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La sauna



La sauna
Autor: YoNoLoDiGo
Blog: Mis Deseos y Fantasías


El vapor llena toda la sauna, dejando parte a la imaginación, a la fantasía. Observo rápidamente toda la pequeña habitación, esperando encontrar a alguien. Estoy solo. Nadie más comparte la sauna. Me tumbo al fondo, un lugar estratégico donde me permite ver toda la sauna. Me quito la toalla y la deposito sobre mi cuerpo, cubriendo sólo mis partes más íntimas. Cierro los ojos y relajo todo mi cuerpo. Hace mucho calor. Todo está en silencio. Me quedo transpuesto, medio durmiendo medio despierto. Confundo los sueños con la realidad. Todo está difuso. Las voces vienen y van. Personas entran y salen. No está sucediendo. Está sucediendo. No lo se. No quiero despertar. No quiero dormir. Alguien se acerca. Alguien está junto a mí, de pie a mi lado. Estoy solo. Tengo compañía. Siento el tacto de una mano en mis muslos. Unas manos que quitan la toalla. Mis manos están en mi pecho. Yo no soy. Hay alguien más. Es un sueño. Acaricia suavemente mis piernas. No es un sueño. Siento sus manos. Siento mi cuerpo despertar sin despertar. La mano sigue recorriendo libremente mi piel. Estoy teniendo una erección. No es un sueño. Siento los dedos en mi pubis, cerca de mi polla. Quiero que la toque, que me masturbe. Es mi sueño. Ha cogido mi miembro con su mano. No es real. Pero siento el placer de la masturbación ajena. Tengo una erección y alguien está jugando con ella. No son mis manos. Son otras manos. Pero es un sueño o es real. No quiero saberlo. Quiero que siga tocando mi cuerpo, que me siga masturbando. Así lo hace, es el deseo en mi sueño. Algo pasa a mi alrededor. Solo estamos yo y las manos de mi sueño. Me masturba con paciencia. También están sus labios. Siento sus labios en mi boca. No es un sueño. Me están besando. Estoy eyaculando. Quedo extasiado. Sigo soñando. Sigo despierto. Me incorporo y no estoy solo. Le tumbo rápidamente sobre el suelo e introduzco su polla en mi boca.



Paso mi lengua una y otra vez por su polla, mezclando mi saliva con su esporádico esperma, asomado en pequeñas cantidades por lo alto del grande. El preludio de una gran eyaculación. Pero todavía no. Quiero hacerle sufrir un poco más. Mi lengua recorre su polla, desde el glande hasta las partes más inferiores. Dejando que mi saliva resbale por el músculo más tenso de su cuerpo, llegando hasta el escroto. Lo inunda mi saliva. Cada vez que introduzco su polla en mi boca, siento como se estremeces de placer. Sus piernas se doblan convulsionadas de placer y sus abdominales se contraen con cada golpe de su polla en mi garganta. Siento como su polla palpita mas fuerte dentro de mi boca. Como crece todavía mas para mi placer. En un acto reflejo, me coge la cabeza y me hace devorar toda su ardiente polla, golpeando de nuevo contra mi garganta, estremeciéndose de nuevo inundado por el placer. No voy a dejar que se corra todavía. Suelto su polla de la presa de mi boca, soltando al mismo tiempo mis manos. Observo como su polla palpita de placer sin tocarla, como se mueve con golpes de furia intentando descargar toda su leche. Vuelvo a rozar su polla con mi lengua, son suaves degustaciones para un paladar sediento de sexo. Saboreo cada milímetro de su polla con mi lengua, desde todos los lados imaginables. Mi saliva caliente empapa toda su polla, haciéndola brillar como una estrella. Quiero volverla a tener en mi boca, sentir como me inunda una vez más. Los gemidos y convulsiones aumentan, indicando que todo está preparado. Mantengo su polla dentro de mi boca, absorbiendo y saboreando las primeras gotas de tu esperma a punto de estallar. Aparentemente no me muevo, pero mi lengua está descontrolada, e intenta moverse en el poco espacio que queda. su polla me llena por completo. Tus convulsiones aumentan. Necesita eyacular y descansar del tormento producido por mi boca, de los placeres concedidos por mi lengua. Suplica que le deje eyacular. Está sumido en una locura de orgasmo y ya no se puede parar. Con mis manos entretenidas en su escroto, comienzo a mover mi boca más rápido, soltando y capturando su polla. Siento como se sume en una sola convulsión, gritando de placer desbordado. En mi boca algo ha explotado. Siento como el calor de sus entrañas lo inunda todo. Me quedo parado un segundo, imaginando como eyacula en mi boca, como su caliente esperma es lanzado repetidamente sobre mi paladar. Imágenes placenteras más allá de toda razón. Me quedo paralizado durante un segundo, el segundo que necesitas para tomar fuerzas y eyacular de nuevo con fuerza dentro de mi boca. Siento como su esperma golpea repetidamente mi paladar. Tu esperma caliente provoca una locura de placer en mis pensamientos al tiempo que se estremece de nuevo repetidamente. Sigo moviendo mi boca sobre su polla, sintiendo como su esperma caliente golpea contra mi lengua. El blanco de su esperma empieza a escaparse de mí, recorriendo su polla hasta llegar al escroto. Sigo sin parar de mover mi boca, entreabierta para dejar correr su elixir mezclado con mi saliva. Poco a poco, mis embestidas se van deteniendo, igual que las convulsiones sufridas por él, mi benefactor del placer por una tarde, por una fantasía. Todo ha terminado. No, todavía no. Quiero sentirle dentro de mí.




