna botella de bebida. Comenzamos a cenar entre bromas, chistes y preguntas que nos hacíamos los unos a los otros para conocernos. Una vez que la cena se terminó apartamos la mesa del comedor para poder tener mas espacio y estar más cómodos. La noche fue genial hasta que ya se hizo bastante tarde y los vecinos empezaron a quejarse ya que todos llevábamos una borrachera un poco consistente. Todos fueron saliendo del piso y una de las veces que salíamos a acompañar a unos, al ir entrando hacia el comedor oímos un comentario que decía algo de nosotros, decían que esa fiesta ya les había confirmado que éramos gay y que estábamos liados los dos. Cuando entramos al comedor en nuestras caras se notaba reflejado que habíamos oído el comentario y que no nos había sentado bien a lo cual se levantaron y se marcharon. Enseguida comenzamos a hablar.
- Ya ves, David, encima de que les invitamos a cenar y para hacer amistad nos insultan. - Sí, tienes razón. Mañana cuando lleguemos a las clases les voy a montar una discusión. - ¿Y por qué crees que han pesado eso? - Pues no sé… Yo sé que me siento muy bien contigo, que nos comprendemos y que sólo me apetece en estos momentos el convivir contigo.
Seguimos hablando más rato y empezamos a reírnos, a contarnos cómo fue la primera vez que nos habíamos visto y cómo habíamos llegado a esa complicidad. Nos tumbamos los dos en el sofá y seguimos contándonos cosas y bebiendo, de las ilusiones que teníamos y de las metas que queríamos conseguir y cuando fuimos a brindar por esas ilusiones el vaso de David se rompió y le lleno toda la camiseta de bebida. Comenzamos a reírnos y yo me acerqué hacia él y le quité la camiseta de forma que se quedaron nuestros cuerpos enfrentados y estábamos mirándonos a los ojos y no parábamos de reírnos a lo cual me dijo David que no valía, que yo ahora tenía una camiseta limpia puesta y el ninguna y me quitó la camiseta que llevaba puesta, y volvimos a quedarnos mirándonos fijamente y sin parar de reír. Ahora estábamos los dos abrazados sintiéndonos el roce del pecho y de repente nos besamos, creo que ninguno de los dos nos esperábamos que pasara eso, pero continuamos besándonos y acariciándonos los pectorales, nos levantamos del sofá y nos fuimos a la cama y allí terminamos de desnudarnos y nos tumbamos en la cama, continuamos besándonos y comencé a recorrer su cuello con mi lengua, y fui bajando por su torso hasta llegar a su pene, estaba completamente erecto y comencé a recorrérselo con mi lengua y mis labios. Enseguida empezó a salirle liquido preseminal y se incorporó y comenzó a mamarme también mi pene, luego se incorporó y se sentó encima de él, poco a poco noté como se iba abriendo paso dentro del ano hasta que ya por fin estuvo dentro del todo y comenzó a cabalgar encima de él. Poco a poco los gemidos eran más fuertes y los dos estábamos muy excitados, nunca me había planteado el que eso pudiera pasarme, pero ni en esos momentos me paré a pensar lo que pasaba, sólo quería disfrutar del momento, hasta que por fin vi como en su cara emergía una sonrisa cada vez más grande y noté como se corría a lo cual enseguida me corrí yo también. Comenzamos a besarnos y acariciarnos y a los pocos minutos de estar tumbados en la cama nos quedamos durmiendo. Por la mañana nos levantamos y nos fuimos para la ducha, esa mañana nos levantamos los dos juntos y entramos al aseo juntos y de repente nos metimos los dos a la ducha y empezamos a enjabonarnos, era como si fuera ya algo común entre nosotros el ducharnos juntos y la verdad no me arrepentía de lo que había pasado la noche anterior y me sentía aún más a gusto con él. Salimos de ducharnos y desnudos nos pusimos a hacernos el desayuno y almorzar cuando de repente tocaron a la puerta del piso, cogí una toalla y salí a abrir, cuando de repente vi junto a mí a mis padres y a mi novia que habían venido a pedirme explicaciones de porqué había cortado con ella y me había sentido indiferente. David no había oído el timbre de la puerta y salió denudo al pasillo a buscarme y enseguida le vieron mis padres y mi exnovia a lo cual dijeron que ya entendían porqué había cortado con ella de esa manera y porqué no les llamaba. Se fueron enseguida y me dijeron que ya me llamarían, así que nos quedamos otra vez los dos solos en el piso, muy relajados y con muchas más ganas de hacer el amor.
