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La Vie en Rose




Título: La Vie en Rose
Autor: José

Invitado a Río de Janeiro y con dieciocho años me preparé un mes antes.
Enero fue testigo de largas horas al sol y de la deliberada negativa a cortarme el pelo, conseguí el aspecto deseado cuando el espejo aprobó el efecto que mi piel y mis rulos buscaban provocar.
Inquieto me embarcaría en el puerto, en una nave francesa que se llamaba “Bretagne” .Debía viajar con un matrimonio agradable, que no deseaba cuidar a un adolescente ruidoso y movedizo .Mi libertad de acción estaba asegurada.
Al subir al barco me asignaron una cabina con dos camas.
- ¿Todo para mi? -.Pregunté.
El camarero que chapurreaba el español me contestó:
-No, esta noche en Montevideo, sube otro pasajero-
Ese día me dediqué a hacer un estudio de situación, en el puente de mi camarote había una hermosa pileta de natación, rápidamente saqué mi colorida colección de zungas, nunca usé las detestables bermudas, que solo ocultan el cuerpo y son incómodas.
Me coloque una roja, me miré al espejo estaba bien bronceado, resultado de largas horas al sol en el jardín de mi casa Me gustó el resultado y salí.
Para mi desilusión en la pileta solo había matrimonios de cuarenta para arriba, pálidos, untándose crema para el sol, nada más deprimente, nadie de mi edad.
Debo confesar que mi objetivo era tener una aventura a toda costa, hasta ese momento solo había tenido dos relaciones en el colegio, y si bien sexualmente no nos privamos de nada, muchas cosas las hacíamos según pensábamos que mandaba la técnica, pero lo que yo gozaba en extremo eran los besos y las pajas compartidas .Estaba decidido a llegar mas allá.
Ese día en el barco me aburrí soberanamente.
Al atardecer llegamos a Montevideo, quizás el pasajero que subía era mi oportunidad,
volví a la cabina, me recosté en slip sobre mi cama y esperé. Cuando se abrió la puerta entró un señor mayor de cuarenta, muy peinado, muy planchado, con mucho gel y con un perfume denso y dulzón.
Pensé- ¡no tengo suerte!-. No me quitaba los ojos de encima, y a la hora de cenar compartió nuestra mesa; cancheramente se dirigía hacia mí como pibe y cada vez que podía me tocaba.
Al regresar a la cabina para dormir fue la primera vez que tuve vergüenza de estar desnudo, me fui al baño, me puse el pijama, volví a la cama y me tapé hasta la cabeza.
Al día siguiente el camarero apiadado de mí me recomendó:
-En el puente de tercera clase han instalado una pileta de lona, hay muchos chicos-.
Salté y bajé por las escaleras, esta vez con una zunga blanca .Llegué a tercera y me encontré con bastante gente de mi edad muchos europeos que volvían a sus casas luego de haber viajado por Latinoamérica, en su mayoría mochileros, todos en pareja .Suspiré,- este viaje me esta matando-, pero bueno, era mejor que los señores blancos y aceitosos, podría jugar a la pelota.
Efectivamente los días siguientes los pasé en la cubierta de tercera y muy divertido.
La noche previa a llegar a Río se organizó una fiesta con espíritu de carnaval, se suponía que había que estar elegante así que me esmeré. Mientras nos vestíamos el uruguayo me dirigía frases de doble sentido, yo sonreía cortésmente, pero tanta plancha, tanto acicalamiento tanto gel y tanto perfume no ayudaban a cambiar la situación.
La fiesta fue un desastre, aburrida, linda música y un ambiente pendeviejo, en donde el único pendejo era yo.
Pasada medianoche decidí ir a visitar a los amigos que tenía en tercera, cuando llegué los busqué pero el capitán los había invitado, habían subido por otra escalera y no nos habíamos encontrado .A pesar de la música que llegaba a mis oídos nada me parecía excitante.




Antes de regresar decidí pasear por la cubierta, una hermosa luna daba una gran espectacularidad al barco y al mar, me sentía Leo Di Caprio en el Titanic, me apoyé en una baranda.
De repente un haz de luz artificial me alumbró, alguien a mis espaldas había abierto una puerta, unos pasos sonaron y escuché una voz que decía:
-¿Aimes tu la lune?-.
Me dí vuelta, alto, rubio, en musculosa, brazos y pecho hermosos de trabajar y no de gimnasio, pantalones blancos ajustados a piernas marcadas y una sonrisa sobradora .Un marinero francés al que había mirado y descartado por imposible me miraba fijamente. Yo empecé a temblar, con un hilo de voz contesté:
-Oui-.
Se acercó se reclinó sobre la baranda y agregó:
-J´me appele Pierre et vous?-.



Sentía frío y calor, la garganta se me cerró, conseguí murmurar:
-José-.
Me tomé de la baranda y miré al mar, al segundo la mano de Pierre calentaba la mía, al otro segundo ya estaba dentro de la suya.
Mano con mano me miró. En ese momento la música que llegaba de la fiesta cambió:

Quand il me prend dans ses bras
il me parle tout bas,
je vois la vie en rose.
Il me dit des mots d'amour,
des mots de tous les jours,
et ca me fait quelque chose.
Il est entre dans mon coeur
une part de bonheur
dont je connais la cause.
C'est toi pour moi. moi pour toi
dans la vie,
il me l'a dit, l'a jure pour la vie.
Et des que je l'apercois
alors je sens en moi
mon coeur qui bat



Pierre, con una hermosa sonrisa me dijo:
-Edith Piaf, pour nous-.
Su brazo derecho rodeó mi cintura, con el izquierdo tomó mi mano y la apretó junto a la suya, contra su pecho, empezamos a bailar, me tranquilicé, su dureza se apoyo en mi abdomen. Su mano pasó de mi cintura a mi cabeza, sus dedos se metieron entre mis rulos nos miramos y nos besamos .Lentamente y al ritmo de la Piaf nos fuimos acercando hacia la puerta abierta, daba a su camarote.
Una cucheta desordenada.
Una luz blanca e impersonal, fue prontamente eliminada por Pierre, descubriendo una ventana en lo alto de la puerta que abría paso a la hermosa iluminación lunar, que alumbró nuestros silenciosos besos .Solo atinaba a responder a la pasión con que acariciaba mi cara y mi pelo. Lentamente me desabotonó la camisa mientras besaba mi pecho, se arrodilló, me abrió el cinturón, bajo el cierre de mis pantalones, me sacó los zapatos y de pronto me sentí elevado por el aire alzado por sus potentes brazos, con mi cabeza reclinada en su hombro se acercó a la cama en donde me acostó, mis brazos alrededor de su cuello no le permitían separarse, comenzó a besarlos, destrabó el nudo de mis manos y se incorporó.
Mientras lo observaba se desnudó, percibía la mirada inquisitiva de sus ojos marrones y sin la menor vergüenza exhibí mi desnudez.
Estiré mis manos y acaricié sus ondulados cabellos mientras su cuerpo buscaba lugar al lado del mío, lo entregué renunciando a su posesión, pero me hice dueño del suyo. Se arrodilló en la cama y me descubrió en toda su magnitud su esplendida verga que acercó a mi boca y recibí desesperadamente. Con una mano sostenía mi cabeza para que chupara, con la otra me acariciaba, lo mire, sonreía, tomó mi pija y comenzó a pajearla y con un gemido largo eyaculé.
Lleno de vergüenza aplasté mi cabeza sobre su pecho pero las caricias continuaron, separó mi cara comenzó a besarla mientras me empujaba hasta dejarme acostado .Su lengua imprevisible lamia mi cuerpo, mi sudor y mi semen .Yo a mi vez acariciaba una piel lampiña y dura, llegue a sus axilas; peludas y mojadas se abrieron a mis caricias, mientras musitaba palabras inentendibles en francés, pero claras en su sentido.
Nuevamente y a través de la puerta los ecos de la fiesta llegaron:

Si tú no existieras
¿dime porque existiría yo?,
para arrastrarme en un mundo sin ti
desesperado y sin reproches.
Y si tú no existieras,
intentaría inventar el amor.
Como un pintor que ve
bajo sus dedos nacer el color del día.
Otros que han dormido en mis brazos
yo no los amaría jamás



Pierre se recostó detrás de mí, mientras me abrazaba sus piernas enlazaron las mías en tanto que yo acurruqué mi cuerpo en el hueco del suyo .Mi cuello asediado por sus besos temblaba, en mis nalgas sentía el roce de su pija, mientras el cerco a mi alrededor se hacia mas estrecho.
Cada presión de sus labios se trasmitía hacia mi pene que volvía a endurecerse, dejé de temblar y dándome vuelta mordí su boca en tanto que sus dedos acariciaban mi culo .Me colocó boca abajo y en una maniobra imperceptible mojó su verga con saliva besándome la espalda, abrió mis nalgas, acarició mi agujero e introdujo primero dedos y luego su trozo que se deslizo firmemente dentro mío .Ambos exhalamos un grito, él de placer, yo de alegría, sentía con tal intensidad que anhelaba lo infinito , lo interminable, el polvo eterno entre su ardiente pija sus robustos brazos y sus fuertes piernas .Cuando finalmente eyaculamos no tuve porque avergonzarme sentí que mi culo se ensanchaba mientras su pija descargaba su leche y sus dientes mordían mi piel.
Lo que sucedió esa noche colmó y superó mis expectativas fue como hacer un veloz curso de pasión. Lo hicimos varias veces, la experiencia de Pierre era milenaria, intercambiábamos saliva y semen sin el menor obstáculo, pero lo mas extraordinario fue la respuesta de lo que yo consideraba mi torpe cuerpo, una agilidad sumada a una sensación de que todo se abría para recibirlo me llevó en un momento a derramar lagrimas, él con sus besos y su lengua me las enjugaba. Lo besé con ternura con exasperación y furor, quería más y él reía y me lo daba.
Al amanecer la sirena del barco sonó, llegábamos a Río de Janeiro, la luz del sol comenzó a entrar, abrazados nos acariciábamos, miré a su cara me asusté tenía moretones, me extendí a su cuerpo, lo mismo, mis exigentes besos habían dejado su marca, Jean reía ¿y yo como estaría? Salvo el cuello y las piernas podía pasar desapercibido .La sirena volvió a sonar, Jean empezó a hablar yo no comprendía nada, se desesperó, yo también.
Me puse la ropa y fui a buscar a mi amigo el camarero para que traduzca. Jean quería saber cuando volvería, un detalle que en mi entusiasmo no había reparado .Tenia mi vuelta en un mes en un buque llamado "Provence".El amable camarero tartamudeó, Pierre palideció y yo no entendía nada.
Entre los dos me explicaron que el barco en donde estábamos el “Bretagne” pasaría por Río el 15 de Marzo.
Con total impunidad aseguré que esperaría a esa fecha.
Pierre me abrazó fuertemente. ,
El camarero mudo testigo de la escena me advirtió que tenía que volver y yo con él.
La última imagen de Pierre fue en la puerta de su camarote, una triste mueca curvaba sus labios.
Cuando bajé al puerto miré al barco, Pierre, una figura, me saludaba, respondí .Mis ojos se dirigieron al salón de la fiesta.