Me pongo sobre él, poniendo sus brazos extendidos a cada lado de su hermoso cuerpo. Totalmente desnudo y preparado para sentir el placer de mi cuerpo, el calor de mis entrañas. Mientras le observo, me voy situando encima de él, quiero cabalgar sobre su cuerpo, sobre su polla. Cojo su polla caliente aún empapada de esperma con mi mano, y bajo lentamente mi cuerpo hacia ella. Siento el roce de su polla en mi cuerpo, el suave tacto de su piel. Bajo un poco más, notando como presiona en mi cuerpo, como quiere entrar en él. Algo se abre para él, algo para nuestro placer. Poco a poco, siento como entra dentro de mí, como me inunda, produciéndonos una oleada de placer. Mi polla refleja su sombra sobre sus abdominales, sobre su cuerpo empapado por el calor producido en horas de placer. Mi cuerpo sigue bajando sobre su polla, haciendo que entre cada vez más dentro de mí. La suelto, está dentro de mí y ya no puede escapar. Detengo la entrada de su polla en mí. Durante unos segundos eternos, desplazo mis manos por todo su cuerpo, recreándome en su pecho de hombre. Lo acaricio, acaricio con mis dedos sus pezones. Siento la sexualidad fluir en ellos. Continúo bajando mi cuerpo un poco más, metiendo casi toda su polla dentro de mí. Gime de placer cuando mi polla roza sus abdominales suavemente. Gimo de placer cuando siento el final, cuando siento que toda su polla está dentro de mí, inundándome por completo. Nos quedamos inmóviles, degustando el suave placer del calor humano, del amor entre hombres. Me inclino y apoyo las manos sobre el suelo, junto a su cabeza. Me acerco lentamente, hasta que mis labios sienten la furia de sus suspiros. Nos besamos frenéticamente. Mis movimientos sobre su cuerpo son sutiles, sentidos en toda su extensión por la unión de dos cuerpos, por el frenesí de nuestra pasión. Cabalgo lentamente por un mundo de placer, degustando cada subida y bajada, cada entrar y salir de su polla en mi cuerpo. Me inclino hacia atrás, cabalgando libremente por el placer. Un placer doble, el calor que me invade con cada bajada y el roce de mi polla en su cuerpo con cada subida. Sus suspiros se vuelven palabras, pidiéndome que cabalgue cada vez más rápido, cada vez con más locura. Siente el final. Siento el principio. Mi boca ha llegado hasta sus oídos, guiados por la necesidad de susurrarte, de hablarte. Pero ya no existen las palabras. Las palabras se han vuelto besos en una locura de amor, suspiros desesperados de amantes ardientes, pequeños mordiscos desenfrenados de placer… Siento como se estremece cada vez que nuestros cuerpos se juntan, cada vez que mi polla roza su cuerpo hasta que eyaculamos de nuevo, los dos juntos en una canción de placer. Siento de nuevo el calor de su esperma dentro de mí, siente la lluvia de mi esperma sobre su cuerpo. Me tumbo sobre su cuerpo, quedándonos pegados por el semen derramado entre nuestros cuerpos. Todo ha terminado, pero es el principio de una gran aventura de amor.