Antonio Marti VERA
(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)
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Iván es el hermano mayor de mi amigo Cristián. Tiene la misma edad que mi hermano Jose, lo que viene a ser un año mayor que yo. Cristián era de mi edad, amigos inseparables desde que se mudaron a nuestro edificio, dos plantas más arriba. Se mudaron un par de meses después de mi cumpleaños, por Enero más o menos. Era el primer año que venían al campo para celebrar mi cumpleaños.
- ¿Es que no lo habéis escuchado ya? Venga, a la cama. – Dijo su madre
Era la primera vez que sus padres venían al campo y se quedaban a pasar la noche. Habían venido más veces, pero hasta ese día nunca dormían en el campo. Entre unos y otros, éramos 14 personas, contando tíos y primos. Como hay tres habitaciones para los “niños”, por fuerza nos teníamos que repartir. Los cuatro primos en la habitación más grande, con dos literas. Nosotros cuatro, separados por parejas, en las habitaciones más pequeñas, con cama de matrimonio. Yo, hasta aquel día, dormía con Cristián. Me encantaba. Deseaba hacerle tantas cosas, pero nunca me atrevía.
Me gustaba imaginar que, una noche, nos atreviéramos a jugar con nuestros cuerpos, con nuestras dudas sobre el sexo. Explorar, tocar, probar nuevos sabores… sin tabúes y sin reparos. Sentir el roce de su cuerpo, el tacto de otra piel. Lo deseaba, y alguna noche se haría realidad. Hasta ese día, jamás paso nada entre nosotros. Jamás le conté lo que deseaba, lo que imaginaba. Tal vez ésta era la noche, pero ya no lo sabría. Por algún motivo, había cambiado el reparto. Me tocaba dormir con Iván. Esta noche no le vería desnudarse, no lo tendría tumbado a mi lado. No podría extender la mano y rozar su piel con mis dedos, imperceptible para sus sentidos dormidos pero abrumadores para mis sentidos ampliados, ampliados por el placer de su tacto. Me pasaba horas mirándole en la oscuridad. Su rostro era una sombra ante mí, pero podía ver cada detalle de sus ojos, de su sonrisa. Su imagen siempre estaba clara en mis pensamientos. Durante las horas que le observaba, imaginaba como abría sus ojos y me miraba. Mis ojos negros se volvieron espejos ante la luz de los suyos. Dos gotas de cielo azul sobre la oscuridad de la noche. Se aproximaba a mí, besándome muy suavemente, con una mezcla de pasión y amor. El dulzor de sus labios se mezcla con la acidez de mis lágrimas. Unas lágrimas llenas de amor prohibido, llenas de felicidad por ser parte en su vida. Pero esta noche no. Esta noche no.
- Vamos nano, pero no te mees en la cama o cobras – Se echó a reír.
Iván era todo un gracioso. Yo ya tenía edad para manchar las sábanas con otra cosa y él lo sabía, pero que más daba, no era lo que yo esperaba. Esa noche se convirtió en mi enemigo, alejándome de mis sueños, alejándome de la tranquilidad de las dos gotas de cielo en medio de la oscuridad Esta noche, no podría intentar realizar un sueño. Esta noche, sería como cualquier otra noche. O eso pensaba.
