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En la frontera del agujero negro, II


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(El siguiente relato es de la casa)

En la frontera del agujero negro, II


Subimos los tres a puente en el mismo presascensor, en silencio (en un silencio embarazoso). El primer oficial Maxwell, situado a mi derecha, miraba hacia el vacío. El capitán nos daba la espalda, delante de la puerta, y esperaba a que ésta se abriera poniendo cada tres segundos el peso de su cuerpo sobre las puntas de sus pies. Me dije que era normal que estuviera nervioso: Toda esa energía sexual recién frustrada tenía que salir por algún sitio.

Llegamos a destino, la puerta del presascensor se abrió y nos encontramos con un puente que bullía de excitación.

- Oficial, informe –le dijo el capitán al oficial científico al que había dejado al mando, mientras caminaba muy erguido hacia su sillón.
- Acabamos de identificar las naves, capitán. Son naves mineras de Alfa Nueve.
- ¿Por qué no se identificaban?
- Incompatibilidad entre nuestros sistemas de transmisión y los suyos, capitán.
- Entonces, ¿está solucionado?
- Afirmativo, capitán –contestó el oficial científico poniéndose recto como un palo.
- En ese caso volveré a la cama. Sigue usted al mando, oficial. Y… la próxima vez que desee interrumpir mi sueño asegúrese de que ocurre algo de verdad. El capitán también necesita descansar.
- Por supuesto, capitán.

El capitán se metió en el presascensor y cuando la puerta ya se cerraba la sujetó.

- Maxwell –le dijo al primer oficial. -¿Usted también había terminado su turno?

El primer oficial agradeció el cable y se metió corriendo en el ascensor con el capitán. Yo, por mi parte, salí por la otra esquina del puente y me dirigí a los ascensores de la cubierta siete, convencido de que el capitán y su primer oficial iban a acabar lo que habían dejado a medias e ideando formas de no perdérmelo.

Llegué a mi camarote y calculé que me quedaban treinta segundos antes de que el capitán y Maxwell llegaran a los aposentos del primero, si es que se dirigían allí de nuevo.

Abrí mi consola personal y trasferí a través del replicador de alimentos una araña espía al camarote del capitán. Me estaba jugando mi carrera, podría enfrentarme a un consejo de guerra o algo peor, pero estaba cachondo, y cuando me calentaba mis neuronas buenas dejaban de funcionar. (Seguramente mis neuronas buenas se estaban haciendo mamadas las unas a las otras).

Materialicé la araña en el replicador del capitán y tuve el tiempo justo de colocarla sobre una horrible lámpara que había junto a su lecho, antes de que la puerta se abriera y entraran mis dos superiores comiéndose las bocas ya desde el pasillo.

Había ajustado la lente de la araña para que siguiera el movimiento del objeto más grande. Así que cuando el capitán se metió un momento en el baño para mear, la cámara no lo siguió a él sino al primer oficial, que se sentó en la cama a esperarlo.

Como la pantalla de mi consola se me antojaba pequeña apagué las luces y proyecté la imágenes que me enviaba la araña en forma tridimensional en todo el ancho de mi camarote. Era como estar en la cama con ellos. Me tumbé en la mía y me fui quitando la ropa mientras Maxwell se iba desatando las botas. El primer oficial estaba buenísimo. Maxwell era el sueño de cualquier culo hambriento. Era un macho en estado puro. Era El Hombre.

El capitán se demoró un poco en el baño, quizá perfumándose o preparando algún juguete sexual, y Maxwell se fue quitando el uniforme tranquilamente mientras esperaba. Y lo hacía de una forma muy sensual, como si supiera que era observado aunque era imposible (la araña es casi microscópica, a simple vista le parecería un grano de polvo sobre la lámpara).

Yo me quedé pronto en cueros. No podía dejar de magrearme la polla. Tenía al primer oficial desnudándose delante de mis ojos, como si estuviera en mi propia habitación. Podía mirar sus ojos azules y perderme en ellos, acercarme lo suficiente como para notar si se había mojado los labios con la lengua. Podía incluso acercarme a sus huevos, ver con mis propios ojos el movimiento que hacían sus testículos dentro del escroto e imaginar que me los metía en la boca. Jamás se me había ocurrido espiar a nadie con una araña, porque la privacidad era sagrada en la Alianza, pero estando allí tumbado, con la polla golpeando furiosa contra mi ombligo y el primer oficial ya completamente desnudo a los pies de mi cama comprendí que había abierto una puerta que ya no sería capaz de cerrar, aunque me costara la profesión, el honor o la propia libertad.




El capitán apareció por fin. Se había quitado el uniforme. Empujó el torso de Maxwell hasta conseguir que se tumbara en la cama y mientras lo besaba le pasó una mano por el pecho velludo y le rodeó un pezón con la punta de sus dedos. Maxwell se retorció de placer, el capitán lamió su boca con glotonería mientras le estimulaba esta vez ambos pezones en vista de que parecía excitarlo bastante y yo empecé a pajearme como un desquiciado.

Maxwell tenía ya una erección brutal. El capitán repartió besos bajando de su boca a su barbilla, al cuello, al hombro, al brazo y acabó amorrándose a un pezón del oficial mientras sus manos buscaban su miembro, le acariciaban suavemente los cojones y luego se cerraban en torno a la vara y empezaban a hacerle una suave paja que Maxwell pareció no poder soportar. Yo estaba tan salido que tuve que aplacar mi ansia para no derramarme tan pronto.

Maxwell había cerrado los ojos y se había entregado por completo al disfrute. La boca del capitán jugaba sin descanso ora con un pezón, ora con el otro, y sus manos no paraban de pajearlo, de acariciar sus huevos o explorar sin presiones su ano. Solo de ver la cara de gusto del primer oficial, de notar sus leves espasmos de placer, me entraban ganas de correrme, de soltar la lefa y celebrar el disfrute de aquel macho con mi propia leche, aunque fuera sobre mi colchón y no sobre él.
Cuando creía que lo había visto todo, que un hombre no podía gozar más, Maxwell, el primer oficial, se dejó ir, perdió las inhibiciones y un reguero de saliva le cayó por la comisura de la boca y rodó por su cuidada barba de tres días. Maxwell estaba rezumando saliva de gusto, el puto capitán no se daba cuenta y yo estuve a punto de correrme sin remedio, pero no sé cómo conseguí contenerme.