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(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)


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La pared invisible



La pared invisible

Autor: YoNoLoDiGo

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- ¿Entonces duermo con Iván y Cristián con Jose?

Iván es el hermano mayor de mi amigo Cristián. Tiene la misma edad que mi hermano Jose, lo que viene a ser un año mayor que yo. Cristián era de mi edad, amigos inseparables desde que se mudaron a nuestro edificio, dos plantas más arriba. Se mudaron un par de meses después de mi cumpleaños, por Enero más o menos. Era el primer año que venían al campo para celebrar mi cumpleaños.

- ¿Es que no lo habéis escuchado ya? Venga, a la cama. – Dijo su madre

Era la primera vez que sus padres venían al campo y se quedaban a pasar la noche. Habían venido más veces, pero hasta ese día nunca dormían en el campo. Entre unos y otros, éramos 14 personas, contando tíos y primos. Como hay tres habitaciones para los “niños”, por fuerza nos teníamos que repartir. Los cuatro primos en la habitación más grande, con dos literas. Nosotros cuatro, separados por parejas, en las habitaciones más pequeñas, con cama de matrimonio. Yo, hasta aquel día, dormía con Cristián. Me encantaba. Deseaba hacerle tantas cosas, pero nunca me atrevía.

Me gustaba imaginar que, una noche, nos atreviéramos a jugar con nuestros cuerpos, con nuestras dudas sobre el sexo. Explorar, tocar, probar nuevos sabores… sin tabúes y sin reparos. Sentir el roce de su cuerpo, el tacto de otra piel. Lo deseaba, y alguna noche se haría realidad. Hasta ese día, jamás paso nada entre nosotros. Jamás le conté lo que deseaba, lo que imaginaba. Tal vez ésta era la noche, pero ya no lo sabría. Por algún motivo, había cambiado el reparto. Me tocaba dormir con Iván. Esta noche no le vería desnudarse, no lo tendría tumbado a mi lado. No podría extender la mano y rozar su piel con mis dedos, imperceptible para sus sentidos dormidos pero abrumadores para mis sentidos ampliados, ampliados por el placer de su tacto. Me pasaba horas mirándole en la oscuridad. Su rostro era una sombra ante mí, pero podía ver cada detalle de sus ojos, de su sonrisa. Su imagen siempre estaba clara en mis pensamientos. Durante las horas que le observaba, imaginaba como abría sus ojos y me miraba. Mis ojos negros se volvieron espejos ante la luz de los suyos. Dos gotas de cielo azul sobre la oscuridad de la noche. Se aproximaba a mí, besándome muy suavemente, con una mezcla de pasión y amor. El dulzor de sus labios se mezcla con la acidez de mis lágrimas. Unas lágrimas llenas de amor prohibido, llenas de felicidad por ser parte en su vida. Pero esta noche no. Esta noche no.

- Vamos nano, pero no te mees en la cama o cobras – Se echó a reír.

Iván era todo un gracioso. Yo ya tenía edad para manchar las sábanas con otra cosa y él lo sabía, pero que más daba, no era lo que yo esperaba. Esa noche se convirtió en mi enemigo, alejándome de mis sueños, alejándome de la tranquilidad de las dos gotas de cielo en medio de la oscuridad Esta noche, no podría intentar realizar un sueño. Esta noche, sería como cualquier otra noche. O eso pensaba.

Era una noche fría de Noviembre. Habría cuatro o cinco grados de temperatura. Me quité la ropa a toda prisa y me metí en la cama, solo con el slip y una camiseta interior. La cama estaba fría, muy fría. Iván empezaba a quitarse la ropa. Yo estaba mirando, observando todo lo que hacía. No pareció darse cuenta de ello. Primero se quitó los deportivos. Después se quitó la sudadera y la camiseta. Tenía un cuerpo fibroso, pero sin muchos músculos. Estaba en forma, pero no como los macizos que corren por ahí. Pero sí de los que me gustan, de los que sueño poder tocar algún día. Se sentó en la sillón que hay al pié de la cama, mirando sin mirar hacia donde yo estaba. Se quitaba los pantalones. Yo estaba atónito. Me parecía que lo hacía con demasiada pasión, sabiendo que es observado por alguien que lo desea, por alguien que lo contempla. Pero no le veía los ojos. No me miró en ningún momento. Solo se dejó el boxer. Se plantó delante de la cama, mirándome fijamente. No me había dado cuenta que me estaba mirando. Yo miraba otras cosas más interesantes de su cuerpo, imaginando su cuerpo desnudo. Esto me dejó sin palabras, al tiempo que notaba como me ponía rojo de vergüenza. Sonrió y apagó la luz. Cuando me quise dar cuenta, ya se había metido en la cama, junto a mí. La luz estaba apagada, pero entraba bastante luz por la puerta abierta. Me levanté y cerré la puerta tan rápido como pude. No se porqué lo hice, pero lo hice.