Era una noche fría de Noviembre. Habría cuatro o cinco grados de temperatura. Me quité la ropa a toda prisa y me metí en la cama, solo con el slip y una camiseta interior. La cama estaba fría, muy fría. Iván empezaba a quitarse la ropa. Yo estaba mirando, observando todo lo que hacía. No pareció darse cuenta de ello. Primero se quitó los deportivos. Después se quitó la sudadera y la camiseta. Tenía un cuerpo fibroso, pero sin muchos músculos. Estaba en forma, pero no como los macizos que corren por ahí. Pero sí de los que me gustan, de los que sueño poder tocar algún día. Se sentó en la sillón que hay al pié de la cama, mirando sin mirar hacia donde yo estaba. Se quitaba los pantalones. Yo estaba atónito. Me parecía que lo hacía con demasiada pasión, sabiendo que es observado por alguien que lo desea, por alguien que lo contempla. Pero no le veía los ojos. No me miró en ningún momento. Solo se dejó el boxer. Se plantó delante de la cama, mirándome fijamente. No me había dado cuenta que me estaba mirando. Yo miraba otras cosas más interesantes de su cuerpo, imaginando su cuerpo desnudo. Esto me dejó sin palabras, al tiempo que notaba como me ponía rojo de vergüenza. Sonrió y apagó la luz. Cuando me quise dar cuenta, ya se había metido en la cama, junto a mí. La luz estaba apagada, pero entraba bastante luz por la puerta abierta. Me levanté y cerré la puerta tan rápido como pude. No se porqué lo hice, pero lo hice.
Quedamos en la total oscuridad. Volví palpando con mis manos, buscando la cama. Sabía llegar perfectamente, pero era un acto reflejo. Noté como unas manos me cogían por las muñecas, dirigiendo mis manos hacia la cama. Me soltaron tan suavemente como me habían cogido. La cama ya no estaba tan fría. Había subido la temperatura, o al menos me lo parecía. Me tapé y me puse de lado, mirando la invisible pared en la oscuridad. Notaba su aliento cálido cerca de mi nuca. Lo sentía como un soplo de calor, un calor que encendía mi cuerpo por momentos. Moví las piernas hacia atrás lentamente, disimulando. Quería conocer la distancia de mi enemigo, de la persona que suspiraba detrás de mí. Estaba cerca, muy cerca. Me estaba empezando a poner nervioso, me estaba empezando a excitar, me estaba empezando a volver loco. Mil fantasías se cruzaban por mi mente, mil fantasías que desaparecieron cuando noté como sus manos se apoyaron en mi espalda. Las tenía calientes, más de lo normal. Estaban calientes por el tacto con otra parte de su cuerpo, estaba seguro. No sabía que hacer. Me quedé inmóvil, a la espera de su próximo movimiento. No tardó.
Noté su aliento más próximo, más cercano. Su mano me cogía por el hombro, y se había acercado más de lo que yo soñaba. Noté algo sobre mi slip, en la parte de mis nalgas. Algo se había apoyado, algo se movía, algo palpitaba. Antes de que pudiera articular palabra, escuché un susurro, un susurro junto a mi oído que me decía - No te preocupes, lo sé y lo sabes. Nadie más tiene que saberlo. Sé que lo queremos los dos. Solo si quieres, solo si no quieres. Es tu sueño o es mi fantasía. Tú eliges - El susurro se desvaneció. Me quedé sin reacción. Estaba inmóvil, inmóvil por mis pensamientos. Dando vueltas y más vueltas sin saber que hacer, sin saber como hacerlo. Mis pensamientos pararon de súbito. Sus manos no estaban en mi espalda, se habían marchado por el frío de mi pasión. Notaba el vacío en mi espalda. Su aliento ya no daba calor a mi cuerpo, me estaba enfriando. Se había alejado de mí. Estaba en la otra parte del mundo, en el otro lado de la cama. No podía terminar así. Fuera su sueño o mi fantasía, daba igual. Hoy no terminaría en mi sueño, hoy no terminaría en su fantasía. Hoy sería realidad. Dejé de mirar la pared invisible y me di la vuelta, dispuesto a encontrarle al otro lado.