Yo amaba a ese hombre. Tenía que hacerlo mío. En aquel momento lo comprendí, lo vi claro. El primer oficial tenía que ser mío. Esa boca sensual que salivaba de placer tenía que recibir mi semen. Esos ojos azules debían cruzarse con los míos en el momento en que lo penetrara. Ese cuerpo increíble tenía que temblar de deleite entre mis brazos. El primer oficial Maxwell me pertenecía aunque él todavía no lo supiera.

Me acerqué a su miembro, aprovechando que el capitán aún le lamía el pecho, y observé como la mano diestra del capitán lo descapullaba y volvía a encerrarlo en su cárcel de piel lentamente, una y otra vez. En aquel preciso instante, mientras aquella polla extraordinaria me cegaba la visión y embotaba mis sentidos y mi cuerpo se moría por tocarla, por olerla, por sentirla, por probarla, por poseerla y por confinarla, comprendí que odiaba al capitán con toda mi alma.

Me levanté e hice lo mismo con las imágenes que me enviaba la araña que con las que había obtenido antes de las lecturas térmicas de la habitación: restar lo que no me interesaba de la ecuación.

Eliminé al capitán. A partir de ese momento solo había un cuerpo, el del primer oficial, y las áreas que por causa del cuerpo del capitán (o de su boca) quedaban ocultas, el ordenador las rellenaba con imágenes ya tomadas. Aunque el capitán se metiera en su asqueroso culo la verga de mi primer oficial o la ocultara completamente entre sus labios, yo seguiría disfrutando del cuerpo desnudo de Maxwell sin su inoportuna e inconveniente intromisión.

Cuando Maxwell se dio la vuelta y ofreció su culo, solo estaba yo para darle lengua.
Cuando su rostro se desencajó de gozo y su cuerpo se estremeció por los embates fue mi verga la que lo follaba.
Cuando de nuevo perdió el control y un reguero de saliva le rodó por la barbilla fue mi boca quien besó su boca.
Cuando enajenados de placer nos corrimos a la vez fue mi leche la que le llenó la cara.


Continuará…

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El reencuentro



El reencuentro


Relato Ganador del Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay (Agosto - Septiembre de 2009)

Autor: tatojimmy
Blog: Y... vuelven mis dedos a volar sobre el teclado..

Borja llegó por fin a la casa.

Se había perdido al menos 4 veces. El plano que le había enviado Diego por mail era una mierda. Pero una mierda completa.

No estaba de buen humor. Llevaba conduciendo 4 horas seguidas. Sus piernas estaban anquilosadas. Salió de su Corsa “último modelo del 86” y creía que se le iban a romper por veinte sitios. Y encima hacía un frío del copón. Rápidamente volvió a meter su cuerpo en el coche para coger su abrigo. Se lo puso rápidamente y se lo abrochó hasta el último botón. Hasta ese que nunca se abrochaba porque le apretaba el cuello. Cogió su mochila y se dirigió hacia la puerta.

Se paró unos pasos antes. Miró la casa. De piedra. Muy antigua. No parecía que la cuidaran mucho. Esperaba que al menos hubiera buena calefacción. Si no, iba a ser un finde horroroso. O no... habría que calentarse de alguna forma. Este último pensamiento le hizo sonreír. Hacía ya más de un mes que no veía a Diego. Habría que recuperar...

Mejoró su humor. Arrancó decidido hasta llegar a la puerta. Buscó un timbre o algo para llamar, pero no lo encontró. Levantó la mano para dar un golpe, pero se dio cuenta de que la puerta estaba abierta.

Empujó pues la puerta. Un ruido horroroso salió de los goznes. Desde luego, si hubiera pensado dar una sorpresa a Diego, hubiera sido misión imposible.

- ¡Hola! – gritó una vez que cerró la puerta.
- A la izquierda. Sigue el pasillo.
- ¡Eres un mamón gilipollas! ¡Menuda mierda de plano me mandaste!

Mientras desahogaba su mala milk, Borja iba caminando hacia dónde se suponía venía la voz de Diego. Al fondo vio una habitación que tenía la puerta semi abierta, al contrario que el resto de las habitaciones que salían del pasillo.

- Yo también te quiero y te he echado de menos.
- No me cambies de tema, cabrón. Si crees que me vas a amansar tan fácilmente, lo… ¡¡hostias!!

Borja había llegado a la habitación. Había abierto la puerta… Diego estaba sentado sobre una especie de alfombra, cerca de la chimenea. Estaba con un edredón sobre los hombros que le tapaba entero. Estaba frente a él, sonriendo. Había un par de desvencijadas butacas, y sofá que parecía sobrevivir mejor al paso de tiempo, una mesa camilla. Y a pesar de la chimenea, de su fuego… hacía frío allí dentro.

- ¡Una hora tarde, capullo! – le dijo Diego para picarle.
- ¡Encima!
- ¿Dónde dejo la mochila?
- En cualquier esquina.
- ¿Pero vamos…?
- No tengo intención de salir de esta habitación.
- ¿Y…?
- Vale, para ir al servicio. Lo demás…
- Pero hace un frío del copón…
- Tú y tu copón… ¡Que va a hacer frío! ¡Mira!

Y diciendo esto, apartó el edredón hacia los lados, y mostró a Borja su desnudez. Y su miembro que reconoció a Borja, empezó a animarse.

- Ya estás tardando en despelotarte, tío.

Borja… Borja se quedó con la boca abierta. Su boca empezó a fabricar saliva a toda pastilla. Como si las glándulas de su cuerpo supieran solas que dentro de un rato, iba a necesitar su dueño de todo su trabajo. Empezó a ser consciente que ya no tenía tanto frío. Que en concreto, ahí, en la zona de su entrepierna, su miembro y sus guardaespaldas, estaban, más bien, próximos a un golpe de calor.

De un solo gesto, se quitó la mochila de encima. Mientras con una mano hacía esto, un pie quitaba su zapa contraria. Y una mano se desabrochaba el abrigo, ya no tenía ninguna Converse puesta, la mochila estaba en el suelo, el abrigo también, y la sudadera y la camiseta fueron a la vez, como así lo hicieron, juntos, el pantalón y lo D&G que tanto le habían costado la semana pasada, y que por lo que veía, no iban a surtir ningún efecto. Levantó su pie derecho para quitarse el calcetín… pero casi pierde el equilibrio y se cae al suelo. Consiguió mantener el equilibrio con unos pequeños saltos que produjeron la risa de Diego.