No me dejes
Hay que olvidar
Todo se puede olvidar
Lo que ya se fue
Olvidar el tiempo
De los malos entendidos
Y el tiempo perdido
Para aclararlos
Olvidar esas horas
Que mataban a veces
A golpes de porqués
al corazón de la felicidad.
No me dejes,
Yo te ofreceré
perlas de lluvia
venidas de países
donde no llueve.
Yo escarbaré la tierra
Hasta después de mi muerte
Para cubrir tu cuerpo
De oro y de luz
Yo haré un reino
Donde el amor será rey
Donde el amor será ley
Donde tu serás rey.
No me dejes,
Yo te inventaré
Palabras locas
Que tu comprenderás
Yo te hablaré
De esos amantes
Que han visto por dos veces
Arder sus corazones.
Yo te contaré
La historia de un rey
Que murió por no haber
Podido encontrarte.
No me dejes,
Se ha visto a menudo
Resurgir el fuego
Del antiguo volcán
Que se creía demasiado viejo.
Existen tierras quemadas
Que dan más trigo
que un mejor abril
Y cuando viene la noche
para que un cielo arda
El rojo y el negro
¿Acaso no se unen?
No me dejes,
No voy a llorar
No voy a hablar
Yo me ocultaré
Para mirarte
bailar y sonreír
Y escucharte
cantar y después reír
Déjame volverme
La sombra de tu sombra
La sombra de tu mano
No me dejes





José






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Tengo miedo…



Título: Tengo miedo...
Autor: José

Desde la ventanilla del avión se divisaba nuestro destino .El norte argentino montañoso y cubierto de bosques se acercó rápidamente.
Al llegar al aeropuerto recogimos nuestras valijas. Alicia y Jorge eran compañeros de trabajo que me acompañaban, nos esperaban tres días de mucha tarea y al cuarto regresaríamos .Nos encaminamos hacia la entrada, cuando llegamos divisamos una persona que elevaba un letrero con nuestros nombres, era lo usual siempre nos esperaba alguien con un automóvil. Nos acercamos, Alicia murmuró:
-¡¡Es un bombón!!-.
-Suerte que nos vinieron a buscar-.Dijo Jorge, su marido.
Yo mudo empecé metódicamente a desnudarlo, en el ínterin pensaba-Con semejante calor y con saco-.
El bombón se acercó y presentándose, nos informó.
-Me llamo Matías yo los llevaré al hotel y si ustedes están de acuerdo los acompañaré durante su estadía-.Rápidamente tomó nuestro equipaje, lo guardó y abrió las puertas de su auto .Alicia y Jorge se sentaron atrás y yo en la butaca a su lado.
Habíamos salido de Buenos Aires a las seis de la mañana, eran las ocho y un impiadoso sol y una atmosfera sofocante fue lo primero que percibí .Matías se introdujo en su coche y accionó la refrigeración mientras decía.
-Espero que los señores estén cómodos, estos últimos días ha hecho mucho calor pero con la refrigeración se aguanta ¿no les molesta?-.Alicia respondió:
-¿Cuántos años tenés?-.
-Treinta y uno, señora-.Contesto-.
-Todos nosotros andamos por esa edad, o sea que la señora no vino, me llamo Alicia, mi marido Jorge y el que se sentó a tu lado es José-.
-Gracias, señora…digo Alicia-. Respondió mientras bajaba la mirada encendía el motor y nos poníamos en marcha.
Durante el trayecto mi amiga conversó, preguntó e interrogó .Yo permanecí en silencio .Mis narices se habían dilatado, un suave perfume a desodorante de auto se mezclaba con el olor a jabón que desprendía el cuerpo de Matías pero la suavidad del perfume no ocultaba las oleadas que me llegaban por la cercanía de su transpiración mezclada con el aroma a macho.
Manos fuertes prendidas al volante maniobraban con agilidad, sus muslos envueltos en la tela gris de sus pantalones permitían adivinar la forma y fortaleza de sus músculos .La camisa entreabierta mostraba un pecho que acompañaba sus movimientos.
Durante los días siguientes Matías llegaba al hotel con puntualidad, nos llevaba al lugar de trabajo y nos esperaba por la tarde a la salida. Gracias a Alicia el clima de estos traslados era despreocupado y alegre sin embargo Matías guardaba una prudente distancia y hacia caso omiso a mis miradas que pretendían ser devastadoras.
La segunda noche fuimos invitados a comer fuera de la ciudad, Matías se encargó del traslado, convinimos una hora de regreso.
A la una de la mañana nos avisaron que había llegado y animado por la oscuridad de la noche decidí tomar la iniciativa .Era evidente que de él no surgiría nada .Emprendimos el regreso yo como siempre en la butaca a su lado .Aflojé los brazos , liberé las manos que comenzaron a colgar a mis costados , primero apoyándolas en mi asiento y luego y como al descuido en el suyo .Pronto mi dedos rozaron sus firmes piernas, al principio con suavidad luego con insistencia comencé a acariciarlo , no retiró ni hizo ademán alguno .Preparé mi mejor sonrisa y lo miré , su rostro imperturbable enfocó el camino salvo por breves momentos en los que atento al espejo retrovisor miraba al asiento de atrás , Alicia dormía en el hombro de Jorge que miraba distraídamente por la ventanilla.
Continué en el intento e introduje sin dejar a dudas la mano izquierda entre su muslo y el asiento mientras con el pulgar acariciaba la tela de sus pantalones , una y otra vez repetí el movimiento sin sentir la menor señal de recibo .Giré nuevamente la cabeza hacia el y lo miré, por primera vez y muy rápidamente sus ojos respondieron , firmes pero apresurados parpadearon y una leve sonrisa se insinuó en sus labios .Llegamos al hotel y al despedirnos extendí la mano hacia sus rodillas gesto que fue interceptado por él , que la estrechó muy fuerte mientras decía .
-Buenas noches-.
A la mañana siguiente era mi último día de trabajo y cuando Matías nos vino a buscar no dudé cual seria la posición de mi mano .Sin repuesta.
Por la tarde lo mismo y al llegar al hotel decidí frontalmente proponer:
-Me gustaría conocer la ciudad de noche ¿creés qué se puede arreglar?-.Haciendo caso omiso a mi pregunta en primera persona, Matías miró hacia atrás y dirigiéndose a Alicia y Jorge preguntó:
-¿Ustedes también irían?
Alicia rápida y astutamente respondió.
-Nosotros todavía tenemos trabajo en la mañana .Y al que le gusta la conga es a José-.
-Bueno, entonces podríamos visitar los lugares iluminados que son muy bonitos, y después…-.
-Después me gustaría escuchar música, como la que vos no ponés-.Interrumpí .Todos los viajes eran con el fondo de hermosas canciones del folklore norteño.
-De acuerdo ¿a que hora?-.Repuso con total neutralidad.
Arreglamos para la 10 de la noche pues tenia otros viajes que hacer.
Cuando bajé ya estaba esperando y cuando subí al automóvil controlé mis ganas de gritar “al fin solos”. Matías muy escuetamente preguntó:
-¿Te parece que nos organicemos, donde querés ir?-.
-Al parque, hay unos edificios coloniales que me gustaría ver iluminados-.Mientras esto decía y lo miraba coloqué mi mano en el lugar ya habitual .El bajó los ojos como lo hacia, también habitualmente y arrancó el motor.
Empezamos a conversar de cualquier tema mientras mi mano iba y venia .Entramos al parque iluminado pero con sombras que yo aprovechaba para instalar mi mano encima de su rodilla. Como si no existieran, ni mi mano ni su rodilla.
-Bueno acá llegamos al lugar que vos querías ¿Estaciono?-.
-Dále y bajamos-. La rápida inspección me permitió ver que la parte de atrás no estaba iluminada.
Paseamos unos minutos y luego me encaminé hacia la zona oscura. Habíamos rozado nuestras manos, pero cuando llegamos a las sombras pasé mi brazo por su cintura, hizo un leve movimiento de esquive mientras murmuró.
-No pude ir a mi casa y estoy todo transpirado-.
-No importa lo mismo sos hermoso-.Respondí mientras ceñía mi brazo más aun.
-Con que así vienen las cosas- .Dijo rozándome tímidamente la mano.
-Pero ¿recién te das cuenta de cómo vienen las cosas?-Agregué
-No soy ningún pelotudo, desde anoche que me estas tocando delante de tus amigos-Respondió algo molesto.
-¿Y? no tengo porque ocultarme de mis amigos-.
-Esto no es Buenos Aires, cuando recién pasó una moto, se dieron vuelta a mirarnos porque me tenías abrazado-.Dijo sin enojo.
-Tendrían ganas de participar-.Respondí sonriente-
-Si, cualquiera, vamos al auto no me abracés pero dame la mano-.
No dirigimos hacia el coche y cuando entramos mis dedos encontraron rápida ubicación acariciando su bragueta.
-Bueno esta aclarando, ¿esto es lo que te gusta?-.Mis dedos ciñeron mas su bulto, aunque imperceptible algo se movía.
-Claro que me gusta y en cuanto no haya tanta luz, te quiero besar-.
-Yo no doy besos porque esto no es amor-.Categórico.
-Ya sé que no es amor, es pura calentura, ¿no entiendo lo de los besos?-.
-Yo solo beso a la mujeres-.El bulto seguía creciendo.
-Aclaramé entonces ¿qué hacés con los hombres?-.Como tenia mas volumen para acariciar decidí no fastidiarme.
-A los tipos les dejo que me tiren la goma-.Presionó mi mano sobre su goma que se endurecía.
-A mi chuparla me gusta ¿pero tanta cosa para terminar en una mamada?-.Me estaba comenzando a divertir, ya que palpaba la verdad.
-Si querés te cojo también, pero queda claro que el culo no te lo presto ni ahí-.Escabulléndome la mirada.
-No me interesa tu culo, suficiente con que te guste el mío-.La cosa prometía, la bragueta estallaba.
-Y aunque las apariencias engañen tengo una nave poderosa-.Afirmó orgulloso.
-¿De que apariencias me estas hablando? Si te la estoy tocando-.Bruscamente se agrandó
-Es que yo no la ando exhibiendo, con las muje…-.
-No me interesan las mujeres, ¿que hacemos ahora?-.Aunque la apología de la homosexualidad me hubiera salido fácil, busqué cortar y dejar que la noche se desarrollara.
-Si me vas a tirar la goma y después te cojo lo mejor es un hotel, pero al tuyo no voy-.No se discutía.
-Esta bien es tu ciudad podemos ir adonde quieras-.Respondí mientras trataba de gobernar la nave ciertamente grande y poderosa.
Esta vez no respondió, salimos del parque enfilamos por una carretera, doblamos por un camino y nos acercamos a una edificación con una entrada, a través de un portero eléctrico, pidió una habitación, le dijeron el precio, manoteó su billetera sacó plata, la puso en una bandeja que giró y el portón se abrió .Presencié en silencio, era todo tan típicamente lo que debe hacer un hombre macho que me enterneció por lo que saqué mi billetera y le dije:
-Creo que lo justo es pagar a medias-.Aceptó mi dinero y no dijo nada .Del garaje donde dejamos el auto ingresamos a la habitación.
Una tenue luz alumbraba una cama, mesa de luz con teléfono y un televisor. Rodeé su cuello con mis brazos reclinando mi cabeza sobre su hombro, con un ligero movimiento se deshizo del abrazo y propuso:
-Nos desnudamos-.
Me estaba hartando. Pero comencé a sacarme la camisa y seguí con los pantalones, me senté en la cama y leí un letrero.
“A los estimados clientes: si desea alguna música en especial, pulse 0 y nuestra operadora concretará sus deseos”.
-¿Pedimos alguna música? Así alegramos la situación, por lo menos-.Acoté con ironía.
-Puede ser, pero no creo que tengamos los mismos gustos -.Respondido con inquietud.
- A lo mejor podemos ponernos de acuerdo-.Repliqué pensando en irme.
-A mi no me gusta el folklore, yo prefiero la cumbia bailantera-.Respondió tanteándome.
-¿Por ejemplo?-
-Me gustan Los Sultanes tienen ritmo-.
Matías pensé, no sabes donde te acabas de meter, eran el éxito gay del verano en la costa argentina.
-A mi también -. Le alargué el teléfono-.Pedí lo que quieras-.
Oprimió el 0 y pidió a la operadora, Macho Man mientras agregaba con inseguridad:
-Espero que te guste-.