Extendí la mano recorriendo la cama, buscando el cuerpo de mi delirio. Notaba el calor de su cuerpo aún entre las sábanas. Mis manos llegaron a su cuerpo. Mis dedos se posaron sobre su espalda. Noté un movimiento imperceptible, me estaba esperando. Deslicé la mano por su espalda, desde la nuca hasta la zona donde la espalda pierde su nombre. Repetí este movimiento un par de veces, soñando con lo que iba a pasar a continuación. Nada cambió. No reaccionó. Estaba inmóvil. Que he hecho. Repetí la acción otras tres veces, pero todo seguía sin tener respuesta. Mi mano se detuvo en la zona más baja de la espalda, y mis dedos se desplazaron hacia el lado, buscando su cintura. Llegué a ella, y el mundo seguía detenido. El tiempo no pasaba. Nada cambiaba. Retiré mi mano y volví a replegarme en mi cuerpo. Me di la vuelta y ahí estaba, la pared invisible seguía delante de mí. Pero ahora, veía la sombra de una fantasía, la sombra de un sueño. Pero la realidad volvió para atormentarme, para excitarme, para devorarme. Sus manos estaban de nuevo en mi espalda. Sentí ganas de llorar, de girarme y abrazarlo. Pero no pude. La pasión me había dejado inmóvil, a punto de estallar sin haber llorado con su pasión. Empezó a acariciarme la espalda, en todas las direcciones, sin orden alguno. Esto me hacía sentir escalofríos, escalofríos de placer por el suave tacto de su piel sobre mi camiseta, sobre mi cuerpo. Se acercó, notaba de nuevo su aliento en mi nuca, pero ahora me quemaba el calor. Estábamos casi juntos, a un par de centímetros el uno del otro. Sus brazos estaban ahora entre nosotros, tocando los dos cuerpos. Las palmas abiertas tocando mi cuerpo, por debajo de mi camiseta. Su tacto era dulcemente intenso. Tenía que quitármela y así lo hicimos. Me ayudó en cuanto notó que me movía. Me leía cada pensamiento, cada deseo. Ahora, sus manos eran libres para vagar por mi espalda, por mi cuerpo. Volví a notar algo apoyado en el slip, algo que palpitaba más rápido que la primera vez. Empezó a hacer movimientos con su pelvis, deslizándose por mis nalgas. Se detuvo. Notaba la punta de algo sobre mi cuerpo, haciendo fuerza para entrar. Sabía lo que era. Sus manos estaban más cerca, más próximas a mi slip. Esperaba algo. Deslicé mi mano hacia atrás, buscando algo que sabía, algo que deseaba. Noté un calor intenso sobre las yemas de mis dedos, era su miembro. Lo cogí con las manos, lo abracé con mis dedos. Palpitaba, estaba vivo, quería vivir. Disfrutar una vez más de los placeres de la vida. Deslicé mi mano hacia atrás, buscando el final, su principio. Todavía llevaba el boxer puesto. Moví lentamente mi mano sobre el objeto de mi fantasía, con suaves movimientos de precisión. El susurro volvió a hacerse escuchar, gritando en el silencio - No tenemos que hacer nada que no queramos. Podemos hacerlo todo sin hacer nada, No necesitamos pasar los límites de nuestra inocencia, los límites de nuestra virginidad - Y el susurro se volvió a desvanecer en el silencio. Yo seguía teniendo parte de su cuerpo en mi mano. Volvió a leerme el pensamiento, cogiendo mi mano y devolviéndola a mi pecho, rodeándome con su brazo. Sentía su piel contra mi piel, sentía como sus dedos se movían rítmicamente sobre mi pecho. Su otro yo se coló entre mis piernas, siempre por fuera del slip. Sentía como se movía entre mis piernas, rozando mi slip en las zonas más intimas, en la zona más caliente. Yo creía que iba a explotar. Me sentía totalmente extasiado. Estaba lleno de placer y tenía que soltarlo, dejarlo ir. Sus movimientos se hicieron más rápidos. Mi otro yo asomaba por encima de mi slip, no cabía dentro de ellos. Quería tomar aire del calor producido en el infierno de mis piernas, por el prisionero que intentaba escapar de entre ellas. Su aliento se volvió entrecortado, suspirando sin ser oído. Noté fuego en mis piernas. Su volcán había explotado, haciendo explotar mi pasión en el mismo instante. Me quedé inmóvil, suspirando. Le costaba respirar. Me costaba respirar. Estábamos ahogados de placer. Su tacto seguía siendo mío, seguía estando en mi cuerpo. Su brazo rodeándome, su mano tocándome. Nos quedamos abrazados, uniendo el calor de nuestros cuerpos. No recuerdo el tiempo que estuvimos así, pero al final la soledad del sueño llegó a mi consciente, arrastrándolo a su mundo.