Quedamos en la total oscuridad. Volví palpando con mis manos, buscando la cama. Sabía llegar perfectamente, pero era un acto reflejo. Noté como unas manos me cogían por las muñecas, dirigiendo mis manos hacia la cama. Me soltaron tan suavemente como me habían cogido. La cama ya no estaba tan fría. Había subido la temperatura, o al menos me lo parecía. Me tapé y me puse de lado, mirando la invisible pared en la oscuridad. Notaba su aliento cálido cerca de mi nuca. Lo sentía como un soplo de calor, un calor que encendía mi cuerpo por momentos. Moví las piernas hacia atrás lentamente, disimulando. Quería conocer la distancia de mi enemigo, de la persona que suspiraba detrás de mí. Estaba cerca, muy cerca. Me estaba empezando a poner nervioso, me estaba empezando a excitar, me estaba empezando a volver loco. Mil fantasías se cruzaban por mi mente, mil fantasías que desaparecieron cuando noté como sus manos se apoyaron en mi espalda. Las tenía calientes, más de lo normal. Estaban calientes por el tacto con otra parte de su cuerpo, estaba seguro. No sabía que hacer. Me quedé inmóvil, a la espera de su próximo movimiento. No tardó.

Noté su aliento más próximo, más cercano. Su mano me cogía por el hombro, y se había acercado más de lo que yo soñaba. Noté algo sobre mi slip, en la parte de mis nalgas. Algo se había apoyado, algo se movía, algo palpitaba. Antes de que pudiera articular palabra, escuché un susurro, un susurro junto a mi oído que me decía - No te preocupes, lo sé y lo sabes. Nadie más tiene que saberlo. Sé que lo queremos los dos. Solo si quieres, solo si no quieres. Es tu sueño o es mi fantasía. Tú eliges - El susurro se desvaneció. Me quedé sin reacción. Estaba inmóvil, inmóvil por mis pensamientos. Dando vueltas y más vueltas sin saber que hacer, sin saber como hacerlo. Mis pensamientos pararon de súbito. Sus manos no estaban en mi espalda, se habían marchado por el frío de mi pasión. Notaba el vacío en mi espalda. Su aliento ya no daba calor a mi cuerpo, me estaba enfriando. Se había alejado de mí. Estaba en la otra parte del mundo, en el otro lado de la cama. No podía terminar así. Fuera su sueño o mi fantasía, daba igual. Hoy no terminaría en mi sueño, hoy no terminaría en su fantasía. Hoy sería realidad. Dejé de mirar la pared invisible y me di la vuelta, dispuesto a encontrarle al otro lado.