Ya completamente desnudo, con su miembro semi erecto, corrió hacia donde estaba Diego sentado…

- Borja, cierra la puerta, anda. Por el calor ya sabes…
- Joder, te podías haber acordado antes… tú lo que quieres es verme correr en bolas.
- Algo de eso hay, para que engañarte… me mola ver tu miembro arriba y abajo cuando corres, y como se mueven los mofletes de tu culo. ¡¡Qué culo jodido!!

Borja llegó dónde Diego. Se sentó en el suelo, detrás de él. Le rodeó con sus brazos, y le pegó a su cuerpo. Diego recostó la cabeza sobre el hombro de Borja. Giró un poco la cabeza para mirarle a los ojos, y para que sus labios se encontraran. Diego sintió el cuerpo frío de Borja. Sintió esas gotas de sudor que se había casi helado al desnudarse. Sintió a la vez sus labios ardientes sobre los suyos. Sintió el miembro de Borja pegado a su espalda. Lo sintió crecer… lo sintió palpitar… sintió la lengua de Borja penetrar en su boca. Una y otra vez. Sintió que su lengua ganaba en ocasiones la batalla y penetraba la boca de Borja. Ese sabor… esos caramelos de limón que tanto le gustaban… esa suave aspereza de su lengua… Hacía casi un mes que no le había podido ver… un mes soñando cada noche con una escena distinta. Con un beso distinto… con una pasión diferente, con un juego electrizante… soñando cada noche con rodearle con sus brazos, con que los brazos de Borja el rodearan a él, besándose con pasión, sin descanso, como ahora lo estaban haciendo… pero rodando los dos cuerpos juntos por toda la casa… ¿qué casa? Cualquier casa, en cualquier habitación… o en el cine, o en la puta calle, a la luz de las putas farolas de mierda… Sigue Borja sigue… ¡¡Joder!! Tu miembro sigue creciendo… ¡¡Joder!! Parece que tu polla haya crecido más desde la última vez… ¡¡Joder!! Cómo palpita la jodida de ella… como la noto en la espalda, justo por encima de ese huequillo que da comienzo a mi culo…

Pararon unos instantes… Se miraron a los ojos…

- ¿Tienes frío Borja?
- Ahora no. Estás ardiendo jodido… ¿Me has echado de menos?
- Claro. Apenas he dormido desde hace unos días pensando en este finde.
- ¿Y que has pensado? ¿Qué juegos te has inventado esta vez?
- Hummmm, no me he acabado de decidir. Quizás juguemos un poco con el ropero de mi abuela, que está en el piso de arriba. Desde luego, no vas a ponerte la ropa más este finde. Quizás te vende los ojos un rato… y juguetee con tu cuerpo sin que tú veas dónde voy a posar mi lengua. O quizás te ate para que te sientas a mi merced… para que se te ponga dura solo de imaginarte dónde te voy a tocar, a morder, a lamer… sin que tú puedas impedirlo… quizás pruebe a comer esas frutas de ahí sobre tu cuerpo… o las meta en tu boca para comerlas desde ahí… o desde tu culo… esas fresas…
- ¡Joder! Me estás poniendo cachondo…
- No mientas. Estás cachondo desde que has puesto tu cuerpo contra mi espalda. Tu polla no deja de bailar…
- ¿Y la tuya? – Y Borja fue a poner sus manos sobre los genitales de Diego, pero este se lo impidió.
- No peques. En esta fase del juego… un dedo… solo un dedo podrás poner en mi polla. Y yo solo podré poner un dedo sobre la tuya. Pero ni yo tocaré la mía, ni tú tocarás la tuya.
- Bueno… ¿y que quieres…? ¿Un dedo?
- A mí me ha sobrado un dedo para ponerte a mil.

Diego empezó a moverse muy lentamente. Arriba y abajo. De forma un poco circular. Llevó uno de sus dedos a la boca de Borja. Borja miraba al techo… ese ligero movimiento, estaba produciendo un pequeño roce de su miembro con su propio estómago y con la espalda de Diego. Notó Diego que la polla de Borja empezaba a babear un poquito. Pero decidió ayudarla un poco. Llevó se dedo mojado con la saliva de Borja, hasta su polla. Paseó suavemente su dedo por la cabeza… recorriéndola de forma circular… volvió a llevar ese dedo a la boca de su amante… y repitió la operación varias veces. Notó que ya estaba bien lubricada… se pegó más si cabe al cuerpo de Borja… siguió con sus movimientos lentos… circulares… la polla de Borja seguía…

- ¡Joder! ¡Para! … ¡¡Para joder!! ¡¡Qué me voy a correr!!!
- De eso se trata. – le dijo con voz sensual, y para evitar que hablara, metió el dedo índice en la boca de Borja… cerró sus labios sobre el dedo… chupaba ese dedo como si le fuera la vida en ello… como si fuera el pene de Diego… empezó a gemir… Diego aceleró un poco el movimiento de su cuerpo… circular… notó como palpitaba ahora con más velocidad… Borja gemía… Tensó todos sus músculos… dirigió su mirada ciega hacia el techo... su polla palpitaba… más, y más… - ¡¡¡joder!!!!! ¡¡La madre que te parió cabrón!!!!!!! ¡¡¡aggggggggggggggggggggggggggggg!!!!!




Diego sonreía. Fue bajando el ritmo de sus movimientos. Notaba la leche caliente en su espalda. Aparentaba una señora corrida. Notaba la respiración todavía agitada de Borja. Éste dejó caer la cabeza sobre su hombro… le oyó susurrar algunas palabras… aunque solo entendió “cabrón”. Giró su cabeza. Le vio esa expresión idiota con sonrisa incluida que solemos tener después de una buena corrida. “Cabrón” volvió a repetir Borja. Esta vez un poco más alto.



- Eres un jodido Diego… te he echado tanto de menos… he echado de menos estas piernas – y diciendo esto sus brazos para alcanzar sus tobillos. Mientras colocó su barbilla sobre su hombro, y Diego recostó su cabeza hacia atrás.