Cuando desperté, estaba solo. Muy solo. Sentía su presencia en la habitación, en mi cuerpo, pero estaba solo. Estaba más solo que nunca. Jamás volvimos a dormir juntos, jamás volvimos a hablar de ello. Todo empezó y terminó en mi cumpleaños, como único testigo, la pared invisible. Es un recuerdo, y a veces lo confundo con una fantasía. Pero es un recuerdo. El recuerdo de mi despertar.
YoNoLoDiGo
¡Visita el blog del autor!
(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)
PLAZO AGOTADO. Las bases se quedan como testimonio de la aventura.
Bases.
Primera: Puede participar cualquier ciudadano del mundo que resida en España y sea mayor de edad.
Preguntas extrañas que se te pueden ocurrir:
¿Por qué sólo residentes en España?
Es el primer concurso que organizamos, la web es nueva y no tenemos presupuesto para enviar el premio fuera de España. ¿Patético? Es posible.
Segunda: Los relatos deben ser inéditos, haber sido escritos por los participantes y ser de temática erótica gay.
Tercera: Deberás enviar tu relato a la siguiente dirección: relatista@gmail.com
Publicaremos en la web todos los relatos recibidos, aunque nos reservamos el derecho a no publicar aquellos relatos que consideremos ofensivos o inapropiados. La convocatoria comienza hoy, 21 de Agosto de 2009, y termina el 21 de Septiembre de 2009 a las 23:59, hora peninsular. En tu correo, además del relato, debes decirnos el nombre o seudónimo con el que quieres aparecer como autor y si deseas que publiquemos con tu relato tu email o algún link a una web que dirijas o algún blog que escribas.
Cuarta: Premio
El premio consiste en un iPod Shuffle de segunda generación. (Segunda generación no significa usado, sino que hay otras generaciones de iPods Shuffles).
Más preguntas extrañas: ¿Por qué el premio es un iPod Shuffle de segunda generación y no uno de tercera? Yo quiero lo último de lo último.
A ver, jomío, deja ya de quejarte. Además, el nuevo Shuffle es un asco, estos son más bonitos.
Quinta: El jurado.
El jurado estará compuesto por una sola persona, el administrador de este blog y organizador del concurso. Es quien parte el bacalao y quien decidirá arbitrariamente qué relato le ha gustado más. El administrador de esta página (o sea, yo) se compromete a entregar el premio al relato que considere merecedor del mismo. El premio no puede quedar desierto (a no ser que nadie participe, que eso ya sería mala pata). Así mismo, promete (o sea, prometo) no regirme por amiguismos de ningún tipo.
Pregunta extraña número tres. Vale tío. Y yo, ¿Por qué debería participar?
Pues para compartir tu talento y además, porque si eres el único que me envía su relato, el iPod te lo llevas tú.
Más cosas. No es necesario que me enviéis vuestra dirección postal, sólo el email de contacto. El día 25 de Septiembre anunciaré el relato ganador en el blog y me pondré en contacto por email con el autor para pedirle la dirección a la que enviar el cacharrito. Evidentemente los gastos del envío corren de mi cuenta. Te recuerdo que sólo debes participar si resides en España (Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla incluidas, claro está).
Si tienes alguna pregunta puedes dejar un comentario en esta misma entrada.