Macho, quiero ser…
Macho, quiero ser bien macho
Macho, quiero ser…
Macho, quiero ser bien macho
Todos quieren ser un macho man
Macho macho man
Macho macho man
Yo quiero ser…. Un macho man
Macho macho man
Macho macho man
eso es lo que yo quiero ser

Todo el mundo quiere ser un macho man
Siempre quise serlo, y hoy me animaré
Duro en el gimnasio, yo trabajaré
Mis abdominales bien yo marcaré
No podrán creerlo como quedaré
Todo el mundo quiere ser un macho man



Dicen que la música calma y relaja, pero este no parecía el caso .Tirado en la cama, malhumorado y con la cabeza apoyada en mis brazos vi a Matías bailar semidesnudo en boxer, alrededor de la cama.Su cuerpo , su hermoso y musculoso cuerpo acompañado por los intensos claroscuros de la media luz me dejó sin aliento .La formalidad desafiante había desaparecido , el ritmo acompañaba la sensualidad de sus movimientos , no podía comprender como se le escapaba el sentido oculto de lo que hacia .La letra por demás elocuente no hacia la menor mella en los movimientos que realizaba .
La música y Matías eran una unidad indisoluble .Yo como en otros momentos había dejado de existir.
Al concluir la música un pesado silencio se apropió de la habitación, Matías me miró interrogadoramente, como sin darle importancia exclamé:
-¿Te vas a meter en la cama? O eso también es no-.
Se saco el boxer y mi pecho se acelero, puse cara de nada total, mientras observaba como se arqueaba su cuerpo y se colocaba a cuatro patas sobre la cama.



Pude apreciar el tamaño de semejante nave y entendí el motivo de su promoción, opté por permanecer acostado y boca arriba, mientras Matías interrogaba:
-¿Te gusta?-
No respondí, tomó mi mano, la colocó encima de su desnuda pija y mis dedos respondieron al mismo tiempo que mi decaído y desilusionado pene, lo miró y agregó:
-Queda claro ni besos, ni el culo-.
Retiré mi mano y le di la espalda, por primera vez sentí que me acariciaba mientras susurraba:
-No te enojés, tiráme la goma-.
-¿A cambio de qué?-.Trate de sonar irritado, pero no lo conseguí, el juego estaba echado.
-Esto y tan solo esto-.Sus labios se posaron sobre los míos muy rápidamente mientras se echaba sobre sus espaldas:
-Ahora me la mamás ¿si?-.
Me incorporé, me agaché, tomé entre mis manos tan bello aparato y lo mire, comprendí a mis amigos españoles cuando hablan de capullo; la cabezota gorda e hinchada era realmente algo que parecía estallar. Lo introduje en mi boca en señal de total derrota, sentí sus manos sobre mi cabeza y mientras mi lengua rodeaba el capullo florecido Matías me premiaba con sus gemidos, fui hasta el nacimiento y acompañé todo su recorrido una y otra vez .Me la sacó de la boca y pidió:
-Acostáte boca arriba y abrí la piernas-.
Lo hice se subió encima mío colocó su pija entre mi piernas mientras al oído ordenó.
-Ahora cerrálas-.Obedecí.
Matías comenzó a moverse adelante y atrás, atravesándome las piernas juntas y sin darse cuenta rozándome con su abdomen mi descontrolada pija.
Quise besarlo pero ante cada intento doblaba su cabeza esquivándome .El cosquilleo en mí pija y su agitada respiración anunciaban un final que no deseaba, me separé diciéndole:
-Métela, cógeme, ya-.
-Ponéte en cuatro patas-.Exigió mientras se enderezaba.
Lo hice, se tiró encima mío y la ensartó .Un fuerte dolor recorrió todo mi cuerpo.
-¿Estas loco? Acaso te pensás que soy un agujero por lo menos una caricia, no te estoy pidiendo un beso-.
Saltó de la cama mientras buscaba un gel, se untó los dedos y con suavidad me acarició el agujero .Me levantó las piernas se las colocó en los hombros y comenzó a meterla .Esta vez al dolor le sobrevino una sensación de intenso placer, alcancé a pedirle:
-No acabés adentro, sacála y acabáme encima-.El vaivén de sus movimientos se incrementó hasta que anunció:
-¡Ya acabo, ya acabo!-.La poderosa nave se incrustó en mi abdomen que comenzó a mojarse mientras yo lo abrazaba y al compás de su excitado semen acabé a mi vez entre los dos.
Nos separamos y nos recostamos en la cama, Matías extendió su brazo buscando una toalla pero le gané de mano:
-Déjame hacerlo a mí-. Me coloqué a su lado y comencé a secar su transpirado y lechoso cuerpo:
-Esto se siente bárbaro, ninguna muje…-.Le tape la boca mientras decía:
-Ahora me toca a mi elegir música, pero seguimos con los Sultanes-.Pulse 0 y pedí Marica tu ¡¡


Marica quien? Marica tu
Marica yo, Marica jo jo

Valor, Valor ser gay en esta vida
el que diran y que digan los que digan
Si eres gay... (Si eres gay)
Esta bien... (esta bien)
Que te importa si es tu vida
Sal de ahí... (sal de ahí)
Ven aquí... (ven aquí)
Tu destino es ser feliz

Fiesta fiesta pluma pluma gay
pluma pluma gay pluma pluma pluma gay

Que importa si yo he nacido gay
Todos somos gay
Y aunque cueste hay que gritarlo
SOY GAYY!!!!

Fiesta fiesta pluma pluma gay
pluma pluma gay pluma pluma pluma gay

Marica quien? Marica tu
Marica yo, Marica jo jo

Fiesta fiesta pluma pluma gay
pluma pluma gay pluma pluma gay



-La conocía pero nunca le presté atención a la letra-. Dijo con tono asombrado.
-¿Así qué tu conjunto favorito eran los Sultanes-. Una sonrisa de satisfacción me llenó la boca.
-Vamos yendo es tarde-. Contestó mientras comenzaba a vestirse.
Llegamos al hotel y arreglamos que al día siguiente, luego de buscar a mis amigos y llevarlos volvería por mí y pasearíamos.
A la mañana, me introduje en su auto, Matías sin su prolija afeitada estaba más hermoso que nunca:
-¿Adonde quieres ir?-Preguntó.
-¿Qué puedo elegir?-.Respondí, sabia que luego debería buscar a Alicia y Jorge para llevarnos a todos al aeropuerto.
Comenzó la enumeración de lugares hasta que mencionó él que quedaba cerca del hotel de la noche anterior.
-La reserva forestal, no la conocí ¿vamos?-.
Arrancó el automóvil, me recosté en el respaldo y comencé a acariciarlo mientras la obligada música folklórica se escuchaba muy despacio .Pronto mis dedos acariciaron su bragueta que comenzó a hincharse doblamos nuevamente el camino pero esta vez nos internamos en la espesura del bosque, inquieto pregunté:
-¿No vamos al hotel?-.
-No, es de día-.Respondió Matías.
-¿¿Y??-.
-Nos pueden ver-.Agrego.
-Entonces ¿no hacemos nada?-.
-Lo hacemos acá, en el auto en medio del bosque-.Continuó.
-¿Me das un beso?-Dije haciéndome el indiferente.
-¿Te gustaría qué te acabe en la boca?-Matías me miró.
Dudé y decidí mentir.
-La verdad, no me gusta-.
-Bueno a mi no me gusta dar besos-.
-¿Qué hacemos entonces?-Repliqué.
-Yo te iba a proponer que te doy dos besos a cambio de acabarte en la boca-.
-Por cuatro besos, lo hago-.Sonreí, había caído en la trampa-.
-Bueno-.
No terminó de hablar que mi boca se prendió a la suya, mi lengua en su garganta celebraba tan postergado momento, mis dientes mordían sus labios mientras mis mejillas se acariciaban con su rasposa barba .Me tomó del cuello y me enterró como repuesta su lengua que recibí y rodee con la mía, fue un beso eterno, un encuentro deseado por lo esperado. Cuando nos separamos su cara expresaba desconcierto.
-Besas muy bien, mejor que una muje...-.Lo hice callar.
-Ahora, ¿me la mamás?-.Murmuró a mi oído.
Su poderosa pija ya latía fuera de su bragueta y se agrandó en mi mano.
La cabezona, el capullo español, entró en mi boca .Matías reclinó su asiento, lo echó atrás, mientra yo ubicaba mi cabeza entre el volante y sus pantalones .Mamé con fruición mientras mi lengua trabajaba cada recoveco de su pija. Matías casi gritando:
-Ya, ya acabo -.Ceñí mi labios y el torrente de leche inundó mi boca, la tibia oleada pasó a mi garganta y tragué mientras seguía chupando.
Relajó su hermosa humanidad y acaricio mi cabeza preguntando
-¿Acabaste?-.
Aunque tenía los boxers mojados, mentí nuevamente y contesté:
-No, ¿me ayudás?-
-Te la toco por encima del pantalón, pero no la saqués-.
Entregó su mano que acarició una y otra vez mi nuevamente excitada pija, mientras mis labios mordían su cuello y ya exhausto acabé de nuevo.
Reclinados en los asientos dentro del auto y en medio del bosque nos miramos.
-Me gustó más que ayer-.Matías exhaló.
-No peleaste por tu culo-.Respondí y un silencio se instaló entre los dos.
-Te lo voy a decir una vez nada más, tengo mucho miedo que me terminen gustando solo los hombres-.
-¿Cuál seria el problema?-. Interrogué.
-Me muero-.Enfatizó.
-No te mueras, volvamos y te invito a almorzar, elegís el lugar de la despedida-.
-Siempre y cuando te portes bien-.
-¿Y eso?-.Pregunté.
-No quiero que me beses o me acaricies delante de la gente-.
Lo tranquilicé y almorzamos .Subimos al automóvil y mientras enfilábamos al hotel, mis manos exigieron su destino, la bragueta de Matías.
-Sós imposible-.Afirmó-
-Quiero ser posible-.Respondí
-¡Increíble!-.Aclaró
-Quiero se creíble-.Sonreí
-Decididamente inaguantable-.Continuó.
-Se te esta parando -.Largué un carcajada.
-No soy un gorrión que acaba y se va-.Me miró.
-Ojala fueras un gorrión, que acaba, se va y vuelve varias veces-.Devolví la sonrisa, llegábamos al hotel y mi mano empezó a despedirse de la embravecida nave.
Alcancé a bañarme, ordenar mi bolso cuando me llamaron para ir el aeropuerto.
Nuevamente Alicia y Jorge en el asiento de atrás yo en la butaca de mi propiedad, acariciando ocasionalmente sus piernas.
Llegamos al aeropuerto, Matías me entregó el bolso y titubeando me extendió la mano, yo la ignore y echando mis brazos a su cuello y mordiéndole la oreja le susurré:
-Adiós macho hermoso-.
Respondió a mi abrazo y cuando nos separamos dijo alegremente:
-Saludos a tus padres-.
-Gracias, igualmente a los tuyos-.Respondí mientras miraba a mí alrededor y percibía los compañeros de trabajo de Matías.
Entramos al hall y comenzamos la cola para el check in .Mi celular dio la señal de un mensaje:
“Me parece que te gusto todo”
Al que respondí:
“Ya me estás extrañando”
La repuesta no tardo:
“¿Cuándo volvés?”.
¿Qué responder?
“Pronto, espero”
Alicia a mi lado me sonrió y comentó:
-En la primera oportunidad va ha tener otro, es demasiado hermoso-.
Conversando nos acercamos al mostrador de la línea aérea .Una voz me pidió:
-¿Me permitís el bolso?-.
La voz tenía un brazo, el brazo tenía pelos, debajo de los pelos un tatuaje y siguiendo para arriba una cabeza, pelo al ras, barba negra cortita, ojos negros y boca que pidió:
-¿Documentos y pasaje?-. Entregué lo que me pedía y largué una caricia de prueba.
-Tu tarjeta de embarque-Devolución de caricia, sonrisa y ojos negros.
-Embarcas por puerta 2, tu ticket de equipaje-.Más caricias, más sonrisas, más ojos.
Jorge mi amigo se acercó inquieto:
-José ya tenemos que embarcar, ¿no pensarás quedarte?-.
-No, no, esta todo en orden, ya voy-.Sonreí al brazo, al tatuaje, a los pelos, a la barba y los ojos. Traté de serenar mí alborotado boxer .Los Sultanes vinieron en mi ayuda:

Estoy saliendo con un chabon
ya mas de un año, van casi dos
estoy enamorado y saben que?
me gustaría darle un varón.

El desgraciado me hizo operar
nadie sabia de esa traición
me fue engañando me pareció
el puso trampas a mi corazón

Decilé si el no quiere bailar conmigo
decilé que no sufra por nuestro amor
a vos que te hace caso que sos amigo
ya no voy a vengarme por su traición


En la farmacia me lo encontré
un gran escándalo allí se armó
le hice una escena que no sabés
un policía nos separo

Hoy me llamó a mi celular
se disculpó, me invitó a cenar
paseamos juntos por Santa Fe
pero yo se, el me va a engañar


Decilé que lo quiero y baile conmigo
decilé que yo sufro por nuestro amor
a vos que te hace caso que sos amigo
ya no voy a vengarme por su traición





José



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Solo Por Nadar




Título: Solo Por Nadar

Autor: José



Desde hace mucho solía ir a un gimnasio a nadar, a dos cuadras de casa Tres veces por semana sonaba el despertador a las 7 me calzaba un pantalón y un sweater, tomaba el bolso, llegaba, me desnudaba me ponía una zunga (no me atraen las bermudas) ya que me gusta exhibirme y es mas cómodo para nadar (en ese orden), me metía al agua y me despertaba. Luego de 2 horas volvía a casa me afeitaba, bañaba y desayunaba.
Alrededor de las 8 llegaba al gimnasio, la profesora una piba muy simpática y los primeros alumnos. Un día me contó que cambiaba de trabajo y que vendría un profesor.
A la vez siguiente mientras nadaba sentí una presencia, mire de reojo, lo que vi, merecía que interrumpiera y me sacara las antiparras .Un hermoso dios latino estaba en el borde de la pileta y una sonrisa me dijo:
- ¡Hola!-.
Extendí mi mano y respondí.
-¡Hola!-.
Recorrí su cuerpo hasta detenerme en sus ojos que mantuvieron mi mirada por un largo rato. Seguí nadando y cuando salí, sentí a mi vez que era evaluado, técnicamente, pensé.



Conociéndonos Gustavo se mostró como el típico porteño de barrio, simpático inteligente y divertido .Yo nadaba por un andarivel vecino al que el daba clase.
En las idas y vueltas sentí una caricia en mi espalda, casualidad se me ocurrió, pero ante la insistencia empecé a devolver las tocadas, no era la primera vez que jugaba debajo del agua. Finalmente puse el despertador más temprano, me afeité y me bañé .Gustavo me miró y dijo:
-¿Te afeitaste?-.
Las caricias se incrementaron .Cambié de estilo en vez de crawl , nadé pecho era mas fácil de maniobrar, Gustavo aseveró , pecho es mas ejercicio .Todo parecía encaminado .Pronto agucé mi ingenio ,en la mitad de la pileta nadaba crawl al acercarme a el cambiaba por pecho cuando llegaba a su robusto cuerpo mis manos como palomas aleteaban para tocar o agarrar lo que pudiera , cuando era imprudente una leve cachetada alejaba mis indiscretos dedos y una sonrisa cómplice me estimulaba a seguir , por su parte siempre había un brazo dispuesto al roce, , una pierna levantada para la caricia o la vía libre para investigar su esquivo bulto .
Nadando de pecho o de espalda, bajo o sobre el agua, con técnica o sin ella mi único objetivo era tocarlo y que me tocara. Llegué a sentirme como la misma Esther Williams.



La hora temprana de la mañana era nuestra cómplice, estábamos solos .Un día me dijo al pasar:
-Tengo una nueva alumna desde la semana que viene a las 8-.
No había contado con esa eventualidad y azorado respondí:
-¡¡Pero ese es nuestro horario!!-.
-A vos no te enseño, nadás muy bien y no lo necesitás-. Replicó molesto.
Tenía razón yo hacia pileta libre y no había contratado sus servicios .Callé y medité.
Al lunes siguiente una cincuentona en muy buen estado físico empezó las clases, al poco tiempo Gustavo la tenia con los brazos en el cuello, caliente, exigente, seductora y más decidida, logró un acceso al cuerpo de Gustavo que yo no había conseguido .Estaba furioso, si bien la pileta estaba vacía de gente yo no cedía terreno y continuaba en el andarivel vecino al que se daban las clases. Dejé de implementar la caricias y decidí desquitarme a patadas .Al acercarme preparaba mis fuerzas y como dominaba el estilo pecho siempre largaba una pierna que llegaba a su destino .Gustavo aguantaba mi pataleta sin decir nada .Mi furia incontrolable iba en aumento y sucedió lo esperable al intentar patearlo erré la dirección y mi pie terminó en el estomago de mi odiada rival con quien solo intercambiábamos miradas de desprecio:
-Estupido, no te das cuenta que me golpeaste ¿Por qué tenés que nadar siempre al lado nuestro? ¿No tenés toda la pileta para hacerlo?, Me molestás y encima me golpeás, pelotudo-.
-Como tengo toda la pileta para elegir y llego a las siete y media de la mañana hago lo que se me da la gana-. Respondí.
Con voz chillona gritó:
-Gustavo tenés que hacer algo este tipo es un peligro publico-.Reclamó.
Era una apuesta fuerte tanto de ella como mía, no estábamos peleando un territorio, la pelea era por la posesión de Gustavo, quien intervino.
-Yo no puedo hacer nada con los lugares en la pileta, pero si te puedo pedir a vos que tengas mas cuidado y no patees-. La salomónica intervención no me conformó y a ella menos, que se dirigió a la escalerilla con enojo, encaminándose a los vestuarios.
-¿Estas loco, no ves que tiene razón? Me ponés en una posición difícil, además como estamos en otoño no quiere venir a este horario, en invierno en unos días cambia para más tarde-.
-¿Por qué no me lo dijiste?-atiné a decir sorprendido.
-¿Acaso sos mi mujer para informarte de todo?-Decididamente estaba enojado.
-No, no lo soy ¿Acaso sos casado?-.Mi tono de voz disminuyó.
-Si, desde hace un año-. Seguía enojado .Estaba por reprochar no haberlo sabido pero me mordí la lengua.
-No me había dado cuenta -. Repuse, no solo eso, sino que la posibilidad ni se me ocurrió.
-Dejo el anillo en el vestuario-.Aclaró.
-De cualquier manera esta es una discusión sin sentido, vos también vas a cambiar de horario en invierno-.Remató para mi sorpresa.
-¿Acaso sos mi marido para decretar el cambio? .Contesté intencionadamente.
-No imbecil, por el frío me refiero-.Con tono de pregunta
-¿Frío? ¿Acaso la pileta no es climatizada? ¿Acaso vos no calentás el ambiente?-. Continué con la misma intencionalidad.
-Bueno, bueno, ya estas delirando ¿Te puedo pedir que te disculpes con la señora?-.
-Pedido así no me puedo negar-.Acepté.
A la salida la esperé y lo hice.
Me quedé meditando, lo dicho al pasar lo escuche a fuego, Gustavo era casado y la verdad es que yo evito problemas con casados, sin embargo esta vez había ido mas lejos y no podía detenerme , no podía perderme nada.



Estábamos llegando a Agosto del 2008 , hacia mucho frío , el 8/8/08 fecha cabalística elegida por los chinos para comenzar las Olimpiadas de Beijing ,fue cuando mi suerte empezó a mejorar .El gimnasio dada ,la diferencia horaria con Argentina, había puesto televisores por todas partes .Yo no quería perderme nada de esto tampoco .Me entusiasman los deportes, sobre todos los masculinos , me deleita ver chicos al viento y en el agua agitando cuerpos , exuberancias musculares o genitales y ese año tenía un agregado extra durante dos horas , todos los días vería las Olimpiadas con Gustavo.
Sentados uno al lado del otro encendíamos el televisor y el entusiasmo, ya sea por la intensidad de la competencia o porque así lo exigía nuestro deseo. De la mano, con las rodillas apretadas, colgados de nuestros hombros o abrazados pasaron los días .Nos besamos alegremente cuando el seleccionado de futbol argentino salió campeón olímpico pero lo que mas nos divertía eran las competencias en natación que seguíamos con prolijidad apostando y discutiendo .El día que se definían los ganadores de los saltos en la categoría 10 metros nuestro entusiasmo creció ambos estábamos convencidos que el campeón seria el australiano Matthews Mitcham. Gustavo porque lo consideraba un buen deportista, yo también y además...
Matthews ganó.