Iba rozando suavemente las piernas de Diego, con sus manos… desde los tobillos hacia sus muslos… por la parte interior… suave y lento, sin perder ni un milímetro de ese camino de subida. Acariciando cada palmo… llegó hasta casi sus genitales… pero ahí empezó de nuevo a recorrer esas piernas tan firmes, tan suaves, hacia abajo. Esta vez lo hizo con el dorso de sus manos… haciendo pequeños círculos… Diego suspiraba… Borja sabía como sacarle esos suspiros sin tocar sus genitales… nadie le había acariciado nunca como él, nadie había descubierto tantos rincones de su cuerpo que le dieran placer… uno de ellos eran las piernas… esa forma de acariciarle… y sobre todo cuando llegaba otra vez a los muslos… sentía ahora que las manos de Borja llegaban otra vez a la zona alta de sus muslos… Diego cerró los ojos…

- ¿Ya estás caliente mi amor? – susurró Borja…
- Sí por favor… haz algo… agarra mi…
- No… solo puedo con un dedo… recuerdas…
- Da igual, rompo mi norma de hoy… me estás poniendo a cien… no puedo esperar más… eres un capullo redomado… joder…

Y Diego intentó moverse, darse la vuelta… intentó levantarse… pero Borja con suavidad pero firmemente, no le dejó…

- No puedo esperar… haz algo…
- Calla de una vez… que pareces una cotorra… cocoa… cocoa…

Borja acercó su boca al cuello de Diego. Le fue dando pequeños besitos. Le lamía suavemente, despacio… alcanzó al lóbulo de su oreja… primero lo acarició con su lengua… cerró sus labios sobre él… lo mordió suavemente. Sus manos no dejaban de recorrer suavemente las piernas de Diego…

Diego no dejaba de suspirar. Eran demasiadas sensaciones a la vez. Era demasiado tiempo soñando con este momento, con el cuerpo de Borja pegado al suyo, con sus manos recorriendo su cuerpo, con su boca… con su lengua… Notaba además con el pene de Borja no hacía más que crecer, aunque había descargado apenas hacía unos minutos… Notar además la respiración suave de él sobre su cuello… detrás de la oreja… una respiración que parecía se mecía también al ritmo de esa canción que estaba cantando los dos… de esa poesía que estaban componiendo… con métrica perfecta… como la perfección de sus cuerpos pegados, piel con piel… sin un hueco entre ellos… notaba su polla palpitar… parecía que iba a estallar… necesitaba un solo empujón más para estallar en borbotones… lo necesitaba… esa sensación previa al orgasmo le invadía el estómago… el pubis… el perineo… su culo… esa sensación de que un estallido de placer está llegando… todo era placer… pero quedaba esa bomba final… apenas se dio cuenta de que Borja le estaba pellizcando… todo su cuerpo estaba lleno de sensaciones… no le daba tiempo a disfrutar de cada una por separado… las manos de Borja en sus piernas, en sus muslos, su lengua en el cuello, su respiración, su pecho contra su espalda… el palpitar de su polla frente al principio de su espalda… ahora los dedos de Borja estaban en su perineo… en esa zona entre los huevos y su ano… ¡¡Por Dios!!! Empezó a pensar que iba a ser posible correrse sin siquiera tocar su polla… “por favor”… “Borja, por favor”… no dejaba de pensar… notó un dedo subir por su polla… Borja se había decidido al fin… ese suave roce de un dedo… “por favor”… llegó hasta la cabeza de su falo… “por favor”… suavemente acariciaba ahora ese punto… ese punto… “por favor” solo era un roce… “Por Dios”… suavemente… en círculos… notaba su lengua en su oreja… su dedo en ese punto… solo un dedo… suavemente en círculos… notaba la polla de Borja palpitar en su espalda… notaba un suave movimiento… el pecho de Borja caracoleaba sobre su espalda… “¡Por Dios!” Diego… gemía... Ese dedo en…

-¡Por Diossssssssssssss!!!!!!!!!!!... ¡¡Agggggggggggggggggggggg!!!!

Diego levantó su cuerpo… tensó todos sus músculos… apoyaba solo su cabeza en el hombro de Borja… y sus talones… levantó su cuerpo… se cayó el edredón al suelo… todos sus músculos estaban en tensión… su cuerpo estaba brillante… bañado en sudor… y Borja seguía besando su cuello… mientras observaba…
Uno… - ¡Aggggg!
Dos… - ¡Agggggggggggg!
Tres… cuatro… cinco… su respiración estaba entrecortada… notó como el semen volvía a caer sobre su cuerpo… giró su cabeza… como un desesperado giraba su cabeza buscando la boca de Borja… la encontró… se besaron…


y se besaron…


Seguía con su cuerpo levantado… todo su estómago y su pecho lleno de leche… su miembro todavía erecto, mirando al techo… su respiración recuperaba poco a poco su ritmo habitual…


y se besaron…


Bajó poco a poco su cuerpo… se volvió a acurrucar entre el cuerpo de Borja… Éste volvió a poner el edredón sobre sus cuerpos… y así se quedaron un rato… mirando el fuego crepitar en la chimenea… con sus manos entrelazadas… piel con piel…


y se besaron…




tatojimmy


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Estas eran las bases del concurso

La sauna



La sauna
Autor: YoNoLoDiGo
Blog: Mis Deseos y Fantasías


El vapor llena toda la sauna, dejando parte a la imaginación, a la fantasía. Observo rápidamente toda la pequeña habitación, esperando encontrar a alguien. Estoy solo. Nadie más comparte la sauna. Me tumbo al fondo, un lugar estratégico donde me permite ver toda la sauna. Me quito la toalla y la deposito sobre mi cuerpo, cubriendo sólo mis partes más íntimas. Cierro los ojos y relajo todo mi cuerpo. Hace mucho calor. Todo está en silencio. Me quedo transpuesto, medio durmiendo medio despierto. Confundo los sueños con la realidad. Todo está difuso. Las voces vienen y van. Personas entran y salen. No está sucediendo. Está sucediendo. No lo se. No quiero despertar. No quiero dormir. Alguien se acerca. Alguien está junto a mí, de pie a mi lado. Estoy solo. Tengo compañía. Siento el tacto de una mano en mis muslos. Unas manos que quitan la toalla. Mis manos están en mi pecho. Yo no soy. Hay alguien más. Es un sueño. Acaricia suavemente mis piernas. No es un sueño. Siento sus manos. Siento mi cuerpo despertar sin despertar. La mano sigue recorriendo libremente mi piel. Estoy teniendo una erección. No es un sueño. Siento los dedos en mi pubis, cerca de mi polla. Quiero que la toque, que me masturbe. Es mi sueño. Ha cogido mi miembro con su mano. No es real. Pero siento el placer de la masturbación ajena. Tengo una erección y alguien está jugando con ella. No son mis manos. Son otras manos. Pero es un sueño o es real. No quiero saberlo. Quiero que siga tocando mi cuerpo, que me siga masturbando. Así lo hace, es el deseo en mi sueño. Algo pasa a mi alrededor. Solo estamos yo y las manos de mi sueño. Me masturba con paciencia. También están sus labios. Siento sus labios en mi boca. No es un sueño. Me están besando. Estoy eyaculando. Quedo extasiado. Sigo soñando. Sigo despierto. Me incorporo y no estoy solo. Le tumbo rápidamente sobre el suelo e introduzco su polla en mi boca.