Extendí la mano recorriendo la cama, buscando el cuerpo de mi delirio. Notaba el calor de su cuerpo aún entre las sábanas. Mis manos llegaron a su cuerpo. Mis dedos se posaron sobre su espalda. Noté un movimiento imperceptible, me estaba esperando. Deslicé la mano por su espalda, desde la nuca hasta la zona donde la espalda pierde su nombre. Repetí este movimiento un par de veces, soñando con lo que iba a pasar a continuación. Nada cambió. No reaccionó. Estaba inmóvil. Que he hecho. Repetí la acción otras tres veces, pero todo seguía sin tener respuesta. Mi mano se detuvo en la zona más baja de la espalda, y mis dedos se desplazaron hacia el lado, buscando su cintura. Llegué a ella, y el mundo seguía detenido. El tiempo no pasaba. Nada cambiaba. Retiré mi mano y volví a replegarme en mi cuerpo. Me di la vuelta y ahí estaba, la pared invisible seguía delante de mí. Pero ahora, veía la sombra de una fantasía, la sombra de un sueño. Pero la realidad volvió para atormentarme, para excitarme, para devorarme. Sus manos estaban de nuevo en mi espalda. Sentí ganas de llorar, de girarme y abrazarlo. Pero no pude. La pasión me había dejado inmóvil, a punto de estallar sin haber llorado con su pasión. Empezó a acariciarme la espalda, en todas las direcciones, sin orden alguno. Esto me hacía sentir escalofríos, escalofríos de placer por el suave tacto de su piel sobre mi camiseta, sobre mi cuerpo. Se acercó, notaba de nuevo su aliento en mi nuca, pero ahora me quemaba el calor. Estábamos casi juntos, a un par de centímetros el uno del otro. Sus brazos estaban ahora entre nosotros, tocando los dos cuerpos. Las palmas abiertas tocando mi cuerpo, por debajo de mi camiseta. Su tacto era dulcemente intenso. Tenía que quitármela y así lo hicimos. Me ayudó en cuanto notó que me movía. Me leía cada pensamiento, cada deseo. Ahora, sus manos eran libres para vagar por mi espalda, por mi cuerpo. Volví a notar algo apoyado en el slip, algo que palpitaba más rápido que la primera vez. Empezó a hacer movimientos con su pelvis, deslizándose por mis nalgas. Se detuvo. Notaba la punta de algo sobre mi cuerpo, haciendo fuerza para entrar. Sabía lo que era. Sus manos estaban más cerca, más próximas a mi slip. Esperaba algo. Deslicé mi mano hacia atrás, buscando algo que sabía, algo que deseaba. Noté un calor intenso sobre las yemas de mis dedos, era su miembro. Lo cogí con las manos, lo abracé con mis dedos. Palpitaba, estaba vivo, quería vivir. Disfrutar una vez más de los placeres de la vida. Deslicé mi mano hacia atrás, buscando el final, su principio. Todavía llevaba el boxer puesto. Moví lentamente mi mano sobre el objeto de mi fantasía, con suaves movimientos de precisión. El susurro volvió a hacerse escuchar, gritando en el silencio - No tenemos que hacer nada que no queramos. Podemos hacerlo todo sin hacer nada, No necesitamos pasar los límites de nuestra inocencia, los límites de nuestra virginidad - Y el susurro se volvió a desvanecer en el silencio. Yo seguía teniendo parte de su cuerpo en mi mano. Volvió a leerme el pensamiento, cogiendo mi mano y devolviéndola a mi pecho, rodeándome con su brazo. Sentía su piel contra mi piel, sentía como sus dedos se movían rítmicamente sobre mi pecho. Su otro yo se coló entre mis piernas, siempre por fuera del slip. Sentía como se movía entre mis piernas, rozando mi slip en las zonas más intimas, en la zona más caliente. Yo creía que iba a explotar. Me sentía totalmente extasiado. Estaba lleno de placer y tenía que soltarlo, dejarlo ir. Sus movimientos se hicieron más rápidos. Mi otro yo asomaba por encima de mi slip, no cabía dentro de ellos. Quería tomar aire del calor producido en el infierno de mis piernas, por el prisionero que intentaba escapar de entre ellas. Su aliento se volvió entrecortado, suspirando sin ser oído. Noté fuego en mis piernas. Su volcán había explotado, haciendo explotar mi pasión en el mismo instante. Me quedé inmóvil, suspirando. Le costaba respirar. Me costaba respirar. Estábamos ahogados de placer. Su tacto seguía siendo mío, seguía estando en mi cuerpo. Su brazo rodeándome, su mano tocándome. Nos quedamos abrazados, uniendo el calor de nuestros cuerpos. No recuerdo el tiempo que estuvimos así, pero al final la soledad del sueño llegó a mi consciente, arrastrándolo a su mundo.

Cuando desperté, estaba solo. Muy solo. Sentía su presencia en la habitación, en mi cuerpo, pero estaba solo. Estaba más solo que nunca. Jamás volvimos a dormir juntos, jamás volvimos a hablar de ello. Todo empezó y terminó en mi cumpleaños, como único testigo, la pared invisible. Es un recuerdo, y a veces lo confundo con una fantasía. Pero es un recuerdo. El recuerdo de mi despertar.



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(Este relato participó en el Primer Concurso de Relatos Eróticos Gay - Agosto/Septiembre de 2009)


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