Luego que le entregaron la medalla de oro nos pusimos a charlar.
-Yo estaba seguro que ganaría -.Declaró Gustavo.
-Yo también, además era importante que ganara-.Continué.
-¿Por qué? Preguntó.
-Por que es gay-. Respondí y agregué.
-Igual que yo-.Lo miré.
-Desde el día que hiciste el berrinche con la mina, lo supe me parece bien, yo tuve varios compañeros gays-.Me dio un beso en la mejilla, se dirigió al vestuario.
Yo bastante mareado, como no sabia que hacer decidí quedarme a la expectativa.
Al otro día mientras estaba en el agua alguien se zambulló, era Gustavo, me abrazó su cuerpo firme y mojado me dejó sin aliento .Era el fin de las Olimpiadas y esa noche pasaban un compilado de lo mejor .Él y su mujer me invitaban a comer, acepté. Prolijamente compré un ramo de flores para ella y una botella de vino para la cena .Pasamos una agradable noche, al despedirme como había ido sin automóvil Gustavo se ofreció llevarme a casa. En el camino charlamos y al llegar nos quedamos en silencio, ataqué:
-¿Qué vamos a hacer? Me miró y respondió:
-Nada, seguir siendo amigos-.
Suspiré cerré los ojos, recliné la cabeza en el asiento sentí que me tomaba la mano, me quedé quieto, se acercó y me besó largo, lo acaricié volvimos a besarnos pensé, en casa o en un hotel que él decida.
-Tengo la llaves del gimnasio.-Sin decir palabra arrancó el automóvil .Llegamos, yo en silencio dejé en sus manos toda iniciativa.-
-Vamos a una reposera-.Sugirió, mientras me abrazaba y besaba.
-Desde el día que te peleaste por mí, tengo ganas de hacerlo, pero es mi primera vez con un tipo, me tenés que enseñar-.Empezó a morder mi boca, alcancé a decir.
-Mentiroso-
Me saqué la camisa y el hizo lo mismo, besé su suave pecho, él mordisqueo mi cuello, Me recosté en una reposera, él se tiró encima mío, enlacé su cuello con mis brazos, él rodeo mi cintura con los suyos .Abrí mis piernas, él introdujo las suyas oprimiendo con toda su fuerza, cerré las mías y lo aprisioné .Liberé mis manos y la emprendí con su cinturón alcancé a rozar su excitación. Gustavo se paró, se sacó los pantalones, quedó desnudo y en la semipenumbra alcancé a divisar la pija que durante estos meses había atisbado a través de su zunga. Imitándome pero excitado me sacó los pantalones y volvió a tirarse encima mío, Abrí mis piernas que abrazaron su cintura .Su pene que aun no había tocado rozó mis testículos, refregándome el culo. Sentí dos poderosas masas acariciándome, sus velludas piernas, la búsqueda incesante de su pija por un agujero donde meterse .Mientra lo seguía besando, pensé que era cierto lo de la primera vez, no por torpe sino por lo buscador. Me separé lo recliné sobre la reposera tomé su pija, increíble, gorda y mojada y la introduje en mi boca.
-Esto si es la primera, primera vez -. Suspiro mientras me la entregaba.
Dispuesto a hacer la mejor mamada de mi vida me apoderé de su pene mientas pensaba –Te la voy a chupar para que nunca te olvides de mi-.Metí la lengua entre la piel del prepucio acariciando su cabeza con mis labios al mismo tiempo que mamaba , succionaba y tragaba entero el pedazo que tenia en la boca hasta su comienzo , luego comenzaba de nuevo con la cabeza enganchando la piel entre mis labios y tironeando suavemente .Gustavo acostado me dejaba hacer , testigo anhelante del apoderamiento de su pene solo atinaba a acariciarme los hombros . Suavemente tomé sus manos las llevé a mi cabeza en un movimiento que hacia presión, entendió y me cogió la boca mientras gemía.
-Es mi primera vez, si, si-
Volví a recostarme, su pija resbaladiza de su propia humedad y de mi saliva quedó en mis manos la tomé y Gustavo se levantó con sus brazos sin despegarse de mí.
Enlacé su cintura con las piernas, con las manos guíe su pija hacia mi agujero, empecé a introducirla mientras me miraba, sin ver .Empujé el trozo al tiempo que buscaba la mayor dilatación ¡era muy gorda! Cuando la tuve todo adentro comenzó a moverse mientras yo hacía lo más para recibirlo,el resalto habitual me excitó, murmuré su nombre varias veces mientras él respondía :
-¡¡Qué, qué!!-. Inclinando su cuerpo para besarme la boca.
Gustavo aceleró el ritmo de sus movimientos, su respiración se agitó, me levantó y me estrechó contra su pecho, mientras pedía:
-Quieto, no te muevas, te acabo adentro-.Lo hizo entre gemidos, mordiscos a mi boca y temblor de sus piernas .Al separarse, se colocó a mi lado, preguntándome:
-¿Eyaculaste?-.Negué con la cabeza, al darse cuenta estiró su mano que envolvió mi pija al tiempo que murmuraba:
-Te pajeó, sino te quedás mal-.Sus ojos preocupados rodearon mi cara, yo me sentía feliz hacia mucho que no sentía tan fuertemente el placer que significa la excitación de otro. Agitó mi pene, volví a pronunciar su nombre, mientras sus manos se mojaban con mi semen.
Permanecimos muy juntos mi cabeza había encontrado su espacio en un hueco de su hombro, mientras Gustavo abrazaba mi cintura.



El tiempo transcurrió sin darnos cuenta y prácticamente sin hablar .Miró su reloj y exclamó.
-En dos horas suena el despertador, vuelvo a casa con mi mujer ¿qué vas a hacer?-.
-Me quedo un rato y vuelvo a casa caminado-.Lo observé mientras se vestía apresuradamente.
-¿Cuándo te veo?-.Preguntó
-Ya es sábado, las Olimpiadas han terminado, yo recién vuelvo a nadar el lunes-.
Contesté casi informativamente .Contra esta mujer no podía pelear .Un rápido beso fue la despedida .Al quedarme solo y desnudo me tire al agua, quise evocar a Esther Williams, no pude, parecía muy lejana, el reloj había marcado su tiempo, no lo podía detener. Nadé crawl.

Reloj no marques las horas
Porque voy a enloquecer
Ella se irá para siempre
Cuando amanezca otra vez
Nomás nos queda esta noche
Para vivir nuestro amor
Y tu tic-tac me recuerda
Mi irremediable dolor
Reloj detén tu camino
Porque mi vida se apaga
Ella es la estrella
Que alumbra mi ser
Yo sin su amor no soy nada
Detén el tiempo en tus manos
Haz esta noche perpetua
Para que nunca se vaya de mí
Para que nunca amanezca





José






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Drácula, III



Título: Drácula, III

Autor: José


Desde las ventanas de mi palacio en Roma, divisé la inconfundible belleza de Giovanni que atravesaba las barrosas y atestadas calles.

Lo miré con ternura. Desde hace pocos meses, en posesión de la fortuna y rango de mi padre, muerto en la guerra con los franceses, nos trasladamos desde la Toscana hacia la gran ciudad. Giovanni era la única familia que me quedaba .Mi madre descendiente de la familia real de Rumania, murió cuando nací. Fui amamantado y cuidado por la madre de Giovanni mi hermano de leche .Cuando ella murió, mi padre soldado y campeón de los Medici nos dejó al cuidado de la servidumbre, continuando su vida militar hasta morir.
A poco de llegar a Roma fui llamado por el Papa Clemente VII quien en honor a mi familia y siendo un Medici agradecido, me recibió en su recamara privada. Su Santidad me interrogó sobre mi futuro y al responderle que deseaba ser un artista, no ocultó su sorpresa al suponer mi destino como soldado .El Papa pensando en un capricho juvenil me aconsejó que aprendiera con un buen maestro y me sugirió que tomara lecciones con alguien experimentado, aconsejándome a Miguel Ángel el pintor que estaba retocando la Capilla Sixtina y a quien comunicaría mi deseo, me advirtió que era algo viejo pero aun fuerte.

Esta tarde visitaría al señor Buonarroti. Como desconocía quien era consideré prudente informarme y seguramente Giovanni a quien envíe, debía traerme noticias.

Las puertas de la habitación dieron paso a la familiar figura.

-Signore, traigo buenas noticias y otras dudosas-.
-Cierra las puertas-.Dije con fastidio. Desde que vivíamos en Roma implementaba el molesto uso del signore olvidando, los veinte años de convivencia, las noches compartidas y el juntarnos el fin de semana con sus amigos de la campiña Toscana.
-Ven aquí ingrato, ya no te gusto, dame un beso-.
-Tommaso, en público no es de tu conveniencia que nos vean tan íntimos, yo solo soy tu siervo-.
-¿De que público me hablas? , estamos solos-.Tome entre mis manos su bellísimo rostro al momento que apretaba mi cuerpo junto al suyo.
-Bésame-. Supliqué.

Inclinado sobre mí, sus labios no se hicieron esperar su respiración con olor a pasto y hierbas de la Toscana me deleitó, frotó su cuerpo lentamente de derecha a izquierda y en cada movimiento engrosaba la prominencia de su vientre. Besé el comienzo de su cuello tironeando de su camisa abierta en búsqueda de sus adorados pelos.

-Me vas a romper la camisa-. Exclamó mientras introducía su lengua en mi oreja.
-Ahora podemos comprar cien -. Mientras con las manos rasgaba impaciente la que llevaba puesta y comenzaba a lamer su pecho .Giovanni introdujo sus brazos en mi bata dejándome desnudo. Tomó mi encabritado miembro entre sus manos y comenzó a agitarlo con violencia. Suspiré, mis manos rodearon sus calzones dejando al descubierto sus musculosas piernas y en el medio su pene que comencé a masturbar con pasión. La noche anterior habíamos hecho el amor, pero entre él y yo, con mirarnos el deseo irrefrenable, surgía.
-Tommaso, eres increíble-.Alcanzó a murmurar, mientras otro beso cortaba sus palabras.
-Sigue, sigue por favor, no te detengas-.Apuré mientra lo empujaba a la desordenada cama en donde caímos abrazados .Reímos mientras nuestros cuerpos entrelazaban piernas y brazos en un nudo que nuestra propia intensidad desató .El arrodillado, yo acostado con las manos en su enorme pedazo que dirigí a mi cara , mientras lo sentía vibrar el semen inundó mi rostro.

Inclinado sus labios besaron mi húmeda y pegajosa boca, mientras yo retorcido eyaculaba entré sus apretadas piernas .Nos quedamos muy juntos .La voz de Giovanni interrumpió.