Paso mi lengua una y otra vez por su polla, mezclando mi saliva con su esporádico esperma, asomado en pequeñas cantidades por lo alto del grande. El preludio de una gran eyaculación. Pero todavía no. Quiero hacerle sufrir un poco más. Mi lengua recorre su polla, desde el glande hasta las partes más inferiores. Dejando que mi saliva resbale por el músculo más tenso de su cuerpo, llegando hasta el escroto. Lo inunda mi saliva. Cada vez que introduzco su polla en mi boca, siento como se estremeces de placer. Sus piernas se doblan convulsionadas de placer y sus abdominales se contraen con cada golpe de su polla en mi garganta. Siento como su polla palpita mas fuerte dentro de mi boca. Como crece todavía mas para mi placer. En un acto reflejo, me coge la cabeza y me hace devorar toda su ardiente polla, golpeando de nuevo contra mi garganta, estremeciéndose de nuevo inundado por el placer. No voy a dejar que se corra todavía. Suelto su polla de la presa de mi boca, soltando al mismo tiempo mis manos. Observo como su polla palpita de placer sin tocarla, como se mueve con golpes de furia intentando descargar toda su leche. Vuelvo a rozar su polla con mi lengua, son suaves degustaciones para un paladar sediento de sexo. Saboreo cada milímetro de su polla con mi lengua, desde todos los lados imaginables. Mi saliva caliente empapa toda su polla, haciéndola brillar como una estrella. Quiero volverla a tener en mi boca, sentir como me inunda una vez más. Los gemidos y convulsiones aumentan, indicando que todo está preparado. Mantengo su polla dentro de mi boca, absorbiendo y saboreando las primeras gotas de tu esperma a punto de estallar. Aparentemente no me muevo, pero mi lengua está descontrolada, e intenta moverse en el poco espacio que queda. su polla me llena por completo. Tus convulsiones aumentan. Necesita eyacular y descansar del tormento producido por mi boca, de los placeres concedidos por mi lengua. Suplica que le deje eyacular. Está sumido en una locura de orgasmo y ya no se puede parar. Con mis manos entretenidas en su escroto, comienzo a mover mi boca más rápido, soltando y capturando su polla. Siento como se sume en una sola convulsión, gritando de placer desbordado. En mi boca algo ha explotado. Siento como el calor de sus entrañas lo inunda todo. Me quedo parado un segundo, imaginando como eyacula en mi boca, como su caliente esperma es lanzado repetidamente sobre mi paladar. Imágenes placenteras más allá de toda razón. Me quedo paralizado durante un segundo, el segundo que necesitas para tomar fuerzas y eyacular de nuevo con fuerza dentro de mi boca. Siento como su esperma golpea repetidamente mi paladar. Tu esperma caliente provoca una locura de placer en mis pensamientos al tiempo que se estremece de nuevo repetidamente. Sigo moviendo mi boca sobre su polla, sintiendo como su esperma caliente golpea contra mi lengua. El blanco de su esperma empieza a escaparse de mí, recorriendo su polla hasta llegar al escroto. Sigo sin parar de mover mi boca, entreabierta para dejar correr su elixir mezclado con mi saliva. Poco a poco, mis embestidas se van deteniendo, igual que las convulsiones sufridas por él, mi benefactor del placer por una tarde, por una fantasía. Todo ha terminado. No, todavía no. Quiero sentirle dentro de mí.




Me pongo sobre él, poniendo sus brazos extendidos a cada lado de su hermoso cuerpo. Totalmente desnudo y preparado para sentir el placer de mi cuerpo, el calor de mis entrañas. Mientras le observo, me voy situando encima de él, quiero cabalgar sobre su cuerpo, sobre su polla. Cojo su polla caliente aún empapada de esperma con mi mano, y bajo lentamente mi cuerpo hacia ella. Siento el roce de su polla en mi cuerpo, el suave tacto de su piel. Bajo un poco más, notando como presiona en mi cuerpo, como quiere entrar en él. Algo se abre para él, algo para nuestro placer. Poco a poco, siento como entra dentro de mí, como me inunda, produciéndonos una oleada de placer. Mi polla refleja su sombra sobre sus abdominales, sobre su cuerpo empapado por el calor producido en horas de placer. Mi cuerpo sigue bajando sobre su polla, haciendo que entre cada vez más dentro de mí. La suelto, está dentro de mí y ya no puede escapar. Detengo la entrada de su polla en mí. Durante unos segundos eternos, desplazo mis manos por todo su cuerpo, recreándome en su pecho de hombre. Lo acaricio, acaricio con mis dedos sus pezones. Siento la sexualidad fluir en ellos. Continúo bajando mi cuerpo un poco más, metiendo casi toda su polla dentro de mí. Gime de placer cuando mi polla roza sus abdominales suavemente. Gimo de placer cuando siento el final, cuando siento que toda su polla está dentro de mí, inundándome por completo. Nos quedamos inmóviles, degustando el suave placer del calor humano, del amor entre hombres. Me inclino y apoyo las manos sobre el suelo, junto a su cabeza. Me acerco lentamente, hasta que mis labios sienten la furia de sus suspiros. Nos besamos frenéticamente. Mis movimientos sobre su cuerpo son sutiles, sentidos en toda su extensión por la unión de dos cuerpos, por el frenesí de nuestra pasión. Cabalgo lentamente por un mundo de placer, degustando cada subida y bajada, cada entrar y salir de su polla en mi cuerpo. Me inclino hacia atrás, cabalgando libremente por el placer. Un placer doble, el calor que me invade con cada bajada y el roce de mi polla en su cuerpo con cada subida. Sus suspiros se vuelven palabras, pidiéndome que cabalgue cada vez más rápido, cada vez con más locura. Siente el final. Siento el principio. Mi boca ha llegado hasta sus oídos, guiados por la necesidad de susurrarte, de hablarte. Pero ya no existen las palabras. Las palabras se han vuelto besos en una locura de amor, suspiros desesperados de amantes ardientes, pequeños mordiscos desenfrenados de placer… Siento como se estremece cada vez que nuestros cuerpos se juntan, cada vez que mi polla roza su cuerpo hasta que eyaculamos de nuevo, los dos juntos en una canción de placer. Siento de nuevo el calor de su esperma dentro de mí, siente la lluvia de mi esperma sobre su cuerpo. Me tumbo sobre su cuerpo, quedándonos pegados por el semen derramado entre nuestros cuerpos. Todo ha terminado, pero es el principio de una gran aventura de amor.