-No necesitamos a nadie mas-.En obvia referencia a los fines de semana en Toscana donde le pedía que trajera a sus amigos campesinos, que terminaban desnudos y eyaculando en mi cuerpo.
-Es cierto, pero tú sabes bien que cuanto más muchachos pasen sobre mi mas te valoro y me gustas-.Acaricié su pecho enredando entre mis dedos los pelos que tanto deseba.
-Yo siento celos -. Exclamó sencillamente.
-¿Cómo es posible que sientas celos? No hay nadie más hermoso que tú .Respondí tomando entre las yemas sus duros pezones.
-Un día llegará y no seré hermoso, no te gustaré, seré viejo-.Replicó hundiendo su cabeza en el codo de mi brazo .Sus palabras me alertaron y dejando la discusión para otro momento, pregunté:
-¿Qué noticias traes? ¿Qué te han dicho del pintor?-.
Giovanni se incorporó y mientras se vestía contestó:
-Las buenas noticias consisten en que Miguel Ángel es el mejor pintor y escultor de Italia, su obra es muy grande, ahora esta terminando detalles de la Capilla Sixtina que pintó hace años. Acepta como discípulos hombres hermosos a los que entrega todo su amor .Varios jóvenes romanos aspiran a ese honor. El problema es que tiene sesenta años o más-.
-¿Y?-.Lo miré interrogándolo.
-Tommaso, tu tienes veinte-.
-¿Y?-.Volví a repetir sonriendo-.
-Tommaso, es un viejo ¿vas a ir a la cama con alguien que te lleva cuarenta años?-.
-¿No vas muy rápido? Por ahora solo quiero que me enseñe pintura, después veré, es un problema a resolver-.Seguí sonriendo.
-Como usted diga signore-.Respondió inclinando la cabeza .Sabía que este tipo de respuesta me irritaba.
-Grandísimo tonto, ven aquí-.Estiré mis brazos, que Giovanni esquivó, haciéndose a un lado.
-Signore, falta poco para la visita que usted debe hacer a Miguel Ángel-.
Desistí cuando se ponía así era muy testarudo .Empecé a reunir los bocetos hechos en la Toscana.

Giovanni en silencio comenzó a separar mi ropa .Los dos teníamos el mismo problema desde chicos nos ayudábamos a vestir ya que los espejos reflejaban borrosamente nuestras imágenes .Desconocíamos el motivo.

-¿Soñaste algo anoche?-.Pregunta que nos hacíamos todas las mañanas.
-Si signore, lo de siempre, los dos estábamos desnudos yo estiraba mis brazos y no lo podía alcanzar-.Respondió .Fruncí el ceño .Desde pequeños los sueños que teníamos eran similares, pero distintos.
-Mira yo soñé con un castillo en un lugar sombrío, pero al revés que tú yo era un rey tu estabas ahí a mi lado y me sentía muy feliz en poder abrazarte y besarte-.Comenté.

No respondió por lo que decidí no continuar con un tema que siempre ocupaba largas horas de charlas ¿Qué sentido tendrían nuestros sueños?
Horas más tarde entré a la mansión y taller del pintor. Nos recibió un criado.

-¿A quien debo anunciar-. Preguntó.
-A Tommaso d´Cavaliere, el Papa arregló esta visita-.Dije mientras alisaba mi manto.
-El signore Miguel Ángel Buonarroti lo recibirá inmediatamente-. Respondió el criado luego de una breve ausencia.

Entré a un salón lleno de jóvenes parecidos a mí. En el centro un hombre robusto con una larga barba negra con algunos pelos blancos pintaba un lienzo a una velocidad llamativa. Reinaba el silencio y decidí esperar.

-El Papa me comunicó que deseáis ser mi alumno-.Interrogó sin mirarme.
-Si, maestro-.No supe de que otra forma dirigirme.
-¿Tenéis alguna experiencia?-Continuó.
-He traído algunos bocetos-. Alargué mi rollo de dibujos .Miguel Ángel absorto en su trabajo extendió su mano, desenrolló y miró mis dibujos, rápidamente y dirigiéndose a quienes lo rodeaban, agregó.
-Bastante toscos e infantiles ¿no creen?-.Mientras continuaba llenando de colores el lienzo que tenia enfrente .Me sentí muy incomodo, nadie dijo nada.

Miguel Ángel giró su cabeza y sus ojos indiferentes recorrieron mi cuerpo, me sentí examinado y agaché la cabeza, la voz del pintor sonó, con un tono distinto.

-Muchacho, eres hermoso-.Nos miramos y los ojos que pensaba fríos me trasmitieron una sensación inesperada .Brillaban.
-Desnúdate-. Ordenó.

Obedecí y mientras me quitaba la ropa investigué el rostro del maestro que no perdía ningún movimiento. Lo mire de frente y reparé que su respiración aumentaba.

-Ahora quiero verte de atrás-.Con voz agitada.

Giré y me dejé inspeccionar.

-Vístete-.Volvio a odenar.

Lo hice lentamente .Escudriñé su cara que había vuelto a la indiferencia, habló.

-Acaban de ver a Adán-.Dirigiéndose a sus discípulos .Continuó hablándome a mí.
-Mañana, cuando salga el sol, te espero en la capilla de Sixto, serás mi modelo y comenzaras tu aprendizaje como pintor .Lo primero será verme pintar a mí, ahora puedes quedarte o irte -.
-.Si maestro-. Alcancé a articular, decidí irme, el día había sido algo intenso.

Al día siguiente llegué puntualmente a la Capilla, me estaba esperando, nuevamente la orden de desnudarme .Me entregó un manto y subimos a los andamios .Me acostó sobre la tela completamente desnudo, me pidió que extendiera mi brazo izquierdo, levantó un lienzo que escondía una figura y comenzó a pintar.

-Hace años no pude terminar a mi satisfacción, no tenia un buen modelo espero que tu lo seas-.Agregó.

Los días subsiguientes fue muy poco lo que habló y nada lo que me respondió. Trabajaba hasta el mediodía, hora que interrumpía y me liberaba hasta la mañana siguiente.
Luego de una semana de agotadora inmovilidad Miguel Ángel se dirigió a mí:

-¿Quieres verlo?, creo que esta listo-.

Me incorporé, me coloqué a su lado.



-¿Te gusta? Esta parte de los frescos se llamara “La Creación de Adán”-.
Me quedé mudo, el parecido era asombroso, mi cuerpo desarrollado en los ejercicios de la Toscana no solo era exacto, además era prodigiosamente fuerte, inmortal y trascendente.

Solo había un detalle que callé…

Miguel Ángel sonreía por primera vez, sentado en un andamio, apoyando la cabeza sobre una madera contemplaba su obra. Me arrodillé a su lado.

-Maestro, ¿como agradecerle? es majestuoso-. Alcancé a decir.
-Gracias a ti seré inmortal, gracias a mi serás inmortal-.Levantó su mano y comenzó a acariciarme los cabellos.

Me acurruqué en su pecho mientras sus manos manchadas de pintura se metían en mi pelo. Me fui deslizando hasta reposar en su regazo .Era tan agradable que sentí calor entre mis piernas , algo empezaba a crecer .Me acomodé y mi respiración calida por la proximidad de su cuerpo comenzó a profundizarse, la tela desprendía un suave olor a pintura y a hombre .Seguí respirando , mucho no sabia que pasaría .Las manos de Miguel Ángel empujaron mi cabeza hacia el centro y sentí que mi mejilla se acomodaba en el bulto que surgía de su ropa .Este crecía y la presión de sus manos también .Mis labios lo besaron mientras sentía en mi desnudo cuerpo las exigentes caricias de sus manos. Con mis dedos comencé a bajar sus calzones , pronto las manos de Miguel Ángel vinieron en mi ayuda .Bajamos los bordes y un robusto pene quedó a merced de mi boca. Lo besé, lo chupé y mordí suavemente la piel que lo rodeaba.

-Incorpórate-.Pidió.

Lo hice, mientras él se desnudaba .Se recostó sobre el andamio con su trémulo y duro pedazo al aire.

-Dime Tommaso ¿te han hecho el amor por el culo?-.
-Si maestro-.Respondí-.

Colocó su rostro detrás de mí y comenzó a besarme, su lengua rodeó mí agujero y pidió:

-Siéntate encima, si te duele te detienes-.

Lo hice al mismo tiempo que comencé a mover el cuerpo para que Miguel Ángel metiera y sacara su miembro-.

Sus gemidos y los míos rebotaron en el maravilloso techo de la Capilla Sixtina .Pronto había penetrado por completo mi culo. Seguí moviéndome, mientras sentía su respiración en mi espalda .El placer se irradiaba por todo mi abdomen y un hermoso cosquilleo acompañaba los movimientos en mi agujero .El pecho de Miguel Ángel presionaba mi espalda mientras sus manos agarraron mi pene con lo que mi placer aumentó.

-¿Te gusta?-.Preguntó jadeando.
-Mucho, ya estoy muy humedecido, pronto eyacularé-. Respondí apuradamente.
Sus manos agitaron mi carne en tanto que yo acelere mis movimientos, su boca lamió mi cuello mientras decía.
-Ahí va, ahí va-.

Sentí la humedad de mi culo que de pronto se mojó .Agitó mi pene que respondió con el salto de chorros de semen que terminaron en sus piernas.
Los brazos de Miguel Ángel ciñeron mi cintura apretadamente, yo suspire tratando de girar mi cabeza al sentir su espesa barba sobre mi espalda, sus labios mordieron mi cuello .Me levanté sacando su pene de mi culo mojado y eche mis brazos a su cuello mientras pedía:

-Bésame maestro, muérdeme, dame tu lengua-.

Fundidos en un beso con labios, lengua, dientes y pelos de su barba, sus manos acariciaron mi cuerpo mientras las mías acariciaban sus dedos acompañando sus movimientos.

Sucedió lo que tantas veces antes, luego de sentir el semen dentro, una vitalidad asombrosa surgía en mi .Pensé en Giovanni, nunca había podido explicarle bien mis sensaciones que motivaron en lo mas reciente mi necesidad de ser penetrado o chupar los penes de sus amigos campesinos, no porque no lo prefiriera a el, sino porque me sentía fuerte y vivo, por otra parte sospechaba que lo mismo sucedía con él.
Miguel Ángel me acariciaba con ternura. Alcancé recién a darme cuenta que estábamos en los andamios a buena distancia del suelo.

-Tommaso, hermoso muchacho, has observado con atención mientras yo pintaba .Desde mañana empezamos nuestras clases y veremos que aprendiste en estos días-.Aseveró besando mi cara.

Pasó el tiempo, Miguel Ángel se mostró como un generoso maestro, tierno pero exigente cariñoso pero implacable en sus críticas modificó mi estilo de pintura, tosca e infantil como el la había definido, en un quehacer bello y atrapante .Solo se ocupó de mi y abandonó sus discípulos. Pronto fuimos recibidos por el Papa que parecía mirar con simpatía nuestra relación. Las puertas de la aristocracia romana comenzaron a abrirse para mí en invitaciones y luego en encargos que me halagaron.

Algunos años después me relató el mito de Ganímedes.
“Zeus harto de las mujeres rapta a un hermoso pastor para su propio placer y lo luego lo transforma en su amante favorito”.