YoNoLoDiGo


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(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)


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El ciclista recién depilado



El ciclista recién depilado


Autor: Max


Un sábado de este verano quedé con un ciclista llamado Luis. Llevaba unos días hablando con él, pero nunca encontrábamos un hueco para vernos.

Finalmente, viernes por la noche pasamos un rato hablando por Messenger y decidimos quedar para tomar algo a las 11 de la mañana en un bar cerca de su casa.

Yo tenía que coger coche para llegar a la cita y pillé un camino donde hacían obras y llegué 30 minutos tarde, así que tuve que acompañarle a la depiladora donde tenía hora.

Entré en la sala de espera con él y le atendieron enseguida. Era una mujer sola que se veía que no tenía muchos clientes, así que pedí entrar en la sala donde iban a depilarle.

Observé como se quitaba los vaqueros, los cuales le marcaban un paquete increíble. Debajo llevaba puestos unos boxers azul marinos ajuntados y vi que tenía la polla posicionada hacia la derecha… Dios, que ganas de agarrarla.

A los 2 minutos la mujer tuvo que ir a recepción para contestar el teléfono. Así que quedé solo a su lado. Hice la broma de subirle la camiseta para mirarle el abdomen y tenía muy poco vello. Él riendo se bajo los boxers para enseñarme la polla y luego cuando soltó el elástico, su polla quedo medio afuera… asomándose.

Me excité un montón y él lo notó ya que tuve que ajustarme los pantalones porque se me empinó y me apretaba. Él me agarró el paquete y me lo empezó a masajear.

La mujer seguía hablando por teléfono así que le bajé los boxers y se la empecé a chupar. Él seguía masajeándomela y quise desnudarme allí mismo para que me la pudiera chupar y comerme el culo. Me puse de pie y le pajeaba con una mano y con la otra le tocaba el cuerpo. Saqué su polla y sus huevos a un lado de los boxers y le lamí los huevos y se los chupaba mientras le seguía masturbando. En ese momento él me tocaba el culo y yo notaba como mi polla necesitaba ser liberada de mis calzoncillos para que él pudiera saboreármela.




Escuché como la mujer colgaba el teléfono, así que le coloque los boxers y me volví a sentar. Ella entró y pudo observar que Luis tenía la polla empinada, me miró con cara rara y no pude no reír. Ella acabó su trabajo… de depiladora y yo salí afuera mientras él pagaba.

Cuando Luis salió, me cogió de un brazo y me llevó hasta la entrada de unos apartamentos y me empujó contra la pared y me empezó a besar. Apretaba su cuerpo contra el mío y yo le cogía el culo con fuerza. Su polla dura se apretaba contra la mía. Me abrió la cremallera y me la sacó… Se la metió entera en la boca y sentí una excitación increíble al pensar que alguien podría pillarnos. Me mordía suavemente la polla dándome una sensación de dolor y placer a la vez. Dentro y fuera, mi polla desaparecía en su boca.

Se levantó, se la sacó y se pajeó. Me dio media vuelta y me quitó los pantalones. Me puse de rodillas y me comió el culo. Su lengua salvaje me mojaba entero y sentía saliva correr por mis huevos. Me pajeaba y me metía su lengua en el culo y luego la sacaba, luego volvía a meterla y así sucesivamente. Con dos dedos mojados de su boca, empezó a prepararme para lo que iba a venir. Su polla gorda y dura.

En un momento se paró y sabía lo que me esperaba. Menos mal que se la lubricó escupiéndose en la mano y pasándosela por su polla. Los segundos entre sentir su lengua y luego sentir su verga se hicieron interminables. Quise gozar enseguida de ella y sentir sus cojones pegar con fuerza contra mi trasero. Me folló con rapidez, entraba y salía de mi culo con facilidad. Estoy acostumbrado a recibir por detrás y se notaba que él acostumbraba a dar.

Me pasaba la mano por mi pelo y me mordía la espalda.

Cambiamos de postura y me senté encima de él. Él me lamía los pezones, en uno de ellos llevaba piercing y con la lengua jugaba con él.

Iba dando saltos encima de él y notaba como me apretaba. Fregando mi polla por su abdomen mientras tenía su polla en mi culo era increíble. Luis gemía con placer y vi en su cara que le faltaba poco para correrse. Yo subía y bajaba con más rapidez y apretaba mi polla contra él. Sentí como se corría en mi culo. Tensaba su culo contra el suelo para metérmela más a fondo. Tres disparos de riquísimo semen dentro de mí. Quise gritar mientras yo me corría encima de nosotros. Me incliné un poco hacia atrás y parte de mi corrida se disparó sobre su cuello.

Me bajé de la postura y me tumbé sobre unas publicidades del suelo. Me lamió el semen de mi pecho, yo le limpié con mis calzoncillos que habían quedado tirados en el suelo. Los metí en el buzón de un apartamento y nos fuimos a tomar algo refrescante.

Max


(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)


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Amígdalas deliciosas



Amígdalas deliciosas

Autor: Pehuenche


Necesitaba un momento de mucho relax y, para estas ocasiones, lo mejor son los hombres. Ingresé al chat y comencé a dialogar sobre el tiempo y el frío con un chico de Neuquén que dijo que tenía 20 años, yo tengo 40, con la intención de pasar el rato y nada más. Intercambiamos los mensajeros para poder dialogar en forma privada y el intercambio de palabras fue elevando el tono, y, como no podía ser de otra manera terminamos preguntándonos qué nos gusta hacer a ambos en lo que a sexo se refiere.
Me dijo que le gustaba mucho que le practicaran sexo oral y también penetrar. Casualmente a mi me gusta hacer y que me hagan ambas acciones. Me dijo que era más alto que yo y que pesaba bastante más. Le confesé que tenía cierto temor porque él era un pendejo y yo era bastante mayor, pero me tranquilizó indicándome que podíamos encontrarnos sin compromiso, si no nos gustábamos, todo bien igual.
Cuando me recibió en la calle me quedé sin aliento. Era un lindo pibe, de barba de tres días, robusto, no gordo, y muy despierto, para nada retraído. Ingresé a su casa, me dijo si quería tomar algo, le pedí agua, y enseguida me dijo que fuéramos al dormitorio. Yo tenía mucha vergüenza, pero me dijo que estaba todo bien. Me abrazo y me sentí raro, contenido, era como que sus dos brazos, su boca y su pecho me envolvían totalmente. Efectivamente me dí cuenta que él era grande de físico y podía tenerme como quería.

Entramos en calor y comencé a acariciarle el pecho, todo peludo, le recorría con mis manos las tetillas que se ponían bien duras. Le acariciaba toda esa espalda con mis manos, hasta que comencé a acariciarle la panza y desabrocharle el pantalón. Llegué con mis manos al monte de Apolo, desprolijo, con pelos duros, hasta que mis yemas llegaron a la base del pene. Fue increíble sentir que sus ojos estaban cerrados, su lengua estaba dentro de mi boca y me imaginaba cómo era sentir todo ese cuerpo que me envolvía arriba mío, desnudo.

Saqué mi boca de la suya para poder lamerle los lóbulos de las orejas. Como él era más alto que yo, debí ponerme en punta de pies, mientras mi mano ya había comenzado a acariciarle el pene. Le susurré si quería que se la chupara, mientras el estuviera parado y yo me arrodillara enfrente. Lo miré a los ojos, los tenía cerrados y con expresión de mucho placer, y me dijo que lo hiciera por favor.
Terminé de bajarle los pantalones. El pene estaba todavía preso en su slip. Olí por sobre esa tela y fui bajando el slip suavemente, mientras comenzaba a acariciar todo ese montón de pelos negros del que sobresalía su masculinidad, esa masculinidad de pendejo. No estaba del todo duro, así que pasé mi lengua por los huevitos llenos de pelos y lo tomé con mi mano derecha, para poder correr el prepucio para atrás. El olor que tenía el glande y la zona del frenillo, llenó mis sentidos. Era un olor a pene de macho, no había duda. Unos 18 centímetros más o menos y una hermosa cabeza, chica, ideal para poder introducirlo todo en mi garganta.

Comencé lentamente hasta que estuvo bien duro.




Estaba de rodillas oliendo esa hermosa pija con la base peluda, con el olorcito de pija recién levantada que me vuelve loco. Le acariciaba los huevitos y empecé a hacer vacío con mi boca. Mi lengua recorría todo ese monumento de carne, desde el glande hasta la base, con los labios apretaba suavemente el tronco. Con mis manos fui bajándole el pantalón hasta que quedó todo en el piso y entonces comencé a acariciarle la cola, una cola grande, peluda, y unas piernas duras. Con su pene en la boca, no podía introducirmelo en esa posición, lo miraba hacia arriba y él estaba con los ojos cerrados y me decía muy despacio que siguiera, que le gustaba lo que estaba haciendo. Estuve como quince minutos así.

Me paré y le dije que por favor necesitaba que se acostara porque quería meterme toda la pija en la boca. Así que se puso en la cama boca arriba, se sacó los pantalones de los pies, y me puse al revés, como para hacer un 69, pero yo no me había desvestido. Comencé a succionarle el glande nuevamente y a acariciarle esas hermosas bolitas llenas de pelos negros y duros. La pija estaba dura, muy dura a esa altura. Tomé aire, me llené los pulmones de aire e hice el esfuerzo. Puse el glande en mi garganta y lentamente fui haciendo presión hasta que entró todo así. Sentí que se quedó quietito. Saqué toda la pija de mi boca, estaba llena de saliva y fue entonces cuando me agarró la cabeza y comenzó a hacer movimientos pélvicos. Volví a tomar aire y me introduje de nuevo el pene en mi garganta. El empezó a moverse para sentir cómo entra y sale. Así estuvo un buen rato mientras con su mano me acariciaba la cola.

Imaginé que sentir toda esa pija en el culo me iba a hacer ver las estrellas, pero asumí el riesgo. Le pedí por favor que me penetrara, pero que me dejara sentarme arriba.

Le puse un profiláctico y me saqué el pantalón y el slip. Quedé con la camisa, la corbata y el chaleco. Me puse en cuclillas. Me llené el upite de saliva y me senté. Primero sentí la cabeza que intentaba entrar mientras con mis manos le acariciaba los huevitos y le tenía la base de la pija. Empecé muy despacio. Primero me puse la cabeza de la pija y fui introduciéndomela milímetro a milímetro. Cuando iba por la mitad, me arrodille, con todo ese cuerpo de macho grande entre mis piernas, y lo abracé. Me dio un beso de lengua que me dejó sin aliento y cuando me tenía así hizo presión y entró la otra mitad, así de una. Tuve un espasmo porque me dolió un poco, pero enseguida comencé a disfrutarlo. Me quedé quietito y él subía y bajaba. En un momento paró. Me puse otra vez en cuclillas mientras me sostenía en su pecho y comencé a cabalgar, me entraba y salía. Sentía el ruido de mi cola cuando chocaba contra la base de su pija. Estuve un buen rato, me sentía realmente muy bien porque en un momento me tocó la próstata y le dije que se quedara quieto, empecé a tener un orgasmo de aquellos, le apretaba la pija con mi cola y tenía espasmos. En ese momento, me tomó hacia él me apretó muy fuerte y comenzó a entrar y salir con fuerza hasta que acabó.
Le dije: "qué posibilidades hay de que te quedes a vivir ahí". Se rió, le hice unas caricias en su carita de pendejo y le pregunté si le había gustado. Me dijo que sí. Me dio un besito y se terminó.

No sabés las ganas que tengo de repetir.

Pehuenche


(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)

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Mi amante inesperado


El siguiente relato es de la casa.