Miguel Ángel, que era casado, me propuso nuevamente ser su modelo a lo que accedí. Terminado el cuadro me sorprendió regalándomelo junto con una estrofa de los sonetos que dedicados a mí, me enviaba por un mensajero:

”Si solo amo de ti,
señor querido,
lo que de ti más amas,
no te enojes”
Emocionado recibí el presente:



Zeus disfrazado de águila rapta a Ganímedes; una relación muy estrecha entre el y yo.
Pudo más mi curiosidad y pregunté lo que me había intrigado cuando posé para el Adán:

-Maestro es muy bello pero ¿Por qué me pintas el pene tan chico o es así como lo tengo?
-Querido muchacho es el siglo XVI, estamos en Roma, debemos agradecer que nos dejen pintar desnudos, no descarto que algún día arremeterán contra mi obra-.

Siguió pasando el tiempo y estas palabras fueron proféticas en 1559 el nuevo Papa, Pablo IV mandó pintar y tapar las partes que consideraba ofensivas de los desnudos. Roma en secreto denominó a este Papa “il Braghettone” y así lo conoció la historia. Miguel Ángel murió tiempo después, yo estuve a su lado.

En esos años mis sueños y los de Giovanni comenzaron a tener sentido, tuvimos que viajar a Rumania donde empezamos a entender nuestra historia .Mi familia había reinado en Valaquia y alguien muy parecido a mi fue su rey, alguien muy parecido a Giovanni fue su amante y consejero .Ambos solicitaron un embrujo a una hechicera turca y lo consiguieron. Quizás la nieta de la hechicera estaba viva, viajamos a Constantinopla en su búsqueda y la encontramos.

-Tú fuiste Vlad III el rey y perteneces a la casa de Drácula el dragón, y tú fuiste soldado y amante. Mi abuela os concedió la vida eterna por cincuenta años cada siglo-.Nos informo la bruja. Agregando:
-El precio que pagáis es la prohibición de enamoraros entre si y con los demás hombres, seréis bellos eternamente- La hermosa hechicera calló .Entonces protesté:
-Nos quedarían muy pocos años, casi nada, no es justo, llegamos a Roma a los veinte –La bruja endureció su cara.
-Estas regateando, lo que esta escrito, es-. La voz empezó a ser familiar.
-Claro que estoy regateando, tu no eres nieta de nadie tu eres la bruja misma-.Clamé en voz alta.
-Es cierto pero es muy poco lo que puedo hacer-.
-Solo te pedimos un descuento de veinte años, lo demás que se cumpla-.
-Sea, les otorgo estos veinte años, pero de acá en mas despertareis con esa edad en los siglos venideros , no necesitareis de mujer madre ,pero la necesidad de semen será mas imperiosa, vuestra imagen desaparecerá para siempre de los espejos y cumplido el tiempo dormiréis en ataúdes en los sótanos del castillo de Transilvania.No me busquéis mas-.

Giovanni callado hasta ese momento exclamó:

-¿No podremos querernos?-.
-Ahjjjj-. Dijo la hechicera y se esfumó.

Giovanni arrodillado , tenía una cara atormentada.

-Levántate, sabemos que estaremos juntos toda la eternidad y le ganamos vente años-.

Giovanni no contestó. Lo conocía, su mente práctica no encontraba salida.
Yo no quería salida alguna.

Regresamos, el último año decidimos pasarlo en Sicilia, había comprado una casa en Palermo.

De noche bajo la hermosa luna Mediterránea salíamos a caminar por la playa.

La luna esta ardiendo en el cielo
Y yo estoy ardiendo de amor
El fuego que es consumido
Como mi corazón

Mi alma llora
Dolorosamente

No estoy en paz
Que noche tan terrible

El tiempo pasa
Pero no hay amanecer
No hay sol
Si no regresa

Mi tierra esta ardiendo
Y mi corazón esta ardiendo
Lo que ansia por agua
Yo ansío por amor

A quién cantaré
Mi canción

Si no hay nadie
Que se muestre
En el balcón

La luna esta ardiendo en el cielo
Y yo estoy ardiendo de amor
El fuego que es consumido
Como mi corazón




En Transilvania, casi no hay noches de luna.


José





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Mahna de Carnaval



Título: Mahna de Carnaval

Autor: José



Al cumplir 18 años, mi regalo fue un viaje que tendría que hacer solo; sabía que esto sucedería y cuando me dieron a elegir, yo dije rápidamente Río de Janeiro y en Carnaval. Mis padres se miraron entre ellos y me contestaron que estaban de acuerdo, pero iban a resolver cómo.

Días después hablaron conmigo y me dijeron que iría en barco con unos amigos de ellos que viajaban al Caribe; protesté, yo había planeado para andar de levante en los aeropuertos y soñaba con esos increíbles comisarios de abordo, que en viajes anteriores al servir la comida o al dar instrucciones no perdían la oportunidad de acariciar o inclinarse a hablar a la distancia de un beso. No hubo caso, viajaría en un barco.

Al bajar en Río me estaban esperando un matrimonio amigo de mis padres en cuya casa me alojaría, junto a ellos su hija que tenía 22 años y se llamaba Laura.
Laura era hermosa pero distante, me ofreció su suave mejilla que yo besé sin mucho entusiasmo; sus padres dieron a entender que ella me acompañaría en mi estadía, ella suspiró, no le llevé el apunte. Ese día descansé. A la mañana siguiente el programa era ir a la playa enfrente de donde vivían mis anfitriones. Para mí se trataba de una novedad ya que era Ipanema. Me puse una zunga colorada y una camisa, cuando me encontré con Laura su mirada fue muy crítica, yo pensé que mi atuendo era provocador y sonreí. Apenas pusimos el pie en la calle me señaló que mi equipo era ridículo y que me daría cuenta en la playa. Al llegar, comprendí lo que me había dicho: cuerpos de todas las edades desafiaban las convenciones habituales, todo era un triángulo adelante y una tira atrás, lo que en el caso de algunas mujeres se complementaba con dos triángulos en los pechos. Mientras miraba a uno y otro lado y trataba de ubicar la sombrilla, Laura se sacó la blusa que llevaba, hizo lo mismo con el corpiño y se quedó con las tetas al aire y en una diminuta tanga ¡¡bienvenido al país de las tangas!!, pensé.

Decir bella era poco, una escultura de una armonía completa, los chicos y chicas que pasaban a mi lado eran el complemento perfecto a su hermosura; en esa época ya relacionaba todo con la música y me vino a la memoria "Garota de Ipanema" de Vinicius de Moraes y Carlos Jobin:



Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça
É ela a menina que vem e que passa
Num doce balanço caminho do mar.

Moça do corpo dourado, do sol de Ipanema
O seu balançado é mais que um poema
É a coisa mais linda que eu já vi passar.





Mientras pensaba todo esto, mi mirada estaba capturada por el cuerpo de Laura.
Molesta por mi asombro quiso poner las cosas en su lugar y me aclaró que no me hiciera ilusiones con ella, en el mismo tono le contesté que yo no me hacía ninguna ilusión ya que era gay. Esta vez fue ella quién se asombró y contestó:

-A mí me gustan las mujeres-. Nos miramos entre sigilosos y aliviados, yo más que alivio, sentía una tremenda curiosidad. Agregué:

- ¿Sós tortillera? ¿Cómo lo hacen las chicas? ¿Con consolador?-.

Laura levantó el brazo y su cachetada debió haberse escuchado en toda la playa. Me contuve y llevé la mano a mi dolorida cara, no había que pegar a las mujeres pero ganas no me faltaron. La miré mientras escuchaba:

-Nenito puto. ¿Acaso yo te pregunté como hacés con tu precioso culito?-.

Lentamente me levanté y me dirigí al mar. Tenía que pensar qué hacer, lo que había pasado me parecía terrible. Resolví volver a Buenos Aires, este viaje me ponía de la nuca. Luego de una hora decidí volver, estaba perdido, caminé y de pronto a lo lejos vi una figura que me hacía señas, Laura saltaba buscándome con la mirada, le respondí y cuando llegué a ella con indiferencia me dijo:

-Tenemos que comer algo- Y me tendió un sándwich. Luego agregó:

-Si tenés plata podemos arreglar el tema de la tanga, sino te presto-. Esta inesperada ofrenda de paz me tranquilizó. Al regreso nos aprestamos a ir de compras, tenía plata y estaba dispuesto a gastar lo que fuera. Me llevó a un lugar fastuoso, el Shopping "Do Sul", entramos a una tienda y empecé a elegir tangas, cuando me las probé sentí una gran desilusión, era muy evidente la marca blanca que el prolijo bronceado de la zunga dejaba al descubierto. La consulté con la mirada, riéndose me dijo:

-No te preocupés, tengo crema autobronceante, te la ponés esta noche y mañana vas a tener color zanahoria de cerca, pero de lejos no se nota y en dos días vas a estar quemado- Pensé qué afortunado era en tener una mujer al lado, pero Laura muy detallista agregó:

-Vas a tener que aprender a caminar, sino te sale todo el paquete al aire-. Nuevamente agradecido, pero ahí no terminó y comentó.

-Creía que ibas a tener problemas con tus pelos pero son simétricos, claro que si preferís te llevo al instituto de belleza y te depilás, la verdad es que son horribles-.

Me callé, todavía me dolía la cachetada, pero mis hermosos pelos no los tocaría, presentí que ese era un tema en el cual no nos pondríamos de acuerdo. A los pocos días ya caminaba despreocupadamente por la playa y me había bronceado lo que tenía blanco, ¡¡Río era mío!!

En poco tiempo un creciente cariño y complicidad creció entre nosotros; llegó Carnaval, mi objetivo de todo el viaje. Me divertí, fui al sambódromo siempre con Laura que cada día era más alegre y emprendedora, nunca había tenido un amiga así.
El martes de Carnaval la invitaron a un baile de disfraz, sus padres ofrecieron pagar el alquiler, fuimos a elegirlos, Laura se decidió enseguida, un exquisito conjunto de bailarina árabe (en realidad una tanga con velos) fue su elección. Yo me debatía entre un Marques del siglo XVIII, un torero y el Zorro. De repente tuve una idea, se la cuchicheé y aplaudió.

Cuando nos preparábamos bajé, con un preservativo en su estuche redondo y dorado compré una cinta celeste y me vestí, me puse una camisa un par de ojotas y salimos.

Al llegar a la fiesta me preguntaron de qué estaba disfrazado; abrí la camisa y exclamé:

- ¡¡Campeón Olímpico!!

El forro colgaba de mi cuello como una medalla, una tanga negra y un antifaz de igual color era todo lo que llevaba puesto. Nuestros amigos se rieron mucho, comenzaron a presentarnos a las personas más cercanas, muchos los había conocido en la playa. Ipanema era el lugar al que concurría la homosexualidad de Río y me sentí cómodo.