Mi amante inesperado

Nos vemos en la calle. Lo reconozco. Me lo encontré una vez en la playa. Se metió entre las dunas y lo seguí y meó delante de mí. Y cuando acabó de mear empezó a sacudírsela hasta que se le puso dura. Pero apareció aquella familia y nos fuimos cada uno por nuestro lado. Pero es él. Y también me ha reconocido. Cruzo la calle. No deja de mirarme. Estoy cerca. Echa a caminar. Lo sigo.

Andamos unas cuantas manzanas. No sé hacia donde se dirige. Quizá vayamos a su casa. Me excita la anticipación. Estoy muy excitado.
Entra en un bar. Paso por delante y veo que está sacando tabaco. Espero. Se guarda el paquete y sale a la calle. Se roza conmigo, me pide perdón. Sigue su camino. Sigo sus pasos.

Dos manzanas más. Se mete en un centro comercial. Lo sigo de cerca.
Subimos por las escaleras mecánicas. Tres pisos. Pienso que va a ir hacia los baños pero en lugar de eso se dirige hacia la sección de jardinería, que está desierta. Caminamos entre los estantes, entre macetas y fertilizantes. Detiene sus pasos. Me mira.

- Hola –dice.
- Hola –respondo.
- Tú eres el de la playa.

Asiento con la mirada. Entonces, sin mediar más palabras, nos besamos. Exploramos nuestras bocas, probamos nuestro sabor, entrelazamos las lenguas y nuestras manos exploran los músculos del otro. Es muy excitante hacerlo aquí mismo, aquí en medio, en los pasillos de jardinería del centro comercial. Nuestras bocas siguen fundidas. Noto su miembro contra el mío. Pego mi cuerpo más al suyo. Entonces, inesperadamente, resbala por mi cuerpo hasta quedar de rodillas y me desabrocha el botón de los pantalones. No me puedo creer que quiera hacerme esto aquí mismo, pero no hago nada por evitarlo. Me baja la cremallera. No llevo nada debajo y mi polla le da la bienvenida. Una de sus manos coge mis cojones y su boca prueba el sabor de mi verga enhiesta.

Empieza a mamar y yo echo la cabeza hacia atrás. Sus labios viajan arriba y abajo, mi polla aparece y desaparece, su mano acaricia mis cojones. Su boca es de una suavidad extrema, su saliva lubrica una mamada perfecta, sus ojos a veces buscan los míos, mi cuerpo vibra. El suyo tiembla de placer.




Juega con mi verga. La mira. Se golpea con ella. Me mira. Se la pone bajo la nariz. Le pasa la lengua por el tronco y se la introduce en la boca y disfruta de su solidez. Vuelve a jugar. Vuelve a mamar. Rueda la saliva. Tengo empapados los cojones. La come tan bien que pierdo el sentido. Cierro los ojos. Suelto un gemido. Él acelera el movimiento y yo me limito a gozar. Pongo todos mis sentidos en su boca y en las sensaciones que me provoca. Abro los ojos y veo los del dependiente de jardinería, que me miran.

Está al fondo del pasillo, a escasos cinco metros de donde nosotros estamos. Le veo la sorpresa tiñendo su rostro. Mira hacia ambos lados. Parece que no se acerca nadie más. Nos observa. Tendrá unos cuarenta. Es fornido. Nos observa y parece fascinado.

Mi amante inesperado descubre que algo pasa, sigue mi mirada y al ver al dependiente le hace un gesto con la mano para que se acerque. El dependiente no se lo piensa dos veces, y mientras da los pasos que lo traen hasta nosotros se saca un vergajo enorme bajo el cual cuelgan unos cojones formidables y llenos de vello rizado y negro. Mi amante nos coloca juntos. Prueba la verga del dependiente, que aún está morcillona y, poco a poco la hace crecer dentro de su boca.

Cuando el dependiente se pone del todo berraco mi amante inesperado me hace acercar mi polla a la suya y les hace sitio a ambas. Le meto mano al dependiente, le agarro el culo y él se pega a mí mientras mi amante inesperado se come nuestras dos vergas a la vez, atiborrándose de polla. Cojo a mi amante inesperado por el pelo y le clavo el vergajo hasta el fondo; al retirarme el dependiente le mete el suyo y comenzamos a follarnos su boca acompasadamente. Mi amante inesperado pone los ojos en blanco, se deshace de gusto. Le damos polla, le obligamos a tragar, y él disfruta como un condenado. Se come la mía mientras pajea la del dependiente junto a su cara. Ahora pasa a la de él. Encierra su glande entre los labios y se deja follar la boca mientras me acaricia los cojones. Vuelve a la mía. Se la traga entera. Me hace un traje de saliva. Luego nos pajea a ambos mientras saborea nuestros glandes. Restriega la cara contra nuestros falos, coloca la frente bajo nuestros cojones. Se vuelve loco con nuestras varas. Junta nuestros falos y mama uno y otro, uno y otro, uno y otro. Me come los huevos mientras el dependiente le arrea pollazos en la cabeza, se la pega en la oreja le llena la frente de su propia saliva. Nuestros miembros brillan, mojados.

Nos coloca uno frente al otro, junta nuestros falos por los troncos, cojones contra cojones, y nos pajea, con la lengua dispuesta a recibir lechadas. Suelta saliva sobre nuestros glandes, masturba nuestras pollas juntas, una contra la otra, y acelera el movimiento. El dependiente se agita para propiciar la corrida. Le aprieto los pezones por encima del uniforme del centro comercial. Se agita más. Se va a correr. La boca de mi amante inesperado baja sobre nuestros glandes, su lengua nos rocía de saliva, mama las dos vergas a la vez. Yo también estoy a punto de correrme. Me quiero correr a la vez que el dependiente. Agarro la cabeza de mi amante inesperado, me lo follo, me follo su boca dispuesta a recibir trallazos de leche. Nuestras vergas están juntas. Nos follamos su boca entre los dos. Mi amante inesperado se ahoga de polla. Estoy a punto de correrme. Lo siento. Lo noto. Me viene, me viene, me vieneeeeeeee.

El dependiente se retuerce. Se corre. Nos corremos. El semen sale a borbotones. Noto el calor de mi leche y el calor del esperma del dependiente sobre nuestras vergas mientras seguimos descargando dentro de la boca de mi amante inesperado. Sigue mamando. El semen se le escapa de la boca, nos rueda verga abajo hasta los huevos. Sigue mamando. Sigue mamando. Sigue mamando…


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