Se acercó una mole humana y masculina disfrazado de Superman, un traje con la colorada S sobre fondo blanco, una capa roja colgada y antifaz. Enorme con una musculatura excesiva, sonriéndonos amablemente; nos explicaron que era sudafricano, Laura y yo compartíamos la indiferencia por esos cuerpos fruto de estupidas horas de gimnasio, nos gustaban alargados, fibrosos y ágiles. El sudafricano nos miró como evaluándonos. Laura pronto encontró una excusa y se perdió entre los invitados, yo hice un gesto de saludo y me dirigí hacia las bebidas. Las luces amortiguadas eran reemplazadas por pequeñas y multicolores lámparas que junto a la contagiosa música de batucadas daban el marco apropiado para bailar sin que importara con quien y cómo, yo no fui una excepción. Ocasionalmente me cruzaba con el sudafricano a quien compadecía por su pesado cuerpo y su absurdo disfraz que lo agobiaría de calor, disfrazarse en Río era tener en cuenta la temperatura también.

Al promediar la noche salí a un amplio balcón rodeado por plantas a tomar aire, sentí unos gemidos, mire en la oscuridad y entre los enormes macetones selváticos estaba Laura, en el suelo abrazada a una negra, que la besaba con profunda pasión mientras ella comenzaba a bajar su cabeza, mordiendo los pechos duros y firmes hasta colocarse entre las piernas dejando al descubierto la negra pelambre del pubis de su compañera. Sonreí, el problema con los pelos que parecía tener mi amiga se había esfumado. Con los ojos cerrados sacó la lengua, su cara expresaba el placer más profundo y antes de introducirse en el oscuro matorral, dobló su cabeza, me miró, guiñó un ojo, mientras metía su lengua en la concha de la negra.

Me alejé mientras mi tanga experimentó un tironeo inmediato, estaba excitado, yo también quería un negro, miré a mi alrededor y los posibles candidatos estaban ocupados. Me acerqué al borde del balcón, era un vigésimo piso que daba a Copacabana y al mar. Sentí detrás de mí una voz que dijo:

-¿Estás aburrido?-

Me di vuelta y el Superman sudafricano me estaba mirando.

-No, en realidad estaba pensando-. Respondí.

-¿En qué?, si se puede saber-. Mientras se reclinaba al lado mío.

-Quiero conseguir un negro-. Respondí mientras miraba al mar.

-¿Negro o negra?- Me sonó muy estupido y le contesté sin dejar de mirar el mar:

-Negro-.

-Yo soy africano, te lo recuerdo-. Afirmó con voz neutra.

Dejé de mirar el mar, di vuelta mi cabeza y despreciativamente, repuse:

-Lo sé, pero ahora me gustaría un negro y no un blanco, por más pelo negro que tengas-.

-Tengo antepasados negros ¿no sirve?-. Con igual neutralidad.

Lo observé con más atención y era cierto, sus facciones de gruesos labios eran muy seductoras, pero el ropero que poseía como cuerpo no me convencía-.

-¿Cuántas horas pasás en el gimnasio?-. Inquirí con cierta curiosidad.

-Muy pocas, yo juego para los Springboks-.

-¿Y eso qué es?-Pregunté.

-El seleccionado de rugby de Sudáfrica-. Su mirada no dejaba de observarme. Despertó mi curiosidad, no era de esos estúpidos que dejan la vida entre las pesas.

-Tu disfraz es lindo, pero ¿a quien se le ocurre llevar una malla ajustada en Río de Janeiro?-. No quería dar el brazo a torcer.

-No tengo ninguna malla, estoy desnudo y me pinté todo sobre el cuerpo-.

-¿Cómo?- Repliqué asombrado.

-Te lo repito, soy africano, mis antepasados se pintaron siempre-.

Extendí mi mano hacia el más prolijo bodypainting visto en mi vida y que las amortiguadas luces hacían pasar por la malla de Superman, toqué un duro y sinuoso pecho

-Pero no tienes un solo pelo-.

-Insisto, soy africano y los negros no suelen tener pelos, salvo en algunas zonas -. Levantó los brazos y unas profundas y peludas axilas salieron a la poca luz. Continuó:

-También en otras zonas, no a la vista-. Se acarició lo que claramente era una zunga.

El tocar su pecho y continuar explorándolo en inequívocas caricias, había producido sus efectos, sus pezones endurecidos y mi excitada tanga que aumentó su tamaño. Aun peleaba con mis primeras impresiones y desafié.

-Tienes muy chato abajo-. Cierta ronquera en mi voz presagiaba mi derrota.

-Mi zunga es muy ajustada, Superman no puede ir con todo a la vista, hay que descubrirlo, toca-. Su mano atrapó la mía y la colocó en el lugar preciso donde mis dedos palparon una excitada y prometedora pija.

La música se hizo más fuerte o comenzamos a escucharla.

-Me llamo Víctor, ¿nos juntamos con los demás? Siempre quise bailar este tema-.

Llegó claramente, la dulce voz de Gal Costa en Aquarela de Brasil, imposible de ser ignorada. Víctor me atrajo hacia el centro del salón mientras decía:

-Uno de los motivos por los que vine a Brasil fue para bailar esta música-.



Brasil!
Meu Brasil brasileiro
Meu mulato inzoneiro
Vou cantar-te nos meus versos
O Brasil, samba que dá
Bamboleio, que faz gingar
O Brasil, do meu amor
Terra de Nosso Senhor
Brasil! Prá mim! Pra mim, pra mim
Ah! abre a cortina do passado
Tira a mãe preta do cerrado
Bota o rei congo no congado
Brasil! Prá mim! Pra mim, pra mim!
Deixa cantar de novo o trovador
A merencória luz da lua
Toda canção do meu amor
Quero ver a sá dona caminhando
Pelos salões arrastando
O seu vestido rendado
Brasil! Pra mim, pra mim, Brasil!
Brasil!




Bailamos. Todos bailamos. El sudafricano con los sensuales movimientos de su cuerpo, iluminado por las luces multicolores que se prendían y apagaban con el ritmo, era un homenaje a la música, a Brasil y porque no, a mí.

Luego de un rato agitados y sin respiración, salimos al balcón. Apoyados en la baranda con el mar a nuestras espaldas, pregunté:

-¿Dónde aprendiste a bailar así?-.

-¿No entendiste? Soy africano, mis antepasados bailan desde siempre-. Mientras acariciaba mi culo.

Derrotado en toda la línea, decidí callarme. Extendí mi mano y toqué con timidez su apretado bulto. En agradecimiento me besó el cuello y me aprisionó entre sus brazos, cuando sentí sus músculos presionando sobre mi cuerpo, le murmuré al oído:

-Te vas a despintar-.

-A mis antepasados les pasaba lo mismo… en la guerra-.

Definitivamente tenía que callarme.

Entonces Víctor habló:

-Busquemos un lugar entre las plantas-.

Observamos a nuestro alrededor y todo posible espacio estaba ocupado.

Miré hacia donde estaban Laura y su amiga. Con las piernas entrelazadas y acariciándose las tetas parecían olvidadas de todo. Me acerqué.

-Laura, Laura-. Exclamé.

-Ufa… ¿qué querés nenito?-.

-Corréte un poco, necesitamos lugar-.

Laura miró, largó una carcajada y respondió:

-Al fin el africano te levantó-.

La miré sobradoramente y le saqué la lengua mientras ocupábamos el estrecho lugar que nos dejaron ella y su amiga.

Víctor me abrazó. Mis manos me eran insuficientes para abarcar su cuerpo. Acaricié sus piernas, sentí lo duro de su pija en mi costado, me di vuelta y enlacé lo que pude con todo mi cuerpo para sentir más aun sus durezas. Al estar tan apretados el beso de su mulata boca llegó húmedo e impaciente, nuestras lenguas se buscaron afanosamente y se acariciaron. Sus dedos bajaron por mi espalda y se introdujeron en mi culo, entrando y saliendo. Suspiré mientras en una maniobra imposible me incliné y metí una pija de piel morena en mi boca. Mis labios jugaron con su cabezona hasta dejarla descubierta, Víctor gemía mientras me pajeaba, introduje sus testículos en mi boca en un intento de tener todo dentro mío. Sus labios recorrían mi cuello, mis hombros y terminaron en mis pezones, reprimí un grito, volví a introducir la morena piel de su pija en mi boca, que comenzó a agitar con desesperación.

-Mueve la lengua despacio o me vas a hacer acabar-. Pidió.

Sus manos rodearon mi cuello en su intento de detenerme, golosamente yo se lo impedía.

Víctor susurró:

-Quiero que acabemos juntos-.

Sacó su pene de mi boca y mientras sus brazos me levantaban ocupó el lugar vacío con su lengua que mordí suavemente, puso su pija entre mis manos y pidió:

-Pajéame-.

Boca con boca, cuerpo con cuerpo, nuestras manos agitaron nuestras pijas. Su respiración ardiente entró como fuego en mi boca mordiéndome los labios, en tanto que yo apresaba su lengua entre los míos. Tensó sus músculos y sentí que me mojaba íntegro, a mi vez eyaculé encima de él y lo embadurné.

La música lejana acompañó silenciosos besos y húmedas caricias, semen y transpiración eran indistinguibles, metí mi cara entre sus peludas axilas acariciándolas con mi lengua, Víctor se estremeció.

Recién en ese momento sentí la dureza del piso, incliné mi cabeza sobre sus hombros y empecé a acariciar su pecho resbaloso, la tenue luz que se filtraba iluminó mis dedos rojos con la pintura de la S, Víctor musitó en mi oído mientras besaba mi oreja:

-En la guerra pasa lo mismo… supongo-.

Respiramos, agotados ceñimos nuestros cuerpos y nos quedamos dormidos.

Me sentí zamarreado por una mano, abrí los ojos, Laura exclamó mientras acercaba mi tanga y antifaz:

-Nenito, debemos volver a casa, ya sale el sol-.

Mareado miré hacia todos lados, la negra de Laura dormía plácidamente, Víctor también.

-¿Qué hacemos con ellos?-. Pregunté.

-Mi amiga tiene mi teléfono, ¿quieres dárselo a él también? Ponlo dentro de la zunga -. Eficientemente me alcanzó un papel y lápiz. Escribí rápidamente y al inclinarme frente al hermoso deportivo y guerrero cuerpo, besé los labios de Víctor mientras introducía el papel en su cintura.

Teníamos que volver desde Copacabana hasta Ipanema, caminamos abrazados las solitarias cuadras que nos separaban de su casa. Cuando llegamos, yo propuse ir a la playa, no era la primera vez que amanecíamos frente al mar; nos sentamos en la arena, Laura acarició mis hinchados labios y preguntó:

-¿Cómo es posible que te gusten los hombres?-.

Yo tomé sus manos entre las mías y respondí:

-¿Cómo es posible que te gusten las mujeres?-.

Laura reclinó su cabeza sobre mi pecho y murmuró unos versos mirando el mar, pasé mi brazo por su cintura, el maravilloso sol de Río que salía del Atlántico empezó a iluminarnos, yo intenté tararear la música de los versos musitados, "Canción de Orfeo" de Vinicius:



Mana, tão bonita manha
De um dia feliz che chegou!
O sol no céu surgiu
E em cada cor brilhou.
Voltou o sonho então
Ao coração.

Depois deste dia feliz,
Não sei se outro dia virá,
E nossa amanha,
Tão bela afinal amanha
De carnaval.




